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26/11/2013 | Francisco apuesta por no tener 'miedo' a la renovación

Irene Hdez. Velasco

Una Iglesia que vuelva al mensaje esencial del Evangelio. Una Iglesia más democrática. Una Iglesia descentralizada... Son algunas de las claves del 'Evangelii Gaudium' escrito por el Papa.

 

VATICANO 'Evangelii Gaudium' da las claves de su Pontificado

Francisco apuesta por una renovación de la Iglesia porque 'los preceptos de Cristo son poquísimos'

  • 'La Iglesia no tiene el monopolio en la interpretación de la realidad'

  • Quiere una Iglesia misionera, que no se 'obsesione' con la doctrina

  • Apuesta por una institución más democrática y colegiada

  • El aborto y las ordenación de mujeres no son temas en discusión

  • Dice a los curas que 'el confesionario no es una sala de torturas'

  Una Iglesia que vuelva al mensaje esencial del Evangelio. Una Iglesia más democrática, que abra nuevos cauces de diálogo con los fieles. Una Iglesia descentralizada, en la que se redimensione la figura del Papa y se dé mayor peso a las conferencias episcopales. Una Iglesia volcada en su vocación misionera, que no se "obsesione" con la doctrina moral y que se concentre sobre todo en salir al encuentro de los pobres y los enfermos, de los más desafortunados.

Una Iglesia que haga cura de humildad, que no pretenda tener el monopolio de las soluciones a los problemas y en la que ni siquiera se espere del Papa la "palabra definitiva sobre todas la cuestiones que afectan a la Iglesia y al mundo". Una iglesia que sea consciente de que los "preceptos dados por Cristo son poquísimos" y que no tenga miedo de revisar costumbre y normas que se han ido adoptando a lo largo de los siglos.

Una Iglesia que se mantenga firme en su rechazo al aborto, sí, pero que comprenda por qué muchas mujeres recurren a él y sea consciente de que no ha hecho "lo suficiente" para acompañarlas en ese duro trance. Una Iglesia, en definitiva, más humana, más cristiana.

Esa es la iglesia que quiere Francisco y que perfila con trazo firme y seguro en 'Evangelii Gaudium' (La alegría del Evangelio), la exhortación apostólica de 142 páginas (en su versión en español) que el Papa ha escrito como colofón a la reunión que en octubre de 2012 los obispos de todo el mundo celebraron en el Vaticano para discutir sobre cómo anunciar el Evangelio en el mundo actual.

Esa exhortación, escrita con el estilo directo y accesible que caracteriza a Bergoglio, es una especie de programa de Pontificado y tiene la importancia de ser el primer documento oficial de este Papado que lleva su firma inconfundible. Porque, aunque en julio pasado vio la luz una encíclica de 84 páginas que llevaba la firma de Francisco y la de Benedicto XVI -'Lumen Fidei' (la luz de la fe)-, en realidad la autoría de ese texto correspondía mucho más Ratzinger que Bergoglio.

'Evangelii Gaudium' es sobre todo es un llamamiento a volver al mensaje esencial del cristianismo, "a la frescura original del Evangelio". Y eso, para Francisco, pasa indefectiblemente por volver a ser una Iglesia misionera.

"La actividad misionera representa aún hoy en día el mayor desafío para la Iglesia y la causa misionera debe ser la primera", se lee en el documento.

"Es vital que hoy la Iglesia salga a anunciar el Evangelio a todos, en todos los lugares, en todas las ocasiones, sin demoras, sin asco y sin miedo". Llegando "hasta la humillación si es necesario", subraya el Papa.

La palabra alegría, ya desde el título, salpica todo el documento. Porque Francisco no quiere evangelizadores "con cara de funeral", "tristes y desalentados, impacientes o ansiosos" sino personas "cuya vida irradie el fervor de quienes han recibido alegría de Cristo.

Toda la Iglesia está llamada a esa tarea pastoral y evangelizadora. Pero a los obispos el Papa les pide que den un paso atrás y que no pretendan siempre ir a la cabeza del rebaño, indicándoles que a veces tendrán que ir en medio de todos y en ocasiones "caminar detrás del pueblo para ayudar a los rezagados".

Sobre todo el Pontífice les pide que fomenten "mecanismos de participación" y otras formas de diálogo con los fieles, "con el deseo de escuchar a todos y no sólo a algunos que les acarician los oídos".

"Dado que estoy llamado a vivir lo que pido a los demás, también debo pensar en una conversión del Papado. Me corresponde como obispo de Roma estar abierto a las sugerencias que se orienten en un ejercicio de mi ministerio que lo vuelva más fiel al sentido que Jesucristo quiso darle y a las necesidades actuales de la evangelización", escribe Francisco, que habla en ese sentido de dar un mayor poder a las conferencias episcopales, siguiendo con el esprítu del Concilio Vaticano II.

"Una excesiva centralización, más que ayudar, complica la vida de la Iglesia y su dinámica misionera". Ya en la página 10 de la exhortación Francisco lo que entiende por ser Papa. "No creo que deba esperarse del magisterio papal una palabra definitiva o completa sobre todas las cuestiones que afectan a la Iglesia y al mundo", sentencia. Y añade que "no es conveniente que el Papa reemplace a los episcopados locales en el discernimiento de todas las problemáticas que se plantean en sus territorios", abogando por la necesidad de avanzar en una saludable "descentralización".

"Ni el Papa ni la Iglesia tiene el monopolio en la interpretación de la realidad social o en la respuesta de soluciones para los problemas contemporáneos", destaca en otro pasaje del documento.

En 'Evangelii Gaudium' Francisco también insiste en que la Iglesia no debe "obsesionarse con la transmisión desarticulada de una multitud de doctrinas".

La evangelización, Francico dixit, se debe concentrar "en lo esencial, que es lo más bello". Y en ese sentido recuerda que aunque todas las verdades reveladas proceden de la misma fuente divina y deben ser creídas con la misma fe "algunas de ellas son más importantes porque expresan más directamente el corazón del Evangelio".

Y, dentro de esa jerarquía, el Papa señala lo que es verdaderamente importante: la fe que se activa por la caridad, las obras de amor al prójimo. Para el Papa la moral cristiana no es un "catálogo de pecados y errores", sino que el primer mensaje a anunciar es el amor de Cristo. Si no, concluye, lo que se estará anunciando no sería el Evangelio sino "algunos acentos doctrinales o morales que proceden de determinadas opciones ideológicas".

En ese camino, el Papa hace un llamamiento a revisar algunas costumbres y normas de la Iglesia no ligadas al núcleo esencial del Evangelio.

"Hay normas o preceptos eclesiales que pueden haber sido muy eficaces en otras épocas pero que ya no tienen la misma fuerza educativa", enfatiza. Y citando a san Agustín asegura que los preceptos añadidos posteriormente por la Iglesia deben exigirse con moderación "para no hacer pesada la vida de los fieles" y para evitar convertir esa religión "en una esclavitud".

"A los sacerdotes les recuerdo que el confesionario no debe ser una sala de torturas", les abronca Francisco. Y no sólo eso: les anima a emplearse a fondo, no tanto en predicar lo que no hay que hacer sino en insistir en lo que podemos hacer mejor.

"En cualquier caso, si se indica algo negativo, siempre se intentará mostrar también un valor positivo", señala en otro pasaje.

Entre las normas a revisar el Papa parece sugerir la posibilidad de estudiar que los divorciados casados en segundas nupcias puedan recibir la comunión. "La eucaristía no es un premio para los perfectos sino un generoso remedio y un alimento para los débiles", escribe en ese sentido, haciendo una llamamiento a la Iglesia a a considerar "con prudencia y audacia" posibles cambios en ese sacramento.

El aborto no está sujeto a 'modernizaciones'

Respecto al aborto Francisco no tiene, sin embargo, ninguna duda. "No debe esperarse que la Iglesia cambie su postura sobre esta cuestión. Quiero ser completamente honesto al respecto. Este no es un asunto sujeto a supuestas reformas o 'modernizaciones", deja claro, tras quejarse de que la opción de la Iglesia ante el aborto con frecuencia se presenta como "algo ideológico, oscurantista, conservador".

"Sin embargo esta defensa de la vida por nacer está íntimamente ligada a la defensa de cualquier derecho humano: supone la condición de que un "ser humano es siempre sagrado e inviolable", afirma.

Y, como siempre, un ejercicio de autocrítica y el llamamiento de comprender a las mujeres que abortan: "También es verdad que hemos hecho poco para acompañar adecuadamente a las mujeres que se encuentran en situaciones muy duras, donde el aborto se les presenta como una solución rápida a sus profundas angustias, particularmente cuando la idea que crece en ellas ha surgido como producto de una violación o en un contexto de extrema pobreza . ¿Quién puede dejar de comprender esas situaciones de extremo dolor?".

La mujer en la Iglesia

Tampoco la ordenación de las mujeres como sacerdotes se le pasa a Francisco por la cabeza. "El sacerdocio reservado a los varones es una cuestión que no se pone en discusión", sentencia. Pero aboga, eso sí, por una mayor presencia de las mujeres en la Iglesia.

Los lujos de la Curia

La denuncia contra la Iglesia instalada en si misma, cómoda en su "supuesta seguridad doctrinal" que con frecuencia deriva en un "elitismo narcisista y autoritario", recorre toda la 'Evangelii Gaudium'. No faltan tampoco las críticas al cuidado ostentoso de la liturgia, a la mundanidad de algunos sacerdotes. O esos sermones soporíferos...

De hecho el Papa dedica 12 páginas de la exhortación a explicar a los curas cómo hacer una homilía: debe ser breve y evitar parecerse a una clase, cercana, pronunciada con tono cálido, con alegría de gestos, dicha con el corazón y que tenga en cuenta lo que los fieles necesitabn escuchar.

Críticas al capitalismo

Francisco insiste siempre en que la Iglesia debe llegar a todos, pero debe privilegiar "a los pobres y enfermos, a esos que suelen ser despreciados y olvidados". El documento incluye en ese sentido duras críticas al capitalismo feroz. "Algunos todavía defienden que todo crecimiento económico, favorecido por la libertad de mercado, logra provocar por sí mismo mayor equidad e inclusión social.

Los políticos

Esa opinión, que jamás ha sido confirmada por los hechos, expresa una confianza burda e ingenua en la bondad de quienes detentan el poder económico".

El Papa aboga por "una reforma financiera que no ignore la ética" y que pasa por "un cambio de actitud enérgico por parte de los dirigentes políticos".

"La posesión privada de los bienes se justifica para cuidarlos y acrecentarlos de manera que sirvan mejor al bien común, por lo cual la solidaridad debe vivirse como la decisión de devolverle al pobre lo que le corresponde".

El Mundo (España)

 



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