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03/05/2015 | Regresó la pobreza

América Economía Staff

Por tercer trimestre consecutivo ha bajado el FMI su pronóstico de crecimiento económico para América Latina en 2015, prediciendo ahora un débil 0,9% para la región y recesión en tres de nuestros países: Brasil, Argentina y Venezuela. América del Sur, impulsada hacia abajo por esos tres países, entrará este año en recesión de acuerdo con las nuevas cifras del Fondo, publicadas hace un par de semanas.

 

No son buenas noticias. Entre 2004 y 2011, la región creció a un vigoroso promedio de 6,1% anual, muy por encima de su promedio de 3,9% en los últimos 30 años. Era el mundo emergente por excelencia y estaba lleno de posibilidades de negocios. La región se creía por fin libre de los ciclos de vacas gordas y vacas flacas causados por fenómenos externos como el precio de los commodities.

Pero no había tal. A pesar de las propuestas, iniciativas y políticas para fomentar la innovación, dar valor agregado a los productos básicos y diversificar exportaciones, la gran mayoría de los países latinoamericanos -México es la excepción- sigue dependiendo de las ventas externas de unas pocas materias primas.Terminó ese boom y a poco andar empezó el bust que vivimos hoy.

Las siete mayores economías latinoamericanas o G7 -Brasil, México, Colombia, Argentina, Perú, Chile y Venezuela- dan cuenta del 93% del producto de la región. En todas ellas comenzó casi simultáneamente el crecimiento de 2004-2012 y, tras éste, también asomaron sincronizadas las vacas flacas.
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El acoplamiento de estos ciclos de crecimiento y la desaceleración en los países de la región indica que los factores externos influyen más en el comportamiento del PIB que las políticas económicas de cada país.

Esto no significa que la política económica sea irrelevante. Las cuatro economías liberales del G7 -México, Colombia, Perú y Chile- van a seguir creciendo este año, solo que a ritmo más lento que en los años del boom. Las tres economías más cerradas o intervencionistas ya están en recesión o lo estarán a fin de año. Vaya que sí importa la política económica.

Básicamente un solo factor externo, la desaceleración de China, trajo consigo una menor demanda global por materias primas. Eso hizo bajar los precios de los commodities que exporta América Latina y que siguen siendo la principal fuente de divisas en todos los países del G7 salvo México.

No podemos esperar a que China vuelva a crecer a tasas del 10%. Según el FMI, el “new normal” es 7% hoy y será 6% mañana. Un reciente estudio de la Universidad de Harvard pronostica que la tasa de crecimiento más probable para China en los próximos 20 años será de un promedio de 3,9% anual. El estudio analiza más de diez casos de economías con largos períodos de alto crecimiento en el siglo 20 y siglo 21, y muestra que en todos los casos, cuando termina el alto crecimiento, esos países se estabilizan en tasas cercanas al promedio mundial.

Las materias primas no volverán a ser el motor de crecimiento que han sido hasta ahora. Lo que hay que hacer entonces es la doble tarea de innovar y diversificar. Agregar valor a nuestras productos de exportación. Crear y desarrollar nuevas áreas de actividad en los que tengamos ventajas competitivas y que el mundo quiera comprar.

No suena fácil, y no lo es. Chile hace 40 años intentó depender menos del precio internacional del cobre, desarrollando con éxito industrias de exportación con sus vinos, su fruta y sus pescados. Especialmente el salmón, una industria que desarrolló a partir de cero y en la cual es hoy el primer productor mundial. Pero el cobre sigue constituyendo el 60% de las exportaciones del país y da cuenta del 20% del PIB.

A pesar de esos éxitos en el sector silvoagropecuario, Chile no logró crear nuevas fuentes de riqueza, ni en manufactura ni en servicios. La única actividad en la que el país sí ha dado un salto es en el retail. Cadenas chilenas de tiendas y supermercados como Jumbo, Falabella, Ripley y otras, han abierto locales en Argentina, Brasil, Perú, Colombia y otros países de la región, convirtiéndose en marcas regionales y generando ingresos para sus accionistas y el país.

Colombia ha logrado algo parecido con su sector financiero: el Grupo Sura y Bancolombia ofrecen hoy banca minorista, seguros y fondos de pensión en casi todos los países latinoamericanos, de México hasta la Patagonia. Las brasileñas de ingeniería Odebrecht y Camargo Correa, entre otras, se adjudican millonarios contratos de obras públicas desde Estados Unidos hasta Angola.

La multinacionalización de las empresas latinoamericanas primero en otros países latinoamericanos y después a nivel global, es un fenómeno relativamente nuevo en la región. Hace veinte años ellas casi no existían y hoy, las cien principales multilatinas registran ventas anuales por casi US$ 1 billón: un millón de millones de dólares. Eso equivale a los PIB sumados de Argentina, Chile y Perú.

La irrupción de las multilatinas ha estimulado la integración latinoamericana por los negocios. La migración de ejecutivos y profesionales entre las distintas capitales de la región, las marcas, productos y servicios que han cruzado fronteras, la presencia de inversiones de cada país latinoamericano en los restantes, ayudan a todos a entender mejor a los vecinos y a buscar mejores formas de colaboración. Solucionar pacíficamente los diferendos limítrofes es un imperativo cuando todos los países tienen inversiones y empresas en los países vecinos.

La evidencia muestra que las multilatinas se han desarrollado mejor en las economías más liberales de la región y bastante menos en las economías más intervenidas por el Estado.

No es casualidad que los países más golpeados por la baja en los precios de los commodities sean aquellos cuyas multilatinas tienen menor peso relativo en la economía nacional. Venezuela, Brasil y Argentina deberían sacarse las anteojeras y mirar la evidencia.

América Economía (Chile)

 



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