Estados Unidos es como un iceberg donde lo más importante no es lo que se ve sino lo que se oculta. Y sin buscar excusas al país más libre del mundo estamos plagados de secretismos y contradicciones.
Actualmente, apenas podemos dormir pensando en la crisis del déficit, el desempleo y el derrumbe del mercado inmobiliario y hay algo más preocupante que todo lo anterior. Estamos sentados sobre un barril de pólvora debido al petróleo, una fuerte energética no renovable. Hay una caída de un 5% anual en su producción y un alza diaria del consumo. La economía mundial basa su crecimiento en una mayor producción industrial cuyo principal motor es el oro negro, ¿qué va a suceder cuando este combustible fósil se agote?
Hay diferentes avenidas para analizar el drama.
La primera es que nos enteremos que Estados Unidos es el principal consumidor de petróleo del mundo. Quemamos el 25% del consumo mundial. Y eso se debe a las exigencias de nuestra capacidad de producción industrial y al American way of life, el cual sigue las doctrinas que proclamó el filósofo Epicuro de Samos en el 341 A.C., de evitar el dolor y buscar el placer, por lo que nos negamos a renunciar a la calefacción y las mordidas del frío en invierno y al aire acondicionado en verano. Amamos los Hummers, porque pensamos que son del tamaño de nuestro status, y en realidad son la centésima parte de nuestra vanidad y de nuestro narcisismo. Y mientras que China exporta a Estados Unidos tres veces más de lo que exportamos a ese país, y nuestra deuda externa con ellos se remonta a los trescientos billones de dólares, una cantidad enorme de sus 1,300 millones de habitantes se trasladan en bicicleta de la casa al trabajo, mientras que aquí hay 450 vehículos por cada mil habitantes.
El segundo enfoque es que somos más fatales que la hormiga que se enamoró de un burro. Llegaron los sarracenos y nos molieron a palos/ que Dios protege a los malos/ cuando son más que los buenos. El Boletín Estadístico de los Países Exportadores de Petróleo (OPEP) ha anunciado que Venezuela es el país con mayores reservas petroleras del mundo, el segundo Arabia Saudita, el tercero Irán y el cuarto Irak. Los tres primeros enemigos jurados de Washington.
Y a veces no entendemos nuestra política internacional. Osama Bin Laden era saudí. De los atacantes de las Torres Gemelas dos eran de los Emiratos Arabes Unidos y quince de Arabia Saudita. Una monarquía absoluta y feudal, la dinastía Al Saud, que desgobierna allá, y que tiene como ideología el salafismo, que promueve la construcción de madrazas, nidos de odio contra este país. Sin embargo, ellos obtienen el total apoyo de Washington, tanto de republicanos como de demócratas. ¿Por qué? Por el petróleo. Irak está en los mismos infiernos y fuimos allá a la guerra con el pueril argumento de “tratar de derrocar un dictador”, cuando tenemos a Fidel Castro a 90 millas de Cayo Hueso hace medio siglo. Esta guerra de Irak ha provocado 4,000 norteamericanos muertos, 30,000 heridos y tres mil millones de dólares en pérdidas. Bill Clinton dejó un superávit de $559,000 millones, y la guerra de Irak, los errores de George Bush y la inexperiencia y falta de decisión de Barack Obama, han llevado hoy el déficit a $14,224 billones. La guerra de Irak ha sido pieza clave en esta hecatombe económica, ¿y por qué la iniciamos y seguimos justificando su necesidad? Más claro que el agua: Irak produce el 10% del petróleo mundial.
¿Existen soluciones a la crisis que se avecina? Por supuesto, salir a la búsqueda desesperada de energías renovables que sustituyan al petróleo. Y las petroleras no van a hacerlo, por dos razones: nadie compra soga para su propio pescuezo, y Rex Tillerson, CEO de la Exxon Mobile, que obtuvo un 22% de retorno del capital en el 2010, ha advertido que colocar ganancias en otra cosa que no sea petróleo se convierte en riesgos con poco retorno. Y aunque esto es más complejo de lo que parece a simple vista, justo es reconocer que con estos parámetros egoístas se crean la riqueza de las naciones. Lo que no quita que ese capitalismo que colocan los intereses de la Exxon por encima de del pueblo norteamericano no es ético. Aunque nosotros calladitos la boca, porque nadie puede juzgar a quien con el dinero que le sobra en su bolsillo compra un Lamborghini o lo dona a un asilo de ancianos.
Hay algo esperanzador, no todo el gran capital norteamericano tiene el corazón duro como el jiquí. Un grupo de mega millonarios encabezados por Warren Buffet, Bill Gates y Michael Bloomberg han anunciado que donarán la mitad de sus fortunas a obras filantrópicas.
Aunque eso no basta, la actual discusión sobre el déficit se concentra entre quienes abogan porque no haya recortes al Seguro Social y republicanos que se niegan subirle los impuestos a las grandes empresas. Que esos grupos petroleros reinviertan solo un 2% de sus ganancias no lo dice el librito del sensato capitalista pero están en su derecho. Incluso que le pongan la proa a las energías renovables, es una de sus libertades de opción. Pero que compañías que han ganado miles de millones de dólares aspiren a recibir incluso exención en sus impuestos, se convierte en un capitalismo sumamente feo.
Una vez que demócratas y republicanos resuelvan el problema del déficit el día 2 de agosto, deben dedicarse a encontrarle una solución al problema del petróleo. Sin violar los derechos del capital pero sin dejarse intimidar por los fuertes intereses de esa industria. Con energía. Con fuerza moral. Con convicción. Porque si no alguien escribirá un libro dentro de 15 años, y ojalá no sea Gabriel García Márquez, titulado Crónica anunciada de la destrucción de un Imperio... que creyó en la justicia, la libertad y la democracia.