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07/09/2018 | La apuesta de Merkel

José María de Areilza

Si el grisaceo Weber aterriza en la Comisión, será con el viento en contra

 

Angela Merkel apoya sin entusiasmo la candidatura del bávaro Manfred Weber a presidir la Comisión. La canciller recela de esta institución y considera que debe ser un órgano de ejecución de las decisiones políticas de los jefes de gobierno. Por eso no le importa que Weber carezca de experiencia en el gobierno federal o en el Bundestag y sea un europarlamentario del montón, a veces muy escorado a la derecha, como demuestra su relación con el húngaro Viktor Orban.

Con esta jugada tiene la posibilidad de intercambiar cromos con Emmanuel Macron y con la CSU, muy crítica con Merkel por su generosidad pasada hacia los inmigrantes. Lo que no le gusta a la canciller es el método de elección del presidente de la Comisión, en manos de los partidos políticos europeos. A Emmanuel Macron le gusta todavía menos, pero no tiene fuerza para oponerse. A cambio de respaldar a Weber podrá aupar a un francés a la presidencia del BCE. Es una de las pocas maneras que tiene Merkel de hacer tándem con él y favorecer de forma tácita una política económica no ceñida a las tesis de los halcones alemanes.

El BCE hace política monetaria y política fiscal a la vez, en ausencia de instituciones europeas más desarrolladas. Ha sido el verdadero héroe de la crisis del euro, el «Rolls-Royce en el barro» que ha salvado la moneda. Su independencia y prestigio están muy por encima de los de la Comisión, devaluada tras la doble crisis del euro y de los refugiados. Pero el ejecutivo comunitario ocupa aún una posición privilegiada en el entramado institucional. Para que funcione con todo su potencial no basta una profesión sincera de fe europeísta. Cuando Jacques Delors llegó a Bruselas era un burócrata al que François Mitterrand comparaba con Tintín. Pero demostró una capacidad táctica inusitada y aprovechó a fondo un ciclo político favorable.

Si el grisaceo Weber aterriza en la Comisión, será con el viento en contra y escaso horizonte temporal para impulsar los pactos esenciales (gobierno económico, inmigración, seguridad) que pueden encender otra vez el motor de la integración.

ABC (España)

 



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