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17/07/2019 | Mexico - Opiniòn: 2019: los ecos de los videoescándalos

Salvador Camarena

El presidente Andrés Manuel López Obrador aseguró la semana pasada que se enteró por la prensa de la detención del abogado Juan Collado, aprehendido el martes. El mandatario dijo eso para ejemplificar cuán autónoma es la actuación de la Fiscalía General de la República.

 

De haber sido así, un presidente de México conoció por las noticias de la aprehensión, durante su gobierno, de uno de los más importantes artífices de los videoescándalos, el golpe mediático más importante en su contra, orquestado quince años atrás. El trillado surrealismo mexicano es puesto a prueba una vez más.

En los videoescándalos, Collado fue clave para la filtración de los videos grabados por Carlos Ahumada. Un libro del propio argentino (Derecho de Réplica, Grijalbo) y otro de Adrián Rueda (El Complot, Grijalbo) dan cuenta de cómo se fraguó el golpe a López Obrador, entonces jefe de Gobierno del Distrito Federal y político en ascenso en las preferencias electorales.

“Todo comienza cuando Salinas advierte que el único capaz de operar el asunto es Diego, y entonces es como Salinas se ocupa de la grilla; Fernández de Cevallos de la logística y Juan Collado de la operación”, se cita en el libro de Rueda.

Pero es Carlos Ahumada el que destaca en Derecho de Réplica (2009) el preponderante rol que jugó Collado, su abogado, en toda la trama. Reproduzco enseguida algunos de los párrafos de esa crónica en primera persona.

“Me reuní con Juan Collado, quien me dijo que Carlos Salinas me quería conocer. Ese interés despertó mi curiosidad y acepté reunirme con él. La primera vez que vi a Carlos Salinas fui con Juan Collado a casa de Camino a Santa Teresa número 480 en Tlalpan. Nos recibió en su biblioteca. Ahí nos reunimos la mayoría de las veces”. (Pág. 134)

“(Nueva visita de Ahumada, ahora acompañado de Rosario Robles, a casa de Salinas) abordamos el tema por el cual íbamos: enseñarle uno de los videos de Bejarano y el de Ímaz (…) yo los llevaba en un disco compacto. Para verlos, nos pidió que pasáramos nuevamente a la biblioteca. (…) Subimos. Salinas prendió su computadora, puso el disco y comenzaron a aparecer las imágenes de Bejarano…”. (Pág. 141)

“No vi el video de (Gustavo) Ponce (secretario de Finanzas de AMLO exhibido apostando en Las Vegas) cuando fue difundido en la televisión (2 de marzo de 2004). Hablaba por teléfono para ver cómo iba la situación, y me dijeron que no sólo la Ciudad de México, sino México entero estaba convulsionado con la noticia y que era un escándalo. Llegaron agradecimientos por todos lados, de Diego Fernández, de Carlos Salinas, de Juan Collado, en fin”. (Pág. 193)

Ahumada acusa que su abogado le recomendó esconderse en Cuba: “Juan Collado, con una argumentación jurídica, para que me quedara totalmente tranquilo, me dijo: ‘Además, no hay convenio de extradición, Carlos, jamás en la vida te van a poder extraditar de ahí llegado el caso’. Francamente, no sé cómo Juan Collado sigue teniendo clientes. Si en vez de abogado fuera doctor, en su currículum tendría más cadáveres que los que dejó la bomba atómica. Lo apodarían Doctor Muerte”. (Pág. 192)

“Me preocupaba mucho la situación económica. Juan decía que me iban a apoyar, que estaban juntando el dinero varios gobernadores priistas. Se trataba del dinero que Salinas, Diego y el gobierno federal habían quedado de reembolsarme por los gastos que yo había hecho y que correspondía en gran parte al pago de la deuda que el PRD tenía conmigo”. (Pág. 206)

“Carlos Salinas me apoyó con cinco millones de pesos. Me los mandó por entregas, a través de Juan Collado. Posteriormente, Juan me pidió que le escribiera una carta a Salinas diciéndole que ya me habían entregado unos 25 millones de pesos; cuando le dije que no me había entregado ese dinero, que por qué tenía que poner eso, repuso que él había tenido muchos gastos, que Diego también le había pedido dinero”. (Pág 283)

“(Sobre la existencia de otros videos) Respecto de su paradero, algunos los tengo guardados y otros están en manos de Juan Collado, Salinas y Fernández de Cevallos. Ellos se los robaron a mi esposa Cecilia en una manera por demás burda, vil y artera. Se llegó a manejar en la prensa que los cubanos me habían incautado los videos, pero eso nunca sucedió.

(…) Al tener en su poder algunas copias de los videos, los Collado (Juan tiene un hermano también abogado, Antonio) y sus patrones, Salinas y Diego Fernández, me abandonaron e incumplieron todos los acuerdos que habíamos establecido”. (Págs. 165-166-167)

El año de 2004 de repente suena muy cercano. Y Juan Collado es de nuevo protagonista de un escándalo. Pero en 2019 la historia es muy distinta.

El Financiero (MX) (México)

 



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