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01/10/2019 | Claves de la Postmodernidad - Opinión: La corrección política tiene cada vez menos influencia

Karina Mariani

¿Han inventado las redes sociales la mentira? ¿Son culpables nuestras cuentas de facebook o twitter de que existan rumores o chismes truculentos? ¿Había crueldad, cargadas, bromas pesadas, ese paquete que hoy llamamos pomposamente bullying, antes de instagram? ¿Existían antes los demagogos? Y políticos falsos y maniqueos? ¿Es que ya se conocían antiguamente los asesinatos, masacres, el morbo por los escándalos antes de que los pudiéramos googlear?.

 

Si la respuesta a todas estas preguntas es sí, ¿a qué viene tanto alarmismo por la circulación de información en las redes sociales? ¿Por qué tanta ofuscación con las fake news y la manipulación de la información? ¿Es que acaso alguien ha visto plasmado en un tuit algo que no se haya escrito nunca antes? ¿Que diferencia una mentira expresada desde un canal de televisión de una fake new? Pues solamente la preferencia de los medios de comunicación.

REDOBLADA MORAL VICTORIANA

Los medios tradicionales, casi monolíticamente, han abrazado el mismo conjunto de conclusiones respecto del mundo que nos rodea. Gracias a un cóctel de pauta estatal y prebendas corporativas, fueron elaborando un protocolo de visiones tas sesgadas y tan estructuradas que resultaron aplastantes y autoritarias. A ese conjunto de mandamientos sobre lo que se puede o no decir y pensar se llama “corrección política” una especie de redoblada moral victoriana que no les permiten salir ni ver más allá.

En consecuencia lo único que sí pueden hacer, al igual que el famoso perro del hortelano, es vigilar y castigar a aquello que no es políticamente correcto en el marco de la circulación de información por vías alternativas. Los medios atados en su debacle a la corrección política no pueden soportar que les redes sociales salten este protocolo tan estricto basado en una agenda ideológica que en general los excede y que no les permite casi opinar: es su techo de cristal, su cepo y la causa de su bancarrota.

Los grandes medios son paradójicamente, cada vez más chicos y su influencia, menor. Las personas que son lo suficientemente libres encuentran la forma para defenderse de lo que unos cuantos popes del negocio de los medios masivos tienen diseñado para ellas.

¿Por qué tanto alarmismo alrededor de los medios pequeños y los nuevos formatos? Porque el miedo es una herramienta de control, se sabe. Generando neurosis sobre la amenaza de las fake news intentan ser los vendedores únicos de una única versión de la realidad.

La noticia, la realidad mediática es la representación que el escriba produce basándose en unos códigos y en unos intereses concretos. Las corrientes de opinión se forman como resultado de este complejo proceso, en el que los medios no son ni tan rigurosos ni tan neutrales. Las grandes corporaciones mediáticas son ventanas que abren sólo para el lado de lo políticamente correcto y dictan una agenda social y cultural, que aparece hasta el hartazgo en los bloques informativos, se repite en las portadas y titulares y se amplifican con los comentarios de los especialistas.

Anquilosados, los medios tradicionales lanzan, desde su corporativo inmovilismo, toda su artillería contra medios más pequeños y redes sociales. Tiene sentido porque su estructura clientelar no está articulada con el océano digital. Por este motivo sólo pueden mirar por las hendijas del turbulento mundo de las redes sociales y tratar de desprestigiarlas subestimando su poder y acusándolas de diseminar fake news.

¡Justo los grandes conglomerados periodísticos! Lejos de ser una fuente de contacto con la realidad, se han transformado en una usina ensimismada que otea desde sus murallas como la opinión pública ya no pasa por sus noticieros, sino por el trending topic procesado por un algoritmo.

Es el turno de los algoritmos y no hay lugar para lo políticamente correcto. Cuando es censurada la información circula por los medios pequeños y alternativos. Es como el agua, por algún lugar cuela. La agenda victoriana de la corrección donde las minorías y las voces discrepantes quedan silenciadas es hoy un fracaso.

Como no somos niños de jardín sabemos que la demagogia electoral, el amarillismo en las noticias y la mentira como método de persuasión no son un fenómeno novedoso. Podríamos situar la primera fake new en palabras de Caín diciendo que no tenía ni idea de por dónde andaba Abel que no se aparecía a cenar. Es casi seguro que las redes poco tuvieran que ver con el pícaro asesino.

¿Por qué se exige regulación, vigilancia y castigo para las redes sociales pero se condena el control sobre los medios tradicionales? ¿Fake news, noticias falsas o manipuladas, fenómenos con enorme capacidad de daño que requieren de regulaciones, prohibiciones y controles destinados a protegernos de su maléfica influencia no han existido siempre?

Cuando los medios tradicionales ven que no sirven ya para vender crecepelos, cuando ven que el protocolo de lo políticamente correcto los aleja de la preferencia del público allí se condolecen de su infortunio. Los medios alternativos son la respuesta a la hegemonía discursiva mediática. Sobre todo son reflejo de un movimiento heterogéneo, caótico, irregular, espontáneo y libre. Quienes logran escapar de los grilletes de la corrección política llevan las de ganar.

La pérdida del poder único de manipulación de la información y de la opinión es lo que genera la alarma hacia las redes. Alguien más susurra, ahora, en los oídos del público. La corrección política tiene cada vez menos influencia. La industria del miedo a decir algo que pueda ser castigado o rechazado por los grandes medios pierde poder ante el desgobierno de la información recorriendo las redes.

Entonces se conduelen de que crean polarización. Las creen responsables del auge de movimientos apolíticos y contraculturales. Hay quienes consideran que las redes sociales están pudriendo la democracia llevándola a su destrucción. ¿Podemos hablar de una industria de la corrección política? Posiblemente. Se trata al menos de una corporación regida por un consenso ideológico y político definido. Un grupo de iluminados que pensaron que su protocolo de visión del mundo ya había sido vendido, metabolizado y sellado. O hablemos mejor de un grupo de buscadores de buenas causas para convertirlas en poder y negocios.

La Prensa (AR) (Argentina)

 



 
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