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12/07/2012 | Mercosur Blues

América Economía Staff

El singular enroque político que dejó al Paraguay fuera del Mercosur y a Venezuela dentro, le ha dado al acuerdo comercial sudamericano nueva notoriedad, pero se trata de un protagonismo efímero y, peor que eso, equivocado.

 

La decisión de Argentina, Brasil y Uruguay de marginar a Paraguay del Mercosur hasta las elecciones presidenciales de abril de 2013 es un castigo político al nuevo gobierno por la sumaria destitución del impopular presidente Fernando Lugo a fines de junio pasado. Con todo lo frívola y hasta arbitraria que fue la defenestración, no viola los acuerdos del Mercosur.

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Y la decisión de Cristina Fernández, Dilma Rousseff y José Mujica de aceptar de un plumazo el ingreso de Venezuela es una acción tan sumaria, frívola y arbitraria como la destitución de Lugo. Venezuela no estaba en el Mercosur porque el Parlamento paraguayo aún no había dado ratificación a su ingreso, pero como Argentina, Brasil y Uruguay acababan de echar a Paraguay, ya no necesitaban su ratificación.

Si es difícil hallar lógica comercial o económica en esta combinación de fintas políticas es porque no la hay. Cierto, Venezuela aporta capacidad petrolera al Mercosur, que ya es el mayor productor de alimentos agrícolas del mundo. Pero por el lado comercial su ingreso tendrá escollos ya que deberá aplicar el arancel externo común, y eso le significará aumentar el impuesto a una multitud de productos que importa de Colombia, su socio geográfico natural.

Pero qué importa, si las decisiones al interior del Mercosur hace tiempo que dejaron de tener como objetivo el beneficio económico común. Hace mucho tiempo que el Mercosur está dañado por una multitud de excepciones como espacio de integración comercial, y la situación ha empeorado en los últimos años por las medidas proteccionistas que Argentina ha estado tomando para restringir unilateralmente su comercio.

Cuando nació el Mercosur, hace casi exactamente 21 años, los gobiernos de Brasil y Argentina tenían la firme convicción de que la reducción arancelaria entre los países miembros traería creciente actividad comercial y ampliaría el mercado de las empresas nacionales de cada país, ofreciéndoles un mercado consumidor de más de 200 millones de personas. Los resultados de abrir las fronteras serían tan buenos que los demás países de América del Sur querrían pronto convertirse en socios y hasta sería posible -soñar no cuesta nada- que pronto vendría la integración monetaria y América del Sur sería casi tan poderosa como la Unión Europea.

El proyecto sonaba bien, aunque desde el comienzo hubo tropiezos. Chile fue invitado a la fiesta pero declinó la invitación porque hacerlo le significaba aumentar sus aranceles en vez de reducirlos. El largo y delgado país del Pacífico Sur había optado por el audaz y criticado camino de abrir unilateralmente sus fronteras a las importaciones.

Con todo, el arancel externo común se comenzó a aplicar en 1995 y el arancel cero dentro del Pacto llegó en 1999, aunque con importantes excepciones como los automóviles y el azúcar. El comercio entre los países miembros llegaba a US$5.000 millones en 1991, el 2,2% del comercio mundial, y siete años más tarde se había cuadruplicado a US$21.000 millones y 3,3% del comercio mundial.

Pero hasta ahí llegó la bonanza. A fines de la década, el comercio entre los países miembros había vuelto a bajar, llegando a US$15.000 millones o 2,8% del total mundial.

En los años 2000, el comercio intrarregional bajó y subió según el vaivén de los ciclos económicos y las súbitas devaluaciones en uno u otro de los socios.

No ayudó el default de Argentina de 2001, que le cerró las puertas de financiamiento en los mercados internacionales de crédito. A contar de entonces, la principal fuente de divisas del país ha sido su superávit comercial y se fue cerrando sostenidamente al ingreso de productos importados para asegurarse al menos los dólares por exportaciones.

El principal afectado fue Brasil. El socio y vecino de Argentina reaccionó trabando algunos productos agrícolas e industriales argentinos.

Hoy, el principal punto de conflicto es el comercio de automóviles y autopartes entre ambos países porque las industrias automotrices de ambos retroceden: en 2011, el déficit comercial del sector llegó a más de US$10.000 millones en Brasil y a más de US$2.000 millones en Argentina. Pero las trabas brasileñas en el sector agrícola han causado también airadas reacciones en Argentina, como el ventilado caso de la restricción a las aceitunas, que ha obligado a una empresa, Aceitunas Nucete, a despedir temporalmente a 500 trabajadores.

En los primeros seis meses de 2012, tras asumir Argentina la presidencia rotatoria del Mercosur, ese país erigió nuevas barreras no arancelarias para sus socios, como la exigencia de una declaración jurada de importaciones que retrasa el ingreso de bienes importados, a fin de “proteger el empleo y la producción” de Argentina, según palabras de la propia Cristina Fernández.

La cumbre del Mercosur en Mendoza, Argentina, realizada a fines de junio, inmediatamente después de la suspensión de Paraguay y la sumaria incorporación de Venezuela, no trajo buenas noticias para el bloque. Tras una reunión bilateral, las ministras de Comercio Exterior de Argentina y Brasil anunciaron que buscarían levantar las barreras comerciales bilaterales en algunos productos. Pero ese acuerdo de palabra no tiene un cronograma definido, no incluye una lista de productos y no se incorporó en la declaración oficial de la reunión.

Al mismo tiempo, la cumbre sí decidió oficialmente que los países del Mercosur aumentarán a 35% el arancel externo común para 200 productos que se importan principalmente de Asia, Europa y Estados Unidos. El 35% de arancel es el más alto que permite la OMC y Argentina quería que se aplicase no a 200 sino a 400 productos.

Si el Mercosur quiere ser tomado en serio, debe tomar en serio el arancel cero entre sus miembros y tener un arancel externo común no superior al 10 por ciento. Y asegurar una coordinación macroeconómica y monetaria que impida que Argentina o Brasil den las sorpresas que han dado en uno u otro momento desde que se firmó el pacto en 1991.

Hoy, cuando el Mercosur muestra irrelevancia en el ámbito el comercial y económico, sus socios lo usan para aplicar sanciones políticas.

Es un error lamentable. El Mercosur ha cumplido la mayoría de edad, pero es un cumpleaños con olor a entierro...

América Economía (Chile)

 


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