Durante la época democrática fue impensable que algún presidente se negara a reconocer a su legítimo sucesor, ahora es una variable a tomar en serio. No obstante, es poco probable que ello suceda. Ya el resultado del referéndum constitucional dejó en evidencia el poder de la sociedad civil para defender su victoria y el apego de la casta militar a la Constitución. En esos momentos todos los demócratas pasamos un susto, pero sólo sufrieron los nudillos del caudillo cuando se estrellaron contra la pared.
La segunda opción que tiene es la de reconocer el triunfo y entregar luego de despotricar, insultar y hacer todas las groserías que todos conocemos de sobra. En este caso, es muy probable que se aplique la política de tierra arrasada que se puso en práctica cuando se entregaron la Gobernación de Miranda y la Alcaldía Mayor. El saqueo y el vandalismo a las instalaciones del Estado serán una práctica extendida. Habrá grupos de facinerosos que generarán violencia y terror en la población civil por un tiempo breve, pues al propio presidente le interesará desmarcarse en ese momento de esos extremos, aunque luego los apoye. Sin embargo, luego de unos meses de turbulencia se hará la transmisión de mando. Allí no terminarán los problemas.
Hay mucho dinero para subsidiar grupos armados y exmilicianos que quedarán desempleados pero con el fusil al hombro. A pesar de que habrá saltos de talanquera en masa, pequeños grupos insistirán en generar anarquía. Más allá de las medidas de orden público que serán necesarias tomar y de la necesaria revitalización de la Fuerza Armada para poder combatir a la narcoguerrilla colombiana, la estrategia fundamental a seguir es la inclusión. Este proceso no puede ser unidireccional, de lo institucional a la sociedad. Para ser exitoso debe nacer desde la comunidad. El caso de Irlanda del Norte lo confirma. Luego de firmado los acuerdos de paz de Ulster hubo serios problemas para su implementación y cumplimiento. El modo más efectivo que hasta ahora se ha logrado para implementar los acuerdos ha sido la educación y sensibilización de las comunidades. Lo mismo se comprueba de la experiencia de los contratos sociales implementados en Chacao en los que la comunidad se dicta reglas adaptadas a sus necesidades que son respetadas por todos. La verdadera victoria será que esa casi mitad de la población que cree que el totalitarismo populista ofrecido por Chávez es una opción mute a formas de participación democrática de cualquier color y asuma la protección de las libertades como una tarea propia.
@carrillomarcos