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20/04/2017 | Francia se aburre de sus políticos

Maria D. Valderrama

La abstención amenaza con alcanzar un nivel récord del 32% en los comicios del próximo domingo

 

Los escándalos judiciales han impregnado el espíritu de inicio de campaña electoral en Francia pero también el de los votantes. Muchos, a una semana de la primera vuelta, aún no saben a quién votar, otros no piensan hacerlo. Los sondeos estiman una abstención del 32% en unos comicios donde la participación ha superado el 80% desde 1974, la única excepción fue 2002, con una abstención del 29%. Entonces, Jean-Marie Le Pen pasó a la segunda vuelta contra Jacques Chirac. Tras las decepciones de éste como jefe de Estado, a la figura de Presidente de la República le ha costado levantar cabeza, la prueba más evidente de la crisis del sistema político francés.

"A día de hoy se trata de una abstención bien repartida, por una parte el 'Penelopegate', que mina la moral de buena parte del electorado de derechas y por otra la izquierda, con un quinquenio que termina con muchas dificultades y que ha decepcionado a un amplio sector", explica a EL MUNDO Jerôme Fourquet, director del IFOP (Instituto Francés de Opinión Pública). Así, los casos judiciales de Fillony Le Pen han dejado hasta ahora en un segundo plano los problemas de fondo que el país debería discutir.

El porcentaje se divide entre una parte de la población alejada de la política, "especialmente jóvenes y clases populares", según Fourquet, pero numerosos ciudadanos se abstendrán también voluntariamente "para marcar su desaprobación al sistema".

En este último grupo se sitúa Vincent. A sus 25 años trabaja como consultor tras haber estudiado Ciencias Políticas en una prestigiosa Gran Escuela. A estas alturas ya sabe que no votará ni el 23 de abril ni el 7 de mayo. La amenaza de Marine Le Pen en la segunda vuelta, un truco de los partidos tradicionales para atraer al votante buscando la famosa "barrera republicana", no le asusta.

"Tenemos tendencia a decir que la abstención muestra desinterés, como si el voto fuera la única forma de hacer política. Hay gente que vota en todas las elecciones pero es lo único que harán, depositar una papeleta una vez cada cinco años", opina este francés lector habitual de ejemplares de historia y política. "No voto porque me niego a entrar en el juego, a votar por partidos que hacen lo mismo desde hace 40 años y que encima te dicen o nosotros o el horror, que ellos mismos han inflado para asustar a la gente y decir que no hay alternativa", sentencia. A los que siguieron la evolución del 15-M en España, esta reflexión les habrá resultado familiar.

¿Acabar con el Presidente?

El politólogo Olivier Rouquan defiende en su libro 'En finir avec le Président!' (¡Acabar con el Presidente!), que la desafección política, y en último caso la abstención, son una prueba de que las instituciones francesas necesitan volver a conectar con una población para la que se han hecho incompresibles. Rouquan plantea incluso que la figura del presidente tal y como fue concebida en la creación de V República, con un Charles de Gaulle omnipotente presentado como héroe y padre salvador capaz de liderar la unión del país, ha perdido su sentido. Especialmente desde que los tiempos de la presidencia pasaron a medirse en cinco años (a partir de 2002), y Chirac quedara completamente desacreditado ante la población en 1997 utilizando su poder para disolver la Asamblea Nacional; pensaba que la derecha obtendría una larga mayoría en unas nuevas legislativas pero la estrategia se fue al garete: la izquierda ganó dando inicio a un nuevo Gobierno de cohabitación con Lionel Jospin como primer Ministro. Volvió a ocurrirle en 2005, con el referéndum sobre la Constitución, golpe que también le salió mal.

"Digamos que hoy los ciudadanos no comprenden qué distingue al presidente del primer ministro. O bien damos al presidente un papel de árbitro y reforzamos la importancia de las legislativas como hacen otros países como España o Alemania, o bien establecemos mandatos de distinta duración para recuperar la lógica de la V República y normalizar nuestro régimen político". Aún guardando el sistema de cinco años, tanto para el presidente como para la Asamblea Nacional, el experto insiste en la necesidad de suscitar una participación más continúa aprovechando las técnicas digitales o acercando los diputados a sus circunscripciones.

La fuerza de la figura del presidente se diluye como muestra que ni Nicolas Sarkozy ni François Hollande hayan logrado ser reelegidos. El colmo de esta situación se verá en junio, en las elecciones legislativas que se celebrarán el 5 y 11 de junio, donde hay altas probabilidades de que una mayoría sea difícil de encontrar. "El primer ministro podría convertirse en la personalidad fuerte del Ejecutivo si es capaz de mantener un gobierno duradero", señala el politólogo.

"Mientras que cada vez resulta más difícil dar su voz a nivel local, en aquello que toca el día a día de los ciudadanos, les pedimos cada cinco años que opinen sobre cosas sobre las que ni siquiera han tenido el tiempo de pararse a reflexionar", coincide Vincent. Mientras tanto, entre la derecha, los hay que, aún poco convencidos, piensan que acabarán votando por descarte "el programa y no el hombre", como explica Marco, de 41 años propietario de un restaurante, también decepcionado con el panorama político que no se preocupa, dice, "por los problemas reales de la gente de a pie".

Los hay también que con su propio voto intentan mostrar su descontento con el sistema, así "algunos dudan entre abstenerse o votar por el FN", añade Fourquet, recordando que normalmente son las clases populares las que se mantienen al margen solo que en esta ocasión, son también las que más apoyan a Marine Le Pen. Cada vez más lo hacen por cólera o desesperación y no tanto por compartir sus ideas.

El Mundo (España)

 



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