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12/01/2018 | Africa - Hargeisa, quincuagésimo sexta capital africana

Gemma Soles I Coll

Bienvenidos a la capital de Somaliland, una democracia en el limbo internacional.

 


Oficialmente, África está conformada por cincuenta y cuatro países, con sus cincuenta y cuatro capitales. Por justicia histórica, se suele contar la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), o Sáhara Occidental, con capital en El Aaiún, como el quincuagésimo quinto país africano. Pero poco se habla de Somaliland, autoproclamado independiente en 1991, y de su capital: Hargesia. Por eso hoy, rozando sus veintisiete años de lucha para ser reconocida como capital de un nuevo Estado africano, queremos conocerla un poco más de cerca y analizar el contexto político en el que se erige. 

Hargeisa, capital de un Estado en el limbo:

Somaliland fue un protectorado británico hasta 1960, cuando se fusionó con la Somalia italiana para formar un país unificado. Tras el inicio de la guerra civil de Somalia en 1991, y durante el régimen del despiadado dictador Mohamed Siad Barre, Somaliland dijo "basta" y declaró su independencia unilateral, logrando exilar al dictador y sus fuerzas militares. Tras más de dos décadas de aislamiento diplomático, Somaliland se presenta como un Estado en el limbo, y sin embargo, más segura –el 70% de su presupuesto se invierte en seguridad–, estable y un futuro más prometedor que su matriz, Somalia, en manos del grupo terrorista Al Shabab.

El pasado 13 de noviembre, los cerca de 4 millones de somalilandeses que conforman el país, Estado no reconocido internacionalmente, eligieron al ex-piloto de las Fuerzas Aéreas y comandante rebelde Musa Bihi Abdi, del partido gobernante Kulmiye, como su tercer presidente desde que el país se separara de Somalia. Era la sexta vez consecutiva desde 2003, que sus ciudadanos participaban en unas elecciones multipartidistas. 

Financiados en parte por la Unión Europea y el Reino Unido y supervisados por observadores internacionales, los comicios fueron ejemplares teniendo en cuenta el turbulento contexto político de la región, donde Yibuti, Eritrea, Sudán, Sudán del Sur, Etiopía, Somalia o Kenia, en mayor o menor medida, han caído en regímenes fuertemente autoritarios, conflictos bélicos o periodos de agitación política violentos. Sin embargo, las recientes  elecciones han dado indicios de desmarcarse notablemente de la tónica de sus vecinos, empleando incluso un registro de votantes pionero en todo el mundo a partir de tecnología biométrica de reconocimiento del iris.

A pesar de todo, las elecciones no estuvieron exentas de protestas, tanto en la capital, Hargeisa, como en las ciudades de Burao y Erigavo, después de que el principal partido de la oposición, Waddani, acusara a la comisión electoral de fraude. Dos personas fallecieron en un brote de violencia poselectoral y Facebook, WhatsApp o Twitter quedaron bloqueados durante varias horas, aunque el gobierno lo justificó diciendo que se trataba de una estrategia de seguridad para prevenir noticias falsas.

Más allá de la discutible libertad de expresión y de los medios de comunicación, el país es considerado una isla de paz y prosperidad dentro de la región, con ejército, moneda y gobierno propios, como cualquier Estado soberano. Recientemente, también ha empezado a dar muestras de progreso en materia de derechos humanos aprobando la primera ley nacional que sentencia a 30 años de prisión a los violadores, ley que no existe en Somalia. Publicaciones como The Economist la han definido como "la democracia más fuerte del África Oriental" y su crecimiento económico se ha mostrado estable en los últimos años, a pesar de la preocupante sequía que azota la región y que ha acabado con el 80% del ganado del país o de lo que ha sido descrito por la ONU como "una de las emergencias humanitarias más grandes desde 1945".

Las voces críticas hacia la Unión Africana o la comunidad internacional, que se niegan desde hace casi tres décadas a reconocer Somaliland como un país independiente y la mantienen en un limbo legal, coinciden en que el hecho de que las agencias internacionales se coordinen y dirijan desde Mogadishu, capital somalí devastada por la guerra a más de 1.400 kilómetros de distancia, no hace más que agravar la catastrófica crisis provocada por el cambio climático.

Dado que Somaliland queda aislada de la mayor parte de la asistencia externa que llega vía Mogadishu, y no puede acceder a préstamos dirigidos a Estados como los que otorga el Banco Mundial, el contrato social entre gobierno y ciudadanía se ha vuelto muy fuerte. La democracia somalilandesa se ha fundamentado en una serie de consultas públicas masivas, o conferencias de clanes, que le otorgan un grado inusual de legitimidad. La característica más llamativa de su sistema político es la cámara alta de los ancianos de los clanes, conocida como Guurti, una sociedad de clanes que garantiza un gobierno ampliamente representativo y respalda gran parte de la cultura política consensual del país.

Somaliland, un enclave estratégico para la región

El optimismo y la esperanza de futuro no abandonan a su población, y la diáspora somalí está regresando para invertir en el país. Así lo muestran datos del Banco Mundial, que revelan que el 90% de su PIB proviene de inversiones privadas. A principios de 2017, los actores del Golfo ya empezaron a mostrar su interés en Somaliland a nivel geo-estratégico. Los Emiratos Árabes Unidos decidieron invertir 366 millones de euros para modernizar el puerto de Berbera, donde también planean construir una criticada base militar y un aeropuerto. EAU se ha comprometido, asimismo, a crear una Zona de Libre Comercio internacional para convertir la ciudad de Berbera en un centro logístico multimillonario en el Cuerno de África y ha invertido 166 millones más para desarrollar el llamado Corredor de Berbera, que conectará el puerto con la frontera con Etiopía.

Adís Abeba, sin acceso propio al Mar Rojo, también se ha dado cuenta de la importancia de invertir en Somaliland, y financia el 19% de este proyecto con el objetivo de reducir su dependencia de las exportaciones vía Yibuti, que hasta ahora han monopolizado el 95% del tráfico marítimo etíope. Esto puede representar un golpe nefasto para Yibuti, después de que Etiopía firmara un Memorando de Entendimiento con Somaliland en 2016 que permitiría desviar hasta el 30% de su comercio al puerto de Berbera. Sin embargo, representa una oportunidad de desarrollo única para la nueva administración del presidente Behi, que le posibilitaría la inversión extranjera directa, a falta de ayuda externa debido al no-reconocimiento internacional.

De esta forma, Somaliland podría ver disminuir sus altas tasas de desempleo y compensar el enorme coste de ser una República no reconocida, el 70% de la cual tiene menos de 30 años. Los somalilandeses, cuya esperanza de vida es de tan solo 50 años, sufren de unas tasas de alfabetización muy inferiores que las del resto de países del África subsahariana y un sistema sanitario débil, que requiere urgentemente de un reconocimiento internacional del país para poder empezar a construirse de una vez por todas. Poca es la voluntad internacional de reconocer Hargeisa como la quincuagésimo sexta capital africana. Aunque su gobierno, establecido en la ciudad, bien funciona como tal y de forma más eficaz que muchos Estados reconocidos, como Sudán de Sur.

¿Qué hacer en Hargeisa?

Con una población de aproximadamente 800.000 habitantes, Hargeisa es la capital y el centro financiero de Somaliland. Tanto el sector de la construcción como el de las telecomunicaciones están en auge, y la modernización es obvia en su mercado central, rebosante de cencerros de madera, dhiil (recipientes de leche tradicionales) o baati, un vestido de algodón recientemente popularizado por la revista de moda internacional Vogue.

A solo una hora de distancia de la capital, Laas Geel exhibe impresionantes pinturas rupestres que datan de hace 6.000 años, contando historias de ganaderos con túnicas ceremoniales y hasta perros domésticos. La capital también ofrece la posibilidad de visitar el Museo Saryan, un espacio donde conocer la historia del país y de la región. Además, la vida nocturna de la ciudad hace honores a la explosión del Funk de los 70 en la región, y resuena al pop contemporáneo africano. En el pub y restaurante Hiddo Dhowr se puede escuchar música en vivo todos los jueves, donde los estilos del Dhaanto y el Buraanbur son los más aclamados.

El País (Es) (España)

 



 
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