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09/03/2017 | Polonia amenaza con romper la 'Cumbre de la unidad'

Pablo Rodriguez Suanzes

El Gobierno de Varsovia, decidido a impedir la reelección de Donald Tusk en la reunión de jefes de Estado y de Gobierno de Bruselas

 

La UE nunca ha sido capaz de dominar el arte del simbolismo. La historia de la Unión está repleta de aniversarios, efemérides y momentos clave, pero sus líderes no logran encontrar ni el ritmo ni los gestos adecuados para contagiar a la ciudadanía en los momentos más necesarios Este jueves y viernes se reúnen en Bruselas los jefes de Estado y de Gobierno de la UE. La última Cumbre antes de que Reino Unido oficialice su intención de romper la UE. La última cumbre antes del 60 aniversario del Tratado de Roma, que debe celebrarse el 25 de este mes. La Cumbre en la que se debe decidir si Donald Tusk repite otros dos años y medio como presidente del Consejo Europeo. La Cumbre en la que vender un mensaje de total unidad de cara al futuro.

Sin embargo, si la realidad es tozuda el Gobierno polaco ha demostrado que lo es aún más. En la agenda oficial del jueves (la reunión seguirá el viernes pero ya a 27, sin Theresa May en la sala) dominan tres temas:el tradicional debate económico de primavera, Seguridad y Defensa y migraciones y refugiados. No se esperan grandes novedades, pero el punto en el que están puestos los ojos es uno muy concreto y enquistado: la elección del presidente del Consejo.

Ahora mismo sólo hay un candidato (el nombre de Hollande ha sonado estas semanas, pero parece una opción a medio plazo no ahora), o al menos uno con posibilidades: Donald Tusk. Tiene el apoyo o la indiferencia de los grandes, de los medianos y de los pequeños. De todos salvo el de su propio país, Polonia, cuyo Gobierno está dispuesto a hacer lo necesario para impedir su candidatura.

La situación está generando inquietud, irritación y vergüenza ajena en Bruselas. Jaroslaw Kaczynski, el poder en la sombra en Varsovia, no traga a Tusk. Y los encontronazos con la primera ministra Beata Szydlo están llegando a un nivel sin precedentes. Hace unos años David Cameron maniobró para que Jean-Claude Juncker no fuese escogido presidente de la Comisión Europea. Pero nadie recuerda un caso similar al de que un Ejecutivo dispuesto a perder un puesto de la máxima importancia con tal de que no lo tenga un adversario político.

Hace unos días, Szydlo propuso un candidato alternativo, el eurodiputado Jacek Sayusz-Wolksi, alguien poco conocido en Bruselas y alejadísimo del perfil requerido. No está escrito, pero se entiende que la Presidencia debe ir a algún ex primer ministro. Sayusz-Wolksi ya expulsado de su propia formación y del Partido Popular Europeo por la "falta de lealtad" y la maniobra. Varsovia no ha dado marcha atrás y ha llegado a pedir oficialmente que este nuevo candidato fuera invitado a la Cumbre, algo insólito, pero el presidente de turno de la UE, el maltés Joseph Muscat (que será el encargado de gestionar la elección del presidente) ha vetado su presencia.

Guerra de candidatos

Szydlo ha enviado una larga carta a sus colegas europeos con una ristra de acusaciones de interferencias políticas, falta de respeto institucional y de partidismo en cuestiones internas contra Tusk. "Ha violado en múltiples ocasiones su mandato usando su posición en acaloradas disputas nacionales", dice la carta. "El presidente Tusk no ha sido capaz de demostrar una adecuada imparcialidad (...) No podemos aceptar esta conducta. No podemos permitir que se cree un precedente tan peligroso, en el que el Gobierno democráticamente elegido de un Estado Miembro es atacado políticamente por el presidente del Consejo Europeo".

Que haya disputas entre un cargo y un país es habitual. Que haya tensiones entre un nacional nombrado por un Ejecutivo y el Gobierno sucesivo, también. Pero nunca a este nivel, nunca con tanta saña. Y es todavía menos comprensible que Polonia mantenga o incluso trate de elevar el tono cuando el resto, salvo quizás algún socio más de Visegrado, como Hungría, están en contra.

"Estamos todos un poco inquietos ante la actitud de la primera ministra polaca. Me inquieta por la señal que se manda a la opinión pública europea. ¿Vamos a tener que recurrir al voto? Sería como poco una señal divisiva a pretensión de exportar un tema nacional. Y esa idea de que hace falta un candidato polaco... Puede haber uno alternativo pero presentar otro propio es muy peculiar", explica una alta fuente europea.

El mensaje que llega desde todas las instituciones y el mensaje que quisieron mandar Merkel, Hollande, Gentiloni y Rajoy en París fue muy claro: hace falta unidad, por encima de cualquier otra cosa. Y si la Cumbre arranca con el boicot y el enfado polaco, mal asunto. Desde Varsovia han dejado caer que podrían incluso no firmar las conclusiones de la Cumbre, el documento que durante semanas redactan los embajadores de los 28. Un gesto que parece nimio desde lejos pero que tiene una enorme trascendencia en los mecanismos comunitarios.

Tusk tiene todas las papeletas para ser reelegido. Las capitales están contentas con su trabajo o quizás precisamente con la falta del mismo. No tiene una agenda muy fuerte, salvo en los temas de su país, no lleva la contraria y su búsqueda de protagonismo está a unos niveles que el resto pueden tolerar. Pero el asunto es que el principal activo de Tusk cuando fue nombrado, hace poco más de dos años, es que iba a ser el puente con los países del Este, el mediador con Visegrado. Eso queda dinamitado, y las esperanzas de los 27 es que si hay cambio de Ejecutivo en Polonia en los próximos años, las relaciones sean mejores.

Tusk está cohibido.Aunque no es lo esperado puede ser su último Consejo Europeo. Su habitual carta de invitación a los jefes de Gobierno ha sido especialmente plana. Sin mensajes, listas de desafíos, ánimos para abordar juntos los problemas de Europa. Todos conscientes de lo delicadísima que es la situación actual y que todo paso en falso tendrá consecuencias. Lo único en lo que estaban de acuerdo era en la unidad absoluta, fuera cual fuera el camino, y hasta en eso han fracaso. La Europa de las múltiples velocidades, una idea del pasado, arranca gripada, porque nadie sabe cómo dar el siguiente paso ni hacia dónde.

El Mundo (España)

 



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