Si algo quedó en claro con el relato de la presidenta en el aniversario 158º de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, a despecho de la anatema dual del titular de esa entidad contra el "caos del libertinaje" y la "asfixia de los controles", es que el modelo K proseguirá adelante con intervención estatal. Esto es, con la receta que viene aplicando desde hace más de 9 años y que el viernes le permitió cumplir con el pago en dólares del Boden 2012, el bono del vituperado "corralito", en paralelo con el anuncio de una actualización del 11,42% para los jubilados, como forma de demostrar que "en un mundo que se está derrumbando" en la Argentina "hay crecimiento sin ajuste".
En un acto de características cordiales –el vicepresidente Amado Boudou fue un ausente notable para no incomodar al anfitrión Adelmo Gabbi, a quien hace unos meses denunció por intento de soborno–, Cristina Fernández no se privó de ironizar sobre la presencia del jefe de gobierno porteño, Mauricio Macri, ratificó los ejes centrales de la administración kirchnerista y se pronunció contra varios clubes, amén del de Comunicaciones, pretendido por un exaliado que se pasó a la oposición, el camionero Hugo Moyano.
La filípica no se concentró en organizaciones deportivas y sociales. El ataque fue dirigido a clubes que bautizó como de la especulación, el endeudamiento y la devaluación, y en los que ubicó a representantes señeros del establishment, como Jorge Ávila, de la Universidad de estudios macroeconómicos, y el exsecretario de Energía, Daniel Montamat.
Cristina sabía el terreno pantanoso que pisaba. Muchos de los asistentes –empresarios y banqueros– simpatizan con políticas de libre mercado y rechazan las regulaciones en materia de importaciones y exportaciones que con mano dura lleva adelante el secretario Guillermo Moreno y despotrican también con el manejo discrecional que se hace del índice de precios, crítica compartida incluso por gremialistas que acompañan el proyecto oficial.
No casualmente el ministro Hernán Lorenzino declaró ese día que, para el gobierno, en esta etapa lo fundamental es cuidar las reservas monetarias. En tal sentido dijo que el cepo cambiario a la moneda norteamericana opera de "contrafuego" para enfrentar la crisis. El funcionario no quiso mencionar la inflación y dijo que las metas son el mantenimiento del crecimiento y el empleo. Habló de la "profundización" de las medidas (en ese sentido se encuadró la alianza entre la YPF nacionalizada con la venezolana PDVSA) y aventuró que el segundo semestre será mucho mejor que el primero, merced al mejoramiento del comercio con China y Brasil. "No hay un solo dato que demuestre que haya recesión", salió al cruce de expertos en finanzas que auguran un futuro negro en lo inmediato.
Cristina tuvo coincidencias con Gabbi, pero también se refirió a las ganancias del Merval –consignó que fueron del orden del 254%– a partir de la gestión de Néstor Kirchner, en el 2003. "No seamos más tontos, no seamos más giles. No ven que lucran, mienten y engañan para lograr ganancias exorbitantes, a costa de miles, de millones de argentinos", sentenció al aludir a los que internamente proponen endeudarse o devaluar el peso.
"No les gusta este modelo porque somos peronchos", agregó y repitió una frase del literato español José Luis Sampedro, que hizo propia y colocó en el centro de su cometido: "Hay economistas que sólo trabajan para que los ricos sean más ricos y hay economistas que trabajamos para que los pobres sean menos pobres".
La presidenta suele personalizar sus comentarios. Uno de los que mereció una chanza fue el amigable piloto de la Unión Industrial Argentina (UIA), José Ignacio De Mendiguren, quien decidió pegar el faltazo al acto inaugural de la Rural de Palermo, lo que le valió duros conceptos de su par Hugo Biolcati.
De Mendiguren –como el metalúrgico Antonio Caló, en el plano sindical– tiene objeciones puntuales a medidas gubernamentales, pero propone modificarlas a través del diálogo y las sugerencias, y no mediante imposiciones a la primera magistrada.
Lamentó De Mendiguren la falta de un debate de ideas de manera civilizada. "En la Argentina –afirmó– todo es blanco o negro, se es amigo o enemigo". Y ése, como demuestra la historia, es un camino peligroso. Las consignas desmerecedoras, hoy desde y hacia el kirchnerismo, no hacen más que llamar a las puertas de un pasado, del que deberían sacarse lecciones para no repetir en perjuicio de la mayoría.
ARNALDO PAGANETTI arnaldopaganetti@rionegro.com.ar