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24/07/2011 | Los tres días en que Génova fue una ciudad sin ley

Natxo Marcet Señor

Casi diez años antes del movimiento 15-M o la llamada primavera árabe, el mundo asistió asombrado a lo que ocurría en la cumbre del G8 en la ciudad italiana de Génova, que duró del 20 al 22 de julio de 2001.

 

Durante esa reunión, cientos de personas se concentraron en la ciudad italiana dentro de distintos movimientos antiglobalización. El objetivo era montar una contracumbre, pero la protesta se les fue de las manos y Génova acabó siendo un campo de batalla.

Los antecedentes

Desde la Organización Mundial del Comercio (OMC) de 1999 en Seattle, los grupos antiglobalización y antisistema organizan manifestaciones en las sedes de los encuentros de organizaciones que consideran ilegítimos.

La designación de Génova como lugar de reunión del G8 provocó la polémica desde el principio. Muchos consideraron que la ciudad italiana no era un sitio adecuado para organizar un buen dispositivo de seguridad. El tiempo les dio la razón.

Días antes de que comenzara la cumbre del G8, la tensión ya era patente. Los avisos de bomba, generalmente falsos, fueron continuos y distintas explosiones hirieron a una civil y a un policía.

Para coordinar a las 700 agrupaciones dispuestas a manifestarse, se creó el Foro Social de Génova (FSG), que reclamó al gobierno italiano que se cancelara la cumbre.

Líneas de defensa

Las autoridades genovesas decidieron prepararse para lo peor. Declararon un área de excepción en la ciudad, la zona roja, que rodeaba el lugar exacto donde se iba a desarrollar la cumbre, que convirtieron en una fortaleza. El acceso estaba terminantemente prohibido excepto para los residentes, que debían someterse a los controles de seguridad.

Alrededor de esta área, se trazó la zona amarilla, de acceso limitado y con una fuerte presencia de las fuerzas del orden. Aunque el resto de Génova era de libre circulación, la estación de tren se cerró, así como el puerto y el aeropuerto, donde instalaron baterías de misiles tierra-aire. Por si fuera poco, se instalaron controles en todas las vías de acceso a la ciudad.

La presencia de los cuerpos policiales se reforzó y 2.700 policías y militares acabaron patrullando la localidad.

El 'bloqueo negro'

De inmediato se hizo evidente que muchos antiglobalización no tenían ninguna intención de optar por la vía de la protesta pacífica, como demostró la táctica de 'bloqueo negro' que utilizaron muchos antisistema.

A primera hora de la mañana del día 20 de julio, un grupo asaltó y una gasolinera para abastecerse de suficiente gasolina para preparar cócteles molotov. Una vez pertrechados con todo lo necesario, se sumaron a las manifestaciones y comenzaron a lanzar los cócteles, piedras y palos. La policía no tardó en responder con gases lacrimógenos y disparos.

Cuando los antisistema más violentos ya habían provocado suficiente, se dirigieron al penal de Marassi, que estaba siendo guardada por seis furgones y dos todoterrenos de la policía. Los agentes, impotentes, lanzaron gases lacrimógenos y huyeron. Sin embargo, la puerta resistió los embates de los antisistemas y, aunque muy afectada, se mantuvo cerrada.

Durante el curso de la manifestación autorizada de via Tolemaide, en la que aún ni se habían producido altercados, un grupo de policías cortaron el avance de los manifestantes mientras intentaban llegar a uno de los puntos calientes. Lo que debería haber sido una interrupción sin importancia, se convirtió también en un duro enfrentamiento cuando los agentes recibieron varias pedradas y respondieron con gas lacrimógeno.

La muerte de Carlo Guiliani

Cuando los 'carabinieri' hicieron su aparición en la plaza Alimonda, este enclave se convirtió en otro punto caliente. Los agentes, superados por las circunstancias, decidieron retirarse, cuando uno de sus vehículos se apagó sin previo aviso, a merced de una turba enfurecida. Alrededor de 15 personas comenzaron a ensañarse con el coche. Uno de ellos, Carlo Guiliani se dirigía al Land Rover dispuesto a lanzar un extintor contra el parabrisas cuando recibió un disparo.

Aún no había muerto cuando el coche logró arrancar y, en su huida, arrolló dos veces a Guiliani, que -finalmente- falleció.

'Assasini'

A la vista de los hechos del día 20, las autoridades pidieron al FSG que desconvocara la contracumbre. Sin embargo, el Foro Social se negó y convocó una manifestación pacífica a la que acudieron unas 300.000 personas, la mayoría con brazaletes negros en recuerdo de Carlo Guiliani, que gritaban a pleno pulmón "assasini" (asesinos).

La policía, en esta ocasión, mantuvo sus efectivos inactivos durante toda la mañana, a pesar de las numerosas llamadas al número de emergencias y de los actos de vandalismo de los que fueron testigos. Por la tarde, bien organizados, comienzan a actuar y la ciudad se convirtió en el gran escenario de continuas persecuciones.

La escuela Díaz

El FSG había hecho de la escuela Díaz su centro de operaciones durante la contracumbre. Al caer la noche, una patrulla policial denuncia haber sido agredida en las inmediaciones y alerta de que unos 100 manifestantes se encuentran en el lugar.

Los agentes respondieron con contundencia y entraron por la fuerza tanto en la escuela Díaz como en la escuela Pascoli, donde se estaban alojados varios periodistas. Todos los que en ese momento se encontraban en ambos puntos, fueron detenidos y, todo aquél que parecía resistirse, recibió una paliza.

La lenta acción de la Justicia

Siete años después de los violentos enfrentamientos de Génova, la Justicia italiana decidió condenar a 15 policías a los que acusó de torturar y ultrajar a manifestantes, además de abusar de su autoridad. Las penas varían en cada caso, de 5 mese a 5 años. Otros 30 agentes que se sentaron en el banquillo fueron absueltos.

Diez años después, la globalización no ha dejado de crecer. La crisis económica ha golpeado con especial fuerza en países mediterráneos como Italia, Grecia y España. Y el gobierno de Roma vive los peores escándalos de corrupción de los últimos años.

El Mundo (España)

 


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