¿Estamos dispuestos a afrontar la crisis financiera en toda su complejidad, no sólo como una situación de emergencia a la que daremos soluciones de corto plazo?, se pregunta el papa Benedicto XVI en su homilía de Año Nuevo.
La cuestión del pontífice está en la misma frecuencia de las reflexiones de premios Nobel de economía como Amartya Sen, Joseph Stiglitz y Paul Krugman. Las respuestas a la crisis no servirán si no se enmarcan en una visión más amplia. ¿Estamos listos para hacer una revisión del modelo de desarrollo dominante?, dijo Benedicto XVI ayer.
No soy católico practicante, pero pienso que es muy sano que el Papa se sume a la discusión sobre el futuro del capitalismo. La crisis que vivimos es mucho más que un problema financiero. Es el síntoma de un problema más serio, de naturaleza ética. Esto es evidente en casos como el de Madoff y en el otorgamiento de enormes bonos de los ejecutivos de financieras que quebraron, como Lehman Brothers.
Joseph Ratzinger no es un advenedizo en estos temas. Por eso no es una sorpresa su homilía de Año Nuevo. En 1985 publicó Economía de mercado y ética. Allí cuestionó la noción de que las leyes del mercado son esencialmente buenas. “La ausencia de un fundamento moral puede hacer que las leyes del mercado se colapsen”, escribió en ese ensayo.
En su viaje a Brasil, en mayo de 2007, el Papa criticó al capitalismo por sus fallas en la construcción de un puente entre ricos y pobres. Descartó al comunismo como una opción, pero enfatizó la crueldad del capitalismo que convierte al hombre en mercancía y lo degrada. Advirtió de los peligros de deshumanización que implica la riqueza.
Vamos a una nueva Edad Media, nos advierten algunos pensadores, entre ellos Umberto Eco. Entre los siglos XII y XIV la Iglesia católica tuvo mucho que decir de la economía. Los principales pensadores económicos estaban relacionados con el clero. No espero de Benedicto XVI la última palabra en la discusión sobre el futuro de la economía, pero dada su estatura intelectual es muy interesante lo que tiene que decir.
Revisar el modelo implica hacer preguntas que con frecuencia preferimos omitir: ¿por qué la clase media debe sacrificarse tanto en cada crisis? ¿Por qué consideramos normal que México tenga 30 millones de personas viviendo por debajo de la línea de pobreza?
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