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01/07/2018 | La rampante corrupción eclipsa las reformas estructurales de Peña Nieto

Adrián Espallargas

En el plano económico, en 2017 se alcanzó una inflación del 6,77%, la más alta desde 2000

 

El presidente de México, Enrique Peña Nieto, abandonará el poder en diciembre tras seis años al frente del país, un periodo en el que deja un legado contradictorio. Por un lado, Peña Nieto ha obtenido un gran logro al liderar una histórica coalición en 2012, el llamado Pacto por México, que aunaba por primera vez a los tres grandes partidos (PRI, PAN y PRD) para llevar a cabo una decena de reformas estructurales que eran esenciales para modernizar el país. Pero, por otro lado, el desenfrenado aumento de la violencia, junto con los numerosos casos de corrupción que han salpicado a su partido, el PRI, y un desempeño económico regular han lastrado su sexenio.

Indudablemente, la gran victoria de Peña Nieto, de 51 años, fue el Pacto por México. El acuerdo traía vientos de cambio a la política mexicana, ya que era la única vez que los grandes partidos acordaban reformas tan profundas para el país. Las reformas más relevantes fueron la energética, financiera, educación y telecomunicaciones. Sin embargo, la energética fue la más importante y controvertida de todas, puesto que permitía la inversión extranjera en el sector petrolero mexicano tras casi 70 años de monopolio estatal. La expropiación de las empresas petroleras que llevó a cabo el presidente Lázaro Cárdenas en la década de los 30 es uno de los momentos más idolatrados por los mexicanos en su historia reciente. Con esta reforma, México reabría un mercado que durante casi todo el siglo XX había estado en manos de la estatal Pemex.

Asimismo, la reforma financiera esperaba poder aumentar significativamente el número de la población bancarizada en México. Por su parte, la reforma de telecomunicaciones fue un paso importante para impulsar la competencia en este sector, que todavía está mayoritariamente controlado por Telmex, compañía de la que de Carlos Slim es el accionista mayoritario.

Por último, la reforma educativa supuso un importante paso para mejorar la calidad de la enseñanza en México. Su principal objetivo era que los profesores tuvieran que pasar un examen para certificar que gozan de los conocimientos necesarios para ser docentes, además de eliminar las plazas vitalicias y hereditarias que gozaban los maestros del sistema educativo. Esta reforma, no obstante, ha sido una de las que mayor rechazo han recibido, puesto que la CNTE, el poderoso sindicato de educación, organizó numerosas protestas para pedir la eliminación de una legislación que ponía en peligro la estabilidad laboral de miles de docentes.

Los 43 de Ayotzinapa

El punto de inflexión durante la presidencia de Peña Nieto fue la noche del 26 de septiembre de 2014, fecha en la que tuvo lugar la desaparición forzada de Iguala, también conocida como el caso Ayotzinapa. Aquella noche desaparecieron los 43 estudiantes originarios del pueblo de Ayotzinapa en las proximidades de Iguala, en el estado de Guerrero, un crimen aún no resuelto que evidenció los estrechos vínculos existentes entre el gobierno, fuerzas del orden público y narcotraficantes a nivel provincial. La incapacidad de Peña Nieto para lograr solventar el caso supuso un quiebre definitivo con la ciudadanía del que nunca se ha logrado recuperar. De hecho, ha sido uno de los presidentes con niveles de popularidad más bajos durante todo su Sexenio.

A su vez, los numerosos casos de corrupción que han golpeado al PRI y a miembros del Ejecutivo son algunos de los puntos negros de Peña Nieto. El propio presidente se vio envuelto en un escándalo de corrupción, conocido como la Casa Blanca, y el actual ministro de Exteriores, Luis Videgaray, también fue sospechoso de estar involucrado en una supuesta trama de corrupción cuando era ministro de Hacienda en 2014.

La economía tampoco ha sido un capítulo brillante en la etapa de Peña Nieto. El éxito ha sido la llegada de miles de empresas al país, además de las numerosas inversiones que anunciaron compañías internacionales que ya estaban asentadas en México. Sin embargo, el crecimiento del PIB se ha mantenido entre el 1,3% y el 3,27%, discretos porcentajes para una de las principales economías emergentes del mundo. Asimismo, la inflación alcanzó el año pasado un 6,77%, su cifra más alta desde el 2000, mientras que el peso se ha depreciado un 53% frente al dólar desde 2012, dos datos macroeconómicos que han golpeado significativamente el poder adquisitivo de los mexicanos.

ABC (España)

 



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