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09/05/2018 | Italia- La apuesta de Sergio Mattarella

Jorge del Palacio

Italia se encuentra ante una coyuntura política extraordinaria. Los problemas de gobernabilidad de la política italiana siempre han sido acusados. Sin embargo nunca antes en la historia republicana, que se inaugura en la posguerra con la entrada en vigor de la Constitución en 1948, el resultado de unas elecciones había sido insuficiente para dar forma a una mayoría de gobierno.

 

Tras las elecciones celebradas el 4 de marzo los italianos han sido testigo de dos meses de consultas que lejos de acercar posturas entre los partidos han contribuido a polarizar más, aún si cabía, el panorama político italiano. De aquí que el lunes por la tarde el presidente de la República Sergio Mattarellacompareciese en el Palacio del Quirinal para dar por agotada la XVIII legislatura. El plan de Mattarella para salir del punto muerto en el que se encuentra la política italiana es formar un 'gobierno del presidente' que pueda conducir el país hacia unas nuevas elecciones. En la política italiana la fórmula 'gobierno del presidente' señala un recurso institucional diseñado para superar situaciones de ingobernabilidad. Y se refiere a la formación de un ejecutivo liderado por una figura de consenso elegida por el propio jefe del Estado y que se caracteriza por su corta duración y estar sujeto a un programa de gobierno con objetivos limitados, que en este caso sería la elaboración de una nueva ley electoral.

La centralidad de la figura de Sergio Mattarella en el proceso de formación de gobierno está justificado por los poderes que la Constitución italiana otorga al jefe del Estado. Según el artículo 87 el presidente de la República no solo nombra al Presidente del Consejo de Ministros y a los ministros, sino que guía y asiste la formación de gobierno. Se trata de un proceso casi ritual y de acompañamiento institucional cuando el parlamento salido de las elecciones es capaz de expresar una mayoría de gobierno. Sin embargo, cuando la ingobernabilidad se agudizar el presidente de la República termina asumiendo un rol crucial que a veces puede verse politizado en extremo por la necesidad de mostrar y filtrar sus preferencias, lo que puede poner en duda la neutralidad de la institución. El predecesor de Mattarela, Giorgio Napolitano, terminó siendo apodado 'il Re Giorgio' por su nivel de intervencionismo en la política italiana. Y el apodo no tenía una connotación positiva. A su decisión se debieron los polémicos gobiernos Monti, Letta y Renzi.

El problema al que se enfrenta Mattarella es que si se formaliza su propuesta de gobierno, éste deberá ser aprobado en ambas cámaras donde la mayoría que forman el M5S y la Liga augura que no será aprobado. Ambas formaciones ya han mostrado su tajante rechazo a la propuesta de Mattarella y piden ir a las urnas lo antes posible en consonancia con lo que afirman sus bases. Según una encuesta de Ipsos publicada por el 'Corriere della Sera' el 28 de abril, el 59% de los votantes del M5S prefiere ir a nuevas elecciones si no es posible formar gobierno, vale lo mismo para el 64% de los votantes de la Liga. Pues ambos partidos ven una clara oportunidad para consolidar y reforzar su condición de nuevas fuerzas hegemónicas del sistema, en detrimento de Forza Italia y el Partido Democratico.

En todo caso, el mayor riesgo que entraña la apuesta de Mattarella por un 'gobierno del presidente' no es el de la aritmética parlamentaria que le pueda permitir sacar adelante su gobierno de confianza. Sino que tiene que ver con el aprendizaje de la experiencia del gobierno Monti, también justificado por la necesidad de ofrecer estabilidad y credibilidad ante la Unión Europea y los mercados internacionales. Pues el gobierno Monti fue el mejor escenario para el crecimiento populista. La experiencia Monti (2011-2013) fue aprovechada por el M5S para convertirse en el partido preferido por los italianos apoyándose en un discurso centrado en la recuperación de la soberanía y la democracia frente a las imposiciones de la Unión Europea. Del mismo modo que el gobierno Monti supuso la ruptura de la coalición de centro-derecha liderada por Berlusconi que había ganado las elecciones en 2008 dando forma a dos formaciones que tienen como momento fundacional su negativa a sostener el gobierno técnico propuesto por Napolitano: Hermanos de Italia -que nacía como escisión del Pueblo de la Libertad- y la Liga de Salvini, que aprovechó la coyuntura para transformar radicalmente su partido a imagen y semejanza del Frente Nacional.

Los espectaculares resultados electorales del M5S y de la Lega en las elecciones del 4 de marzo demostraron la fortaleza del discurso de protesta contra la política tradicional en Italia. Y la experiencia indica que la propuesta de un "gobierno del presidente" de Sergio Mattarella puede convertirse en el mejor pretexto para que los partidos de Di Maio y Salvini sigan cebando el consenso anti político, ya hegemónico en Italia.

El Mundo (España)

 



 
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