Los policías amotinados en Bolivia, que han cercado la plaza de la Presidencia para exigir mejores salarios, y la marcha de indígenas que defienden el parque Tipnis y entrará mañana a La Paz, han acorralado al presidente Evo Morales, que insiste en que es víctima de un complot golpista.
Pese a
la gravedad de la denuncia sobre el presunto golpe, los ministros han vuelto a
sentarse hoy en una mesa de diálogo con los agentes rebeldes para negociar
sobre sus demandas salariales, bajo la presión del motín que cumplió hoy seis
días.
Los policías
ocupan y bloquean las cuatro calles de la Plaza Murillo, donde están los
Palacios de Gobierno y del Parlamento, marchan a diario con sus esposas
alrededor de la misma, hacen disparos al aire e insultan a Morales, pero han
respetado el Palacio, custodiado internamente por una compañía del Ejército.
"La
Plaza Murillo, centro neurálgico, centro importante del poder en Bolivia, se
encuentra sitiada. El Palacio de Gobierno está sitiado, no se puede ingresar
por las puertas principales", se quejó hoy la ministra de Comunicación,
Amanda Dávila, en declaraciones a medios estatales.
Agregó
que el sitio a la plaza impide también las labores de la Cancillería, situada
al lado de un cuartel ocupado por amotinados desde el jueves, y las del mismo
Parlamento, lo cual muestra, en su criterio, el supuesto plan para
desestabilizar al Ejecutivo.
La
funcionaria agregó que las reformas en la Policía deben ser abordadas de forma
pacífica, "no cuando el Gobierno se siente acorralado, se siente sitiado,
se siente chantajeado por el poder de las armas, porque este no es un
movimiento cualquiera, es un movimiento que tiene el poder de las armas".
También
señaló como indicios del complot dos explosiones que causaron daños en una
oficina del Congreso y en una radio de movimientos afines al mandatario.
Desde el
lunes, partidarios de Morales han intentado llegar al Palacio de Gobierno, pero
han sido agredidos violentamente por los policías sublevados.
No
obstante, los sectores oficialistas realizan mítines en algunas ciudades y
anuncian que mañana harán una marcha de apoyo desde El Alto a La Paz para
defender al presidente.
Los
amotinados niegan que conspiran contra Morales y afirman que "la protesta
es por hambre, no por la política", según dijo hoy la dirigente de la
asociación de esposas de policías, Guadalupe Cárdenas, una de las cabezas de la
movilización
Los
agentes han insistido en que piden que la escala salarial de la Policía
Nacional se nivele con la de las Fuerzas Armadas, porque a rangos iguales los militares
ganan el doble que ellos, pero el Gobierno hasta ahora solo ha ofrecido ajustes
mínimos.
Los
agentes rasos ganan ahora solo 178 dólares al mes.
El
salario mínimo de Bolivia, uno de los países más pobres de América, es de 144
dólares mensuales y el sueldo medio apenas pasa de 546, según cifras de 2011.
También
demandan los sublevados una jubilación con el 100 por ciento del salario, la
abrogación de la Ley de Régimen Disciplinario, que según ellos los deja
indefensos, y la creación de una defensoría policial.
El
Gobierno también acusa de golpistas a los indígenas que marcharon de la
Amazonía a La Paz, por segunda vez en un año, contra una carretera que impulsa
Morales y está proyectada para partir por la mitad la reserva natural del Tipnis,
en el centro de Bolivia.
El
presidente de la Confederación de los Pueblos Indígenas de Bolivia (Cidob),
Adolfo Chávez, dijo hoy a Efe que las etnias son respetuosas del Estado de
derecho, la democracia y el orden constitucional, y opinó que Morales está
asustado, pero por culpa de sus colaboradores, que le insisten hablar del
supuesto golpe.
Los
indígenas, hoy acampados a 12 kilómetros de La Paz, recorrieron durante dos
meses alrededor de 600 kilómetros y tienen previsto llegar mañana en la Plaza
Murillo, tras aplazar hoy el ingreso para que su movilización no se vincule al
motín policial.
Cuando
terminó su primera marcha, en noviembre de 2011, La Paz recibió como héroes a
los amazónicos y ahora varias organizaciones cívicas, sindicales y sociales se
aprestan a hacer lo mismo.
El
senador opositor Marcelo Antezana, exjefe del Ejército, dijo que ve un proceso
de "autogolpe" en el Gobierno para "victimizarse", porque
no puede resolver los problemas sociales.