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09/11/2012 | Obama, 2009 - 2017

Diego Bautista Urbaneja

El triunfo fue claro; la ventaja —sobre todo en el Colegio Electoral— significativa; y el veredicto de los electores, contundente.

 

 Este último se podría resumir así: no estamos satisfechos del todo con los primeros cuatro años pero, con diferencia, preferimos ampliar el mandato de Obama que entregarle las llaves del Despacho Oval a Mitt Romney y el extremo derecho de la extrema derecha. A una conclusión similar llegaba The Economist la semana pasada con su espaldarazo a Obama y su célebre preferimos “al diablo que conocemos” que experimentar con un candidato poco fiable que no nos convence ni en lo económico.

Así, con el resultado del martes, se evitaron escenarios que pudieron haber ido desde un triunfo de Romney en el voto popular y uno de Obama en el Colegio Electoral (legal, pero tremendamente debilitante para su legitimidad política) hasta una batalla legal estado por estado que se extendiera durante semanas y dañara gravemente la credibilidad institucional del país. Considerando los escenarios posibles con los que amanecimos el martes, los resultados han sido muy, muy  positivos para Obama. No solo porque ha conseguido la reelección, sino porque lo ha hecho en unas condiciones que lo reabastecen de capital y legitimidad política; que lo dotan de muy necesitadas municiones para combatir a la oposición; y, sobre todo, le abren una ventana de entre dos y dos años y medio para completar y profundizar las reformas del programa original de 2008. Ayer mismo en un editorial, The New York Times animaba a Obama a moverse con rapidez y comenzar por “ampliar su agenda y aislar a sus rivales”. Es decir, desplazarse con más soltura a la izquierda y hacerlo con menos escrúpulos políticos.

El ciclo electoral que termina deja tres lecciones fundamentales que perfilo brevemente a continuación.

1) La hondura de la división política

La profunda división política en Estados Unidos está más viva que nunca. Aunque, recién lo descubrimos, tiene límites claros. Es decir, líneas bien demarcadas que una parte importante del electorado (sobre todo los llamados “independientes”) no está dispuesto a cruzar. El radicalismo de la plataforma Republicana (en lo social y, sobre todo, en lo económico) quedó en evidencia a lo largo del proceso y el veredicto electoral fue contundente: aunque se desplaza a la derecha de donde estaba en 2008, no lo hace con la fuerza que lo ha hecho el Partido Republicano. A pesar de la mala situación económica prefiere continuar por la senda de la recuperación cautelosa de Obama que experimentar con una agenda diseñada entorno a las necesidades económicas del 1% más rico (una perversa combinación de la Reaganomics de los ochenta con la certitud moral de un movimiento radical anti impuestos).

Ganada la reelección, lo fundamental para Obama ahora es descubrir el límite preciso del mandato que le ha otorgado el electorado estadounidense y utilizar ese capital para neutralizar la agenda Republicana.

2) El divorcio (¿definitivo?) de los mass media

Los mass media sufren la peor crisis de legitimidad del último medio siglo. Eso es de sobra conocido. Sin embargo, la elección de 2012 se podría convertir en el punto sin retorno. Prensa escrita, radio y, sobre todo, televisión, se enfrentan confundidos y a la defensiva a un cambio de paradigma en la distribución de la información en el que cada vez queda más claro que serán pocos los medios del antiguo paradigma los que sobrevivirán. En 2012 (y ya en 2008 también), un experto en estadística con un blog licenciado por el New York Times informó con más precisión y detalle que la gran mayoría de los medios tradicionales. Más aún: dejó en evidencia a toda una generación de reporteros que sigue concibiendo la información como un monopolio de los informadores profesionales para ser utilizado y explotado en base a sus agendas ideológicas. La elección de 2012 apunta, al menos en Estados Unidos, a grandes cambios en este campo.

3) Obama y los límites institucionales de Estados Unidos

Digeridos los resultados del martes y mirando dos o tres años adelante, la elección de 2012 será la que puso la prueba más dura al funcionamiento institucional del país. La idea del “gobierno dividido” nunca ha tenido más vigencia: Ejecutivo Demócrata, Cámara de Representantes Republicana y Senado Demócrata en un ambiente político profundamente polarizado. Una división de poderes que demostrará si las instituciones del país son capaces de funcionar a pesar de la fricción y resistencia que ejercen la mayor parte de los componentes del sistema. Aunque fue la intención de los Founding Fathers diseñar un sistema divido en donde alcanzar acuerdos y realizar grandes cambios fuera complicado, los extremos alcanzados en los últimos cuatro años son inusitados y están poniendo en entredicho el funcionamiento general del sistema político. La etapa que comienza ahora será o la constatación definitiva de la disfunción (con todas las consecuencias que eso implica) o un periodo de nuevos e inesperados liderazgos. Obama se enfrenta de inmediato al reto de evitar el llamado fiscal cliff, una combinación de recortes en el gasto y aumento de impuestos a finales de año que de no renegociarse con el Congreso podría impactar directamente en torno al 5% del producto nacional bruto.

Obama tendrá que elegir: o sigue apostando por el bipartidismo que enarboló su campaña de 2008 (y que tan pobres resultados le dio a lo largo de los primeros cuatro años) o decide romper definitivamente y perseguir sus objetivos políticos por nuevas vías. Desde el punto de vista táctico esa es la decisión más importante a la que se enfrenta el presidente recién reelegido.

En el fondo, para Obama se trata de un dilema moral. De una decisión filosófica sobre cómo establecer el delicado balance entre pacto e imposición. Pronto, muy pronto, descubriremos cómo se enfrenta a este dilema un líder que aspira a ser transformador pero que no siempre está dispuesto a hacer todo lo necesario para conseguirlo


*Diego Beas es investigador invitado del Internet Institute de la Universidad de Oxford. Su página personal es: http://www.diegobeas.com.

El País (Es) (España)

 


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