Un año después del nacimiento de la República de Sudán del Sur, el país más joven del mundo sigue luchando para mantenerse a flote con un Gobierno incapaz de ofrecer los servicios básicos a los ciudadanos, que recurren a las ONG para cubrir sus necesidades.
El panorama actual es desalentador a causa de la suspensión de la producción de petróleo, de la llegada de un gran número de sursudaneses procedentes del vecino Sudán, del alto nivel de analfabetismo y de unos servicios sanitarios ineficaces.
Cientos de miles de sursudaneses regresaron a su tierra tras independizarse de Sudán, el 9 de julio de 2011, con la ayuda de la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR), que contribuyó al traslado de más de un millón de personas. Sin embargo, ACNUR teme ahora no poder responder a sus necesidades en los próximos meses.
"La gente está volviendo y necesitan tierra, empleo y servicios básicos", dijo una portavoz de la agencia en Sudán del Sur, Teresa Ongaro, que destacó que los que han regresado "están empezando una nueva vida en una país extremadamente subdesarrollado".
Ongaro destacó que sólo se proporciona acomodamiento permanente a las personas que se encuentran en una situación más vulnerable, aunque recordó que una casa no es suficiente sin comida, agua, servicios sanitarios y escuelas para los niños.
Servicios sanitarios y alimentos insuficientes
Otro de los grandes problemas es la sanidad: Tan solo hay tres grandes hospitales y la proporción es de un médico por quinientos pacientes, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), lo que sitúa a Sudán del Sur entre los peores puestos en ese campo. Un ejemplo de ello es el índice de mortalidad materna, de 2.000 muertes por cada 10.000 partos.
La organización Cordaid (Caritas Holanda) lleva más de dos décadas colaborando con el Ministerio de Sanidad, prestando asistencia al hospital de Yambio, en el estado de Ecuatoria Occidental, y a otros 15 centros más en todo el país.
La directora de la asociación, Akinyi Walenda, afirmó que durante todos estos años apenas ha visto mejoras en la sanidad, y señaló que el incipiente sistema de salud es muy joven y que todavía hay muchas personas que no tienen acceso a él. "El presupuesto que ha sido destinado por el Gobierno a la sanidad no es muy grande, por lo que las ONG han asumido su papel", subrayó Walenda.
Las agencias de la ONU advierten de que si la escasez de alimentos persiste tendrán que ser los trabajadores humanitarios quienes proporcionen comida a la población.
"Los últimos cálculos sitúan en 4,7 millones los hogares que viven inseguridad alimentaria en el país, de los que un millón sufren una situación grave y en 3,7 millones es moderada", apuntó el jefe de la misión en Sudán del Sur de la Organización de la ONU para la Agricultura y la Alimentación (FAO), Peterschmitt Etienne.
El Programa Mundial de Alimentos (PMA) tiene como objetivo este año asistir a 2,1 millones de personas con 150.000 toneladas de comida, dentro de su operación de emergencia para Sudán del Sur.
Sin embargo, para poder alcanzar esta meta la agencia está buscando donantes parar cubrir el déficit que sufre de 160 millones de dólares.
Petróleo, carestía y corrupción
Una encuesta reciente de la Oficina Nacional de Estadísticas sursudanesa apunta que casi la mitad de la población está por debajo de la línea de pobreza, lo que se ha agudizado por el fuerte aumento de los precios.
A ello hay que sumar la paralización de la producción de petróleo, anunciada en enero pasado por el régimen de Juba, en respuesta por la supuesta confiscación de su crudo mientras pasaba por los oleoductos de Sudán. Esa medida ha conducido a un 40% de la pérdida del valor de la libra sursudanesa, lo que ha desencadenado la carestía en un país que depende de manera significativamente de las importaciones.
Como no es probable que la producción petrolera vaya a reanudarse pronto por las diferencias con Jartum, Juba ha anunciado que buscará otras fuentes de ingresos como pedir préstamos en el mercado doméstico a bancos comerciales para financiar los gastos públicos y a bancos internacionales para costear los grandes proyectos de infraestructura.
Sin embargo, muchos critican al Ejecutivo de Juba porque consideran que cuando la producción petrolera funcionaba, este apenas invirtió en el país, donde hay una corrupción rampante.
El presidente sursudanés, Salva Kiir, reveló recientemente que dispone de una lista de 75 funcionarios acusados de robar fondos por un valor de 4.000 millones de dólares destinados a la construcción de clínicas, escuelas y carreteras.