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26/03/2020 | Jugar con el virus, una apuesta peligrosa

Ricardo Kirschbaun

Donald Trump, Jair Bolsonaro y Andrés López Obrador apuestan a que los efectos de la pandemia sean menores.

 

Trump anunció que volverá a encender la economía después de Semana Santa. Y que no habrá más restricciones. Bolsonaro está trenzado en una pelea encarnizada con varios gobernadores, sobre todo con los de Sao Paulo y Río de Janeiro. Para el presidente brasileño -como para el jefe de la Casa Blanca- lo principal es que la economía no se termine de hacer trizas. El peculiar Andrés López Obrador, el presidente mexicano que se ufana con no contar con pasaporte para salir de su país, dijo que hay que hacer vida normal, ir a restaurantes y fondas con la familia.

El presidente norteamericano puso en marcha la máquina de hacer billetes verdes, que es más poderosa que la que compró Boudou y su banda, para inyectar liquidez a la economía. Su reelección, que se juega en noviembre, depende de estos meses. Lo desafían dos demócratas, ambos en grupo de riesgo por la pandemia, Biden tiene 77 años y Sanders 78 y un infarto de miocardio reciente.

Bolsonaro​ tiene una táctica. Quiere culpar a los gobernadores que le ruegan que cierre todo y pare el país de la crisis económica brasileña, que será profunda. Todas las noches las cacerolas protestan contra el titular del Planalto, empecinado en hacer creer que esto es una gripecita.

López Obrador​, aliado al gobierno argentino, juega a hacerse el ignorante del peligro, apostando a mantener la economía en funcionamiento.

Frente a estos ejemplos, hay otros de distinto signo. Los que ordenaron la cuarentena total. Algunos reaccionaron tarde como Italia y España, donde se da la paradoja que el vicepresidente tiene a su mujer con coronavirus​ pero no se aísla porque no quiere estar ausente de lo que se cocina en el poder. España ya tiene más muertos que China, donde nació esta pandemia. Beijing ha comenzado a controlarla en base a una mano de hierro, no solo práctica, sino con ayuda del control cibernético. Ningún chino está a salvo del recuento globular oficial, carecen de independencia, también por este tipo de vigilancia digital.

La economía mundial se está hundiendo. Quienes han optado por la cuarentena obligatoria tendrán el castigo económico cuyas consecuencias todavía no se pueden mensurar. Pero la preocupación por frenar el virus está primero que todo.

Es un dilema de hierro. Unos, por razones políticas, apuestan a mantener la aparente normalidad, bajando el precio de esta pandemia. Es la gripecita de Bolsonaro, la subestimación de Trump, y el paternalismo casi suicida de López Obrador. Otros, no.

Argentina no acompaña al gobierno mexicano en esto: ha dictado una cuarentena estricta, desafiada por los que no creen que es un peligro o los que lo admiten en teoría y pero no en práctica. Conducta muy argentina.

Esta es una sociedad abierta. Como la italiana, la francesa y la española, por nombrar a las más comprometidas, y debe defenderse con las herramientas que le da la Constitución. No pueden hacer lo que hizo China​ por múltiples razones, fundamentalmente porque existen derechos que deben ser resguardados. Es un equilibrio delicado, en el que no caben los sheriff que cierran sus pueblos como si fueran de su propiedad. Para que esto funcione la conducta colectiva debe ser respetando y haciendo respetar la ley.

Hay que saber también que la cuenta regresiva de la economía puede provocar reacciones de necesidad extrema, en la que el coronavirus sea dejado de lado por otras razones.

Clarín (Argentina)

 



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