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09/11/2018 | Opinión - Elecciones en EE.UU.: Fin de ocho años de rodillo republicano en EEUU

Felipe Sahagún

EEUU se acostó el martes profundamente dividido y se despertó, tras conocer los resultados de las elecciones, más dividido todavía, pero, como señala el 'Washington Post' en su editorial, "mejora la democracia" porque el Congreso recupera su función de contrapeso constitucional y por ser el más diverso en la historia de los EEUU.

 

Gracias a un fuerte aumento de la participación, contará con más mujeres (unas cien) y más representantes que nunca de minorías, en su mayoría demócratas: las dos primeras congresistas de origen nativo, las dos primeras representantes musulmanas de Massachusetts y Connecticut, y las dos primeras senadoras de Arizona y Tennessee.

Con la recuperación, por primera vez desde 2011, de la mayoría en la Cámara de Representantes, como adelantaron todas las encuestas, los demócratas han cantado victoria y ganado capacidad para bloquear durante dos años la política presidencial, especialmente en política interior, donde la Cámara Baja tiene más peso, pero no podrán evitar la derechización del Tribunal Supremo con la elección de un segundo juez conservador por Trump por ser competencia del Senado.

Con Nancy Pelosi, de 78 años, de nuevo en la presidencia de la Cámara Baja tras ocho años en la oposición y los principales comités -Judicial, Bancario, Finanzas, Espionaje, Relaciones Exteriores...- dirigidos por demócratas, a partir de enero se estancará el proceso legislativo si no hay un cambio radical de actitud en ambos partidos y pactos de Trump con la nueva mayoría demócrata.

"Tendremos un Congreso abierto, transparente y responsable", declaró Pelosi, la política más influyente de los Estados Unidos, tras conocer los resultados. "Ya está bien de división". Pocas horas antes, en un encuentro con donantes y estrategas del partido, descartó el impeachment del presidente en los próximos meses.

Han sido las elecciones de medio mandato más caras de la historia -unos 5.200 millones de dólares, 35% más que las de 2014 según el Center for Responsive Politics- y los candidatos demócratas han superado a los republicanos en donaciones individuales.

Si era un referéndum sobre Trump, no ha habido grandes vencedores ni grandes derrotados. Quienes anunciaban un tsunami se han encontrado con una marejada. "Tremendo éxito esta noche", comentó Trump en su primer tuit de madrugada.

Exagera, pero mantiene su control del Partido Republicano y deja más o menos asegurada su candidatura a la reelección en dos años. Reagan fue reelegido en 1984, Clinton en 1996 y Obama en 2012 tras perder sus partidos las elecciones de medio mandato dos años antes.

Trump confía en seguir sus pasos si la economía -hoy creciendo un 3%, con el índice más bajo de paro en 49 años y beneficios récord en la bolsa- le acompaña, posibilidad poco probable, y los demócratas optan por un candidato presidencial demasiado escorado a la izquierda.

El incendiario presidente no estaba en ninguna papeleta, pero ha participado en la campaña y en Twitter (donde tiene 50 millones de seguidores) como si ya estuviéramos en las presidenciales de 2020. Estados decisivos como Texas y Florida seguirán con gobernadores y senadores republicanos que le pueden ayudar a conseguir sus objetivos.

Si los demócratas hubieran recuperado el control de las dos cámaras, habrían podido activar el proceso de destitución, para lo que basta la propuesta de un representante y que lo apruebe una mayoría simple (51%) de la Cámara. Pueden hacerlo, pero sería un desgaste inútil. Jamás obtendrían los dos tercios (67%) necesarios del Senado para que prosperara.

Sin el Senado, se tendrán que conformar con reabrir algunas de las investigaciones cerradas, como la de sus tejemanejes con Putin, iniciar otras sobre la corrupción de la familia presidencial y frenar la operación derribo del legado de Obama en sanidad, ayudas sociales, impuestos e infraestructuras. Incordiarán y levantarán muchos de los trapos sucios todavía ocultos de los Trump, pero la última decisión seguirá en manos del fiscal Robert Mueller y de los tribunales.

En 35 de las últimas 38 elecciones de medio mandato el partido en la Casa Blanca ha perdido la mayoría en la Cámara de Representantes y 2018 no ha sido una excepción. Desde 1958 sólo en dos ocasiones -Bill Clinton en 1998 y George W. Bush en 2002- el partido en la Casa Blanca había ganado escaños en la Cámara Baja. El resultado del martes refleja más continuidad que ruptura.

En el Senado el partido en el Gobierno ha aumentado escaños sólo en cuatro de las últimas 14 elecciones de medio mandato o intermedias (1962, 1970, 1982 y 2002). Los republicanos lo consiguieron ayer por quinta vez desde Eisenhower.

Todos los presidentes han intensificado su actividad exterior tras derrotas parecidas o peores que la sufrida por Trump para compensar su debilidad en casa. Obama dio la puntilla a Bin Laden y lanzó su pívot asiático, Clinton se implicó por fin en serio en la guerra de los Balcanes.

Trump tiene una difícil papeleta cuando coincida con Putin y Erdogan este fin de semana en Francia, aprovechando el gran encuentro organizado por Macron entre los vencedores de la Primera Guerra Mundial, y el día 30 en Buenos Aires en la cumbre del G-20, donde se reunirá con Xi Jinping.

Con su mayoría en la Cámara Baja, los demócratas endurecerán la posición de los EEUU frente a Arabia SaudíRusia y Corea del Norte, y tratarán de moderar las tensiones actuales con China e Irán. Trump y su secretario de Estado, Mike Pompeo, verán limitado su margen de maniobra para seguir negociando con Putin y Kim Jong-un sin rendir cuentas a nadie.

El pulso con China, el gran juego del siglo XXI, apenas cambiará. Los dos partidos están divididos sobre la guerra comercial abierta por Trump y representantes como Adam Schiff, probable futuro presidente del Comité de Inteligencia, apoya las represalias contra empresas como ZTE Corp y Huawei Co Ltd por espionaje industrial.

La mayoría de los demócratas se opone a la retirada del pacto nuclear con Irán, pero mientras los republicanos controlen el Senado y ocupen la Casa Blanca poco pueden hacer para remediarlo.

***Felipe Sahagún es profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Editorial de EL MUNDO

El Mundo (España)

 



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