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14/05/2017 | EE.UU. - Esa cosa de Trump

Gina Montaner

El presidente de EEUU pretende cambiar las reglas del juego, demandando la lealtad incondicional que le ha exigido a sus subordinados en el ámbito de su empresa familiar

 

Pareciera que el dicho "Por la boca muere el pez" se hizo a la medida del presidente Donald Trump. En la entrevista que le concedió este jueves a la cadena NBC afirmó: "Cuando decidí hacerlo, me dije que esta cosa con Rusia, este asunto ente Trump y Rusia, es una historia inventada". Se refería al cese fulminante dos días antes del director del FBI, James Comey, a quien despidió en medio de la investigación que éste estaba dirigiendo sobre sus presuntos vínculos con el gobierno ruso durante la campaña electoral para socavar la credibilidad de su rival, Hillary Clinton.

Cuando Trump accedió a hablar con el periodista Lester Holt la tormenta política ya se había desatado en Washington, pero una vez más sus palabras echaron por tierra la "narrativa" de su entorno para justificar la destitución de Comey como una decisión fundamentada exclusivamente en su supuesto mal manejo del escándalo de los correos electrónicos de Hillary Clinton. El presidente, sostenían, había seguido las "recomendaciones" del Departamento de Estado y nada tuvo que ver en su decisión el hecho de que Comey -una figura incómoda tanto para los demócratas, que lo culpan del fracaso electoral de la ex Secretaria de Estado, como para los republicanos, que consideran no hizo lo suficiente por abrir una investigación criminal contra ella- seguía adelante frente al FBI en las pesquisas por llegar hasta el fondo de la influencia del Kremlin en el proceso electoral estadounidense.

El propio Trump ha desmontado los argumentos de sus portavoces, asegurando que desde hace mucho había tomado la decisión de destituir a Comey, a quien ha calificado de "fanfarrón" y de "incompetente". La clave está en "esa cosa con Rusia". El magnate neoyorquino, habituado a dirigir sus negocios como un caudillo que no escucha consejos ni rinde cuentas a nadie, en su nuevo papel no puede soportar que no se hagan las cosas a su antojo y que haya independencia de criterio. En efecto, el ya ex director del FBI estaba condenado. Poco le importaba al presidente el affaire de los emails de Clinton, de quien en sus mitines llegó a decir que haría todo lo posible por que acabara en la cárcel. Lo que no podía tolerar es que se continuara una investigación cuyas aristas lo acercan peligrosamente a las maniobras de Putin.

Trump pernocta en la Casa Blanca porque no le queda remedio, pero su espíritu está en la Torre Trump o en su resort de lujo Mar-a-Lago, donde ha conducido a su manera sus negocios. Y esa impronta de quien no cree en el 'fair play' ahora es una nube tóxica en la residencia oficial que pagan los contribuyentes. El presidente pretende cambiar las reglas del juego, demandando la lealtad incondicional que le ha exigido a sus subordinados en el ámbito de su empresa familiar.

El mandatario estadounidense ha dicho que al menos en tres ocasiones Comey le aseguró que "no estaba siendo investigado" por la trama rusa, sin embargo fuentes cercanas al destituido director del FBI aseguran que en una cena celebrada siete días después de que que Trump asumiera la presidencia, ante la exigencia de éste para que le prometiera "lealtad", Comey le reiteró que sólo le podía ofrecer "honestidad". Cuando el mandatario comprobó que no podía garantizar su servidumbre, la suerte de Comey ya estaba echada.

Poco antes de que Trump ganara las elecciones, otro multimillonario, Richard Branson, dijo en una entrevista a CNN que en un encuentro que ambos habían sostenido hace años percibió que se trataba de un individuo peligroso. El dueño de Virgin Atlantic relató que su interlocutor se dedicó a hablar con encendida inquina de sus enemigos. Branson manifestó que alguien con un talante como el de Trump podía ser muy peligroso para el país. Ahora, meses después, el presidente de los Estados Unidos, contrariado por la independencia que prevalece en las instituciones y en los medios, tuitea que está contemplando "acabar" con las ruedas de prensa. Es esa cosa de Trump. La oscuridad total.

El Mundo (España)

 



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