Brasil y Estados Unidos sellarán una reaproximación con la visita del presidente Barack Obama este fin de semana, a pesar de sus discrepancias diplomáticas y de su competencia por liderazgo en América Latina, donde crece la influencia china.
Brasil quiere mejoras en el comercio bilateral y apoyo a su aspiración de ocupar un puesto permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU. Estados Unidos vuelve a una región a la que prestó poca atención en años recientes y en la que la influencia de China crece vertiginosamente. Sin embargo, de la visita se espera más simbolismo que acuerdos.
El ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva expresó días antes de dejar el poder su desánimo con la política de Obama. ``Me gustaría que la relación de Estados Unidos con América Latina fuese diferente; es necesario que Estados Unidos comprenda la importancia de América Latina'', dijo Lula, que achacó a los norteamericanos una ``posición de imperio con los países pobres''.
Obama llega a Brasil el sábado para reunirse con la heredera de Lula, la flamante presidenta Dilma Rousseff, quien muestra una posición más pragmática en política externa, con una agenda que apunta a priorizar a Suramérica y a los grandes socios comerciales, China y Estados Unidos, y que toma distancia de Irán.
``La visita de Obama consagra una reaproximación entre los dos países'', cuyas diferencias ``se habían ampliado en los dos últimos años'', por desacuerdos sobre la presencia militar de Estados Unidos en Colombia, la crisis en Honduras, y por la relación de Brasil con Irán, dijo Marcelo Coutinho, coordinador del Laboratorio de Estudios Latinoamericanos de la Universidad Federal de Rio.
``Estamos en un momento muy importante de nuestras relaciones, un dulce momento: tenemos un nuevo gobierno en Brasil, nuestro presidente está viniendo acá, hay muchas oportunidades y creemos que es el momento de aprovecharlas'', afirmó hace un mes en Brasil el secretario de Estado Adjunto para Economía norteamericano, José Fernández.
Pero las aspiraciones de uno y otro lado no son las mismas. ``Quisiéramos ver a Estados Unidos impulsando una profunda reforma del Consejo de Seguridad'' de la ONU, ha dicho el canciller brasileño, Antonio Patriota, ex embajador de Brasil en Washington.
El apoyo que Obama dio a India para integrar el Consejo de Seguridad como miembro permanente abrió expectativas en Brasil, pero Estados Unidos ha sido reacio hasta el momento a dar el mismo respaldo al gigante sudamericano.
Y sobre todo, Brasil quiere incrementar su comercio con Estados Unidos, con quien tuvo un saldo comercial desfavorable de $7,732 millones el año pasado, y que en los dos últimos años perdió su lugar de principal socio comercial en favor de China, que en el 2010 también se convirtió en el mayor inversionista en el gigante suramericano.
El vicepresidente de la Federación de Industrias de Sao Paulo (FIESP), Carlos Cavalcanti, pidió un impulso a ``la agenda comercial'' binacional, que ayudaría a la industria estadounidense y a la brasileña a enfrentar a la contraparte china.
China es un tema que pesa. Obama visitará Brasil, Chile y El Salvador, en un momento en que ``Estados Unidos ve una gradual pérdida de influencia en América Latina, sea por la ascensión brasileña, sea por China'', señala Coutinho.
Estados Unidos se interesa además por las multimillonarias inversiones para los Juegos Olímpicos 2016 y el Mundial de Fútbol 2014 en Brasil, y especialmente por una licitación de aviones caza, que disputan también empresas de Francia y Suecia.
De la reunión con Rousseff el sábado se verá, por ejemplo, hasta qué punto ambos coinciden en foros internacionales como el G20, donde se oponen a presiones europeas por un control de precios de materias primas alimentarias.
Será la primera vez que Obama visite Brasil desde que asumió en el 2009.
El presidente George W. Bush, que chocó con la oposición de Brasil para lanzar el Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA), visitó este país en dos oportunidades, en el 2005 y en el 2007.