La oposición a Obama, desorientada, confía en un gran tropiezo del presidente.Coro desafinado: Entre las voces hay ex líderes como Cheney y figuras mediáticas radicales.Dualidad:Un reto es que conservadores económicos y sociales luchen unidos. El sídrome Carter:Algunos apuestan por un gran revés exterior como los sufridos en 1979.
La severa derrota del pasado noviembre los ha dejado sin liderazgo, confusos y sin una clara estrategia para recuperar el poder. La mejor esperanza de los republicanos estadounidenses para acortar su travesía del desierto es que Barack Obama sufra un gran tropiezo, sobre todo en el exterior, y que la economía no se recupere. El locutor Rush Limbaugh, máximo representante de la caverna mediática, lo dijo sin tapujos: "Quiero que Obama fracase".
El problema del Grand Old Party (GOP), la denominación tradicional republicana, es que forma un coro mal afinado en el que voces tan radicales como la de Limbaugh y otros agitadores del micrófono o de la pluma - Bill O´Reilly, Sean Hannity, Charles Krauthammer, etcétera-distorsionan el mensaje y lo secuestran. Eso es un síntoma de la debilidad de los líderes que ocupan puestos políticos. El derrotado John McCain nunca fue un hombre muy querido por las bases. Sus posibilidades de desempeñar un papel relevante en el futuro son casi nulas. Entre los demás líderes republicanos en el Congreso no se vislumbra a nadie con suficiente autoridad y brillantez de cara a las presidenciales del 2012. Algunos piensan en Eric Cantor, joven congresista de Virginia, número dos de su partido en la Cámara de Representantes y único republicano judío con escaño hoy en el Capitolio.
Ha sido muy revelador el protagonismo del ex vicepresidente Dick Cheney en los primeros meses de la presidencia Obama. Que alguien tan desgastado como Cheney haya asumido en solitario la defensa de los métodos antiterroristas de la anterior administración y que fuera él quien cargase contra la política internacional de Obama pone de relieve el grave problema republicano.
Es curioso también que otro personaje en alza sea el veterano Newt Gingrich, ex speaker de la Cámara de Representantes y látigo de Clinton en los noventa. Gingrich fue el orador estelar en un reciente gran acto de recaudación de fondos en Washington. Los organizadores ofrecieron esa función a Sarah Palin, la gobernadora de Alaska y ex candidata a la vicepresidencia, pero hubo malentendidos.
Palin sigue siendo un símbolo para las bases de la derecha religiosa. Otros gobernadores - Tim Pawlenty (Minnesota), Bobby Jindal (Luisiana) y Charles Christ (Florida)-podrían estar en la parrilla de salida del 2012. Mike Huckabee tampoco ha renunciado a repetir.
Limbaugh lo expresó con mucha crudeza cuando apostó por "el fracaso" de Obama. Pero otras cabezas pensantes conservadoras reconocen, en términos más educados, que los resultados de la presidencia Obama determinarán el futuro republicano.
En una entrevista para La Vanguardia,Henry Olsen, uno de los principales analistas del American Enterprise Institute - think tank que fue cantera de la administración Bush-,relativizó las actuales dificultades republicanas. "En 1977 los republicanos estaban igual que ahora, con baja popularidad e incluso menos peso en el Congreso, pero tres años después Ronald Reagan era presidente y hubo mayoría republicana en el Senado por primera vez en 28 años", declaró Olsen. Él no es el único que maneja el paralelismo con Jimmy Carter. Apuestan a que Obama sufrirá algún serio revés exterior, comparable a los que sufrió Carter en 1979 en Irán, Afganistán y Nicaragua. Pero Olsen pone énfasis en la estrategia conservadora: "Los republicanos necesitan tener una retórica y una filosofía que tenga en cuenta las preocupaciones tanto de los conservadores sociales (antiabortistas y contrarios a las bodas gais) como de los conservadores económicos. En lugar de enfrentarse unos a otros, deben encontrar lo que les une".
EL MÁS AMBICIOSO PLAN INTERNO DE OBAMA:El reto de la reforma sanitaria
Barack Obama está moviendo con rapidez todas las piezas - parlamentarias y de relaciones públicas-para intentar aprobar lo antes posible la reforma sanitaria, su proyecto interior más ambicioso. Bill Clinton y su esposa, Hillary, se estrellaron con este tema en los noventa. Obama quiere aprender de los errores y busca las máximas complicidades en el Congreso. A pesar de la urgencia que supone que casi 50 millones de personas carezcan de seguro médico, las resistencias del sector sanitario - e incluso en la psique norteamericana-son muy grandes a la idea de que el Estado asuma de alguna manera la tutela. En EE. UU. cuesta mucho imponer el principio de la solidaridad por encima de la libertad de elección individual. Muchos no aceptarán nunca que les indiquen a qué médico u hospital deben ir o que les pongan en colas de listas de espera. Obama sabe que, si espera demasiado, la reforma sanitaria será inviable porque en el 2010 habrá elecciones legislativas y el tema se politizará demasiado. En los segundos mandatos el presidente suele gozar de menos poder para imponer sus criterios.