La guerra entre narcos dejó devastación económica, política, social y de seguridad; la vida cotidiana es afectada por los cárteles.
Tamaulipas
enfrenta una de las peores crisis sociales de su historia no sólo por la
devastación económica, política y de seguridad que ha dejado en el estado la
lucha entre el cártel del Golfo y Los Zetas, sino por el miedo y el odio que la
pugna entre las organizaciones criminales ha sembrado a su paso entre las
familias.
Los
desaparecidos y los muertos se cuentan por miles, de manera informal algunas
familias han tratado de llevar un conteo, y aunque saben que las cifras pueden
ser inexactas porque no todos pueden reportar la desaparición o la muerte de
algún pariente, tan sólo entre Reynosa, San Fernando y Ciudad Mier decretan
como desaparecidas a tres mil 300 personas.
La
información revela que el cártel del Golfo predomina sobre Tampico, Ciudad
Victoria, Matamoros y Reynosa, mientras que Los Zetas mantienen su bastión en
Nuevo Laredo. La llamada frontera chica (la zona más cercana con Estados
Unidos) es la línea que mide las fuerzas de estas dos organizaciones.
El
debilitamiento del cártel del Golfo y de Los Zetas es evidente en la zona, los
enfrentamientos entre ellos cada vez son más esporádicos, aunque se han
agudizado los secuestros, asesinatos y desapariciones. La delincuencia mantiene
una red de informantes que de manera constante dan detalle de cada paso de los
“fuereños”, de la actividad del Ejército
y de oponentes.
En esa
entidad, en zonas focalizadas como la llamada frontera chica (de Matamoros a
Nuevo Laredo) y de Reynosa hasta Tampico, el Ejército comienza a recuperar la
seguridad para traer consigo la paz social. Sin
embargo, los miles de habitantes que han sido desplazados, atacados,
torturados y amenazados luchan entre el asedio permanente de las organizaciones
criminales que los acosan para que rechacen la ayuda militar.
Las
familias de Ciudad Mier, San Fernando y Reynosa viven a diario la presencia
criminal.
En
localidades donde la ausencia de la autoridad y su complicidad con los
criminales provocó un vacío de poder, el Ejército trata de recuperar los
espacios aún y cuando los criminales serpentean en la oscuridad y en el
silencio para asesinar y efectuar secuestros.
Lo más
difícil es que la recomposición social por el odio entre familias, el bienestar
laboral, académico, empresarial, económico y de seguridad está más allá del
urgente perdón entre quienes perteneciendo a Los Zetas y del Golfo se mataron
entre ellos, se torturaron, e infligieron dolor y muerte.
En lo
que va del año, el Ejército a través de la estrategia de alto impacto de la
Operación Noreste ha logrado decomisar mil 459 armas largas, 330 cortas, 89
granadas de fragmentación, 32 toneladas de mariguana y más de 100 mil dólares.
Los
elementos que participan en este operativo han logrado rescatar a 102 personas
que fueron privadas de su libertad por el crimen organizado.
El
Ejército presta de manera permanente y sin vacilaciones toda su fuerza y
operatividad para detener la acción delincuencial en un terreno fronterizo
donde por décadas las familias convivieron, autorizaron e incluso participaron
de una derrama económica que dejó el tráfico de drogas y contrabando de los
años 30 cuando Juan Nepomuceno Guerra fundó el cártel del Golfo.
La
tranquilidad llega a cuentagotas
En la
calles el temor sigue presente. Sus habitantes aún recuerdan los días de
terror.
La
llegada del Ejército han devuelto la tranquilidad a cuentagotas.
El
municipio —al sur de la frontera entre Tamaulipas y Estados Unidos— es el punto
neurálgico de las actividades primarias de la entidad y de las criminales, al
colindar con Río Bravo, Matamoros, Abasolo, Soto la Marina, y con Méndez y
Burgos.
Hasta
hace tres años el promedio de habitantes era de 57 mil personas; sin embargo,
los constantes enfrentamientos entre los cárteles de la droga han dejado una
cifra flotante del alrededor de entre 35 y 45 mil.
Los
datos no son nada positivas, estiman que sólo entre 60 y 70 por ciento de la
población en edad escolar acude a un plantel.
El
municipio para Los Zetas y el cártel del Golfo representa el punto de conexión
para el paso de mercancías ilícitas, droga, indocumentados y el observatorio
permanente de las actividades que realizan tanto los delincuentes como las
autoridades.
El Ejército
considera que desde este punto las organizaciones delincuenciales pueden
establecer sus sistemas de operación a partir del movimiento que realizan las
autoridades o los grupos criminales.
Por
ello, se efectuaban plagios de personas que viajaban por esa zona en camiones
de pasajeros o autos particulares.
Los
pobladores no olvidan que integrantes de grupos delincuenciales llegaban
alrededor de las 19:00 o 20:00 horas a la población y de manera permanente se
llevaban a habitantes de la zona por estar identificados con alguno de los
grupos criminales. Los gritos de terror se hacían escuchar en varias cuadras de
donde ocurrían los hechos y el terror de ser confundido y amenazado o torturado
enfrente de sus seres queridos aún prevalece.
El
Ejército hace esfuerzos por devolver la paz a una comunidad severamente
afectada por los cárteles del narcotráfico.
Los
elementos militares no sólo patrullan y vigilan cualquier movimiento de los
delincuentes sino que también realizan trabajo comunitario.
Los
soldados cuidan, actúan, reparan, ayudan y tratan de darle certeza de seguridad
a la población.
El
comandante del 106 Batallón de Infantería, general Arturo Medina Mayoral,
afirmó que “la presencia de la tropa les está dando certidumbre a la gente que
ha recibido al Ejército de muy buen agrado, es una labor a la que nosotros le
denominamos labor social de alto impacto, traemos especialistas en pediatría,
ginecología, ortopedia, varias especialidades, para atender a la población que
tiene menos recursos.
El
militar reconoce que no es fácil realizar un trabajo de recuperación de la
seguridad donde el crimen organizado se había asentado por los espacios de
impunidad, sin embargo, dijo que se está avanzando.
Uno de
los mayores logros desde la llegada del batallón es que la circulación
vehicular por las carreteras y vías principales de la localidad se está
normalizando, por lo que vehículos de carga, de pasajeros, de personas
comienzan a utilizar nuevamente las vías.