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18/09/2017 | EE.UU. - Nativos y activistas intensifican el ataque al legado español

Manuel Trillo

La ola contra símbolos confederados reaviva el vandalismo hacia Colón y fray Junípero.

 

El pasado 19 de agosto, un par de docenas de personas se arracimaron a los pies de la imponente estatua de Cristóbal Colón situada frente al ayuntamiento de Columbus, Ohio, una de las decenas de ciudades y condados de Estados Unidos que evocan con su nombre al descubridor de América. Su objetivo, pedir que se retire el monumento por considerarlo un símbolo de la «supremacía blanca». Estaban convocados por una organización nacional de defensa de la «justicia racial» (SURJ, por sus siglas en inglés).

En Nueva York, la comisión que revisará de los «símbolos de odio» en la ciudad que promueve el alcalde, el demócrata Bill de Blasio, se plantea desmontar la célebre figura de Colón de Columbus Circle, como informó ABC el lunes. La cercana estatua del almirante en Central Park apareció esta semana con las manos pintadas de rojo y un grafiti que advertía de que «el odio no va a tolerarse». Otras estatuas de Colón en Nueva York y otros estados también han sufrido la acción de los vándalos.

Al otro lado del país, Los Ángeles cambiará el Columbus Day por el Día de los Pueblos Índigenas. Mientras, la figura de San Junípero Serra a la entrada de la antigua misión española de Santa Bárbara, también en California, amaneció hace unos días decapitada y cubierta con pintura roja.

Las agresiones en EE.UU. a monumentos del descubridor como al franciscano mallorquín que fundó las primeras misiones en California no son nuevas. Ya en el V Centenario de Colón, en 1992, se cuestionó su figura y hace dos años, cuando el Papa Francisco canonizó a fray Junípero Serra, diversas estatuas suyas fueron atacadas. Junto a ellos, exploradores españoles que fueron clave en la historia de lo que hoy es EE.UU., como el descubridor de Florida en 1513, Juan Ponce de León, también han sido boicoteados.

Pero la ola contra los símbolos de la Confederación sudista está reavivando la ofensiva contra el legado español en EE.UU. Fue en verano de 2015, después de que un joven supremacista acabara a tiros con nueve personas en una iglesia metodista episcopal africana en Charleston, Carolina del Sur, cuando empezó a cuestionarse, sobre todo entre los demócratas, la pervivencia en lugares públicos de símbolos confederados. La tensión se disparó este verano en Charlottesville (Virginia), donde murió una mujer atropellada en medio de los enfrentamientos por la estatua del general Robert E. Lee. Desde entonces, el debate sobre figuras de pasado «controvertido» se ha disparado y ha salpicado al pasado español en EE.UU.

«Hemos pasado del supremacismo imperial castellano del franquismo a la estupidez de lo políticamente correcto», asegura Juan Pimentel, investigador del Instituto de Historia del CSIC y coautor de «La sombra de la leyenda negra». A su juicio, «resulta significativo que no atenten o destruyan esculturas o pinturas de John Smith», al que se presenta como «el “novio” de Pocahontas, rubio y buen chico», pese a que el trato de los anglosajones a los nativos fue mucho menos integrador.Al frente de las movilizaciones se ve en ocasiones a grupos nativos que acusan a los españoles de haber «esclavizado» a sus ancestros, pero también a activistas de muy diverso género, que van desde la defensa de las minorías raciales hasta la «justicia climática».

Elizabeth Wise, «regent» en España de las Hijas de la Revolución Americana, asegura que quienes atacan a Colón o San Junípero «no saben de la historia ni la mitad» y que los españoles «no fueron quienes hicieron la matanza». «Me da mucha pena que estemos otra vez con la leyenda negra», lamenta.

El factor hispano

El presidente del Hispanic Council, Daniel Ureña, no cree que haya «hispanofobia», sino «un contexto político y social en el que a veces no se comprende que la identidad de Estados Unidos no puede concebirse sin la aportación hispana, tanto en el pasado como en la actualidad». En el caso de Colón, «se le ha metido con calzador en un debate revisionista falto de rigor y repleto de ideología, demagogia y populismo», según el responsable de este think tank dedicado a cultivar las relaciones entre EE.UU. y el mundo hispano.

No obstante, el director del Instituto Franklin de la Universidad de Alcalá, Julio Carreño, apunta que la mayor parte de la población latina de EE.UU. es mexicana y «no es de extrañar que los descendientes de esos inmigrantes utilicen el momento convulso en el que vive EE.UU. para atacar los símbolos de lo que ellos consideran una conquista bárbara y un genocidio».

ABC (España)

 



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