Muchos nos preguntamos cuál es el desmedido afán de los políticos, de aspirantes presidenciales para abajo, de alcanzar el poder de Honduras, si de antemano saben que no van a poder cumplir sus promesas de campaña y mucho menos resolver nuestros ancestrales problemas.
La respuesta es fácil. Alcanzar el poder para gozar de sus mieles. Usar y abusar del poder casi usurpado, a veces en elecciones de dudosa claridad.
Cuando lo alcanzan, ellos, sus familiares, amigos y amigas, hacen micos y pericos con todo lo que el poder implica, desde el otorgamiento de favores; la consumación de maleficios, hasta el usufructo del presupuesto nacional manejado como hacienda propia. Nunca, en los largos años que tengo de ver los toros desde la barrera, había presenciado un abuso del poder como en estos tiempos del poder olanchano.
Ni en los mejores o peores tiempos de las dictaduras militares, el pueblo hondureño había sido víctima de tantas arbitrariedades, que van desde la confrontación cotidiana con todos los estratos sociales que nos recuerdan las peleas de gallos, hasta las burlas y ridiculizaciones públicas para todos los que pagamos los impuestos.
Hasta con canciones y coplas se burlan de nosotros.
A corto plazo, el futuro se vislumbra sombrío.
El ciudadano que reciba las llaves del reino el 27 de enero de 2010, recibirá también un país en calamidad económica.
El déficit fiscal acumulado al final de este año será tan grande, que obligará al que llegue a recetarnos nuevas cargas tributarias, conocidas popularmente como “paquetazos”.
Lo peor del caso es que por altos que sean los nuevos impuestos que se inventen los técnicos, siempre los números del gobierno estarán en rojo, debido a tanto derroche y repartición de pisto a la garduña hecho durante el cuatrienio que terminará el próximo mes de enero.
Los estatutos profesionales nos mantendrán a lavar y poner para sécula. El de los maestros debería llamarse mejor ESTATUTO INDECENTE. Ligados al salario mínimo de los trabajadores, los sueldos de los maestros de educación primaria, secundaria y universitaria se elevarán indefinidamente, y lo más triste del caso es que como clase privilegiada -prohibida por la ley- ninguno de los beneficiados paga impuestos.
Entre tanto, las huelgas seguirán. La voracidad de los mentores de mentiritas es insaciable. Entre más les pagan, más quieren. Como clase privilegiada, el sueldo de los maestros se incrementa cada cinco años en un quince por ciento, además de los aumentos colaterales por puesto desempeñado; antigüedad de servicio (incluyendo los meses que no trabajan por andar en huelga); grados académicos; méritos profesionales; zona de trabajo y otras yerbas.
El déficit comercial también se ha disparado debido al aumento de las importaciones, por la falta de una verdadera política comercial. Importamos automóviles -con o sin dispensa de impuestos- y consumimos combustibles a lo loco, como nuevos ricos.
Más temprano que tarde será necesario un timonazo brusco para cambiar el rumbo de la política monetaria, conducida hasta ahora casi como barco a la deriva.
El endeudamiento público suma y sigue. Los complacientes organismos internacionales de financiamiento siguen soltando pisto, aunque los presupuestos del gobierno y las instituciones públicas no se liquiden.
Según datos publicados, el gobierno está sobregirado en el gasto. La campeona del sobregiro y la más botarate es la Presidencia de la República. En 2008 le asignaron 313 millones, pero gastó 514, o sea un sesenta y cuatro por ciento más de la cuenta. También se saltaron las trancas del presupuesto el Congreso Nacional; Secretaría del Despacho Presidencial; Industria y Comercio y Dirección de Ciencia y Tecnología ¿Y estos últimos qué harán?
Se ha abusado del endeudamiento interno, o sea de la emisión de bonos del gobierno a través del Banco Central.
La cacalota de la ENEE, con los ajustes por combustibles y el aumento disfrazado de las tarifas, se está medio aplacando a base de emisión de bonos que algún día tendrán que pagarse.
Como si la calentura estuviera en la cobija y no en el calenturiento, todo se resuelve emitiendo bonos.
Don Mel nos dejará también un ejército de desocupados, como consecuencia del aumento desproporcionado del salario mínimo.
Nos deja una bomba de tiempo con la mecha encendida, que le tocará apagar o pagar a sólo Dios sabe cuántos gobiernos venideros.
Para cerrar con broche de oro, y como una reafirmación de su malquerencia a Tegucigalpa y a los capitalinos, el Presidente Zelaya quiere dejar habitada Ciudad Mateo, lo que significa, sin andar con pajas, dejarnos consumiendo agua contaminada con caca, porque las aguas negras de las 750 familias que según él habitarán las casas irán a parar libremente a la represa de Los Laureles, nuestra principal fuente de agua potable.