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28/05/2020 | Psicopolítica y el hombre-masa

Juan Pablo Ialorenzi

Inspirado en los pensamientos de Foucault, el filósofo mundialmente aclamado Byung-Chul Han, en Psicopolítica, busca dar un paso adelante en la misma línea de su predecesor. Reconoce que las afirmaciones que hace el sociólogo francés sobre el control social son ciertas, pero inadecuadas para nuestros tiempos.

 

Foucault, con el concepto de biopolítica, habla del control como la manipulación de los cuerpos, sobre lo orgánico. La “biopolítica de la sociedad disciplinaria, provee un material explotable demográficamente, pero no psicológicamente. (…) La psicopolítica digital, por el contrario, es capaz de llegar a procesos psíquicos de manera prospectiva”. Con los ya naturalizados avances tecnológicos que acompañan cada momento de la vida, el control es recibido de un modo tan completo como placentero.

El Big Data almacena todas nuestras acciones en la red e incluso algunas fuera de ella. Esta gran cantidad de datos da la capacidad de ejercer una profunda dominación sobre el sujeto, incluso utilizando sus gustos y pensamientos.

Ortega y Gasset en su célebre obra La rebelión de las masas, recrea a lo que él denomina el hombre-masa, que no debe confundirse con ninguna categorización socioeconómica. Este es un ser “hecho de prisa, montado nada más sobre unas cuantas y pobres abstracciones” y que, por ello, es igual en distintas partes del mundo. La masa está desarraigada de su pasado y su naturaleza, solamente reconoce un mundo superior al de cualquier otra época, abierto a infinitas posibilidades. Se siente capaz de realizar todo cuanto se le antoje, pero no sabe cómo. Es un hombre que no puede ni acceder a la sospecha de su propia ignorancia, por lo que se cree soberano de construir su camino, cuando realmente se encuentra perdido, sin poder divisar ni un comienzo ni un fin. Antonio Gramsci también refiere al “uomo qualunque” y, aunque se trata de un hombre distinto al anterior, coincide con el filósofo español en que es un ser incapaz de reconocer su condición. Con este panorama, en medio de semejante nivel de confusión y auto-desconocimiento, no solo es fácilmente alcanzable la manipulación sobre la masa, sino que esta la acepta con gozo.

Ataque a la soberanía

Nunca los países habían estado sujetos a acontecimientos globales que los condicionen tan decididamente y frente a los cuales sean impotentes. Y en estos tiempos críticos esta cualidad se acentúa. Las presiones internacionales, económicas y políticas, imponen su poder y control sobre las naciones y esto dificulta el ejercicio de la soberanía. Impone a los Estados la imperiosa necesidad de adoptar políticas amistosas para estos poderes dominantes. De esta forma, si bien todos los países se ven afectados, los más rezagados cuentan con menos libertad de maniobra para la elección del propio destino. Es verdad, los Estados siguen siendo soberanos, pero es necesario admitir que este contexto se los dificulta bastante.

Lo mismo sucede en el plano social. Las App gubernamentales siguen esta tendencia. Hoy ya es posible ejercer un poderío antes desconocido por los gobiernos totalitarios, pero siempre soñado. La suma de controles es vista como liberación por el hombre común. Es importante advertir que el control no solo sirve a quien busca consumidores de productos, sino también a quien quiere votos. El Big Data hace “del ello un yo susceptible de ser explotado psicopolíticamente”.

Legitimidad del control

El politólogo Agustín Laje y el investigador Miklos Lukacs en el libro Pandemonium, e incluso en su versión marxista y progresista, Sopa de Wuhan, el mismo Byung-Chul Han y el italiano Giorgio Agamben advierten sobre las posibles y peligrosas consecuencias que traerían las políticas públicas aplicadas durante la pandemia en casi todo el mundo, que claramente responden a un mismo enfoque: el Estado es el único capaz de proteger a las personas. Han concluye que “con la pandemia además se acepta sin cuestionamiento la limitación de los derechos fundamentales” y Laje afirma que las políticas totalitarias de los gobiernos en medio de las crisis dan una legitimidad a las acciones que difícilmente se pueda retrotraer.

El expresidente de Brasil, Lula da Silva, confirmó esto con una polémica frase que expresaba “alegría” porque la pandemia enseñó las “ventajas” del socialismo. Pero, como vimos, el control ya no es el control de los cuerpos foucaltiano. Este nuevo enfoque geopolítico necesita de un control absoluto. También un político oficialista, el pasado lunes, dijo frente a las cámaras de un canal de televisión que “la única manera de controlar el aislamiento es el control de la conciencia”. Si bien seguramente haya sido un lapsus, representa con claridad el espíritu de la psicopolítica. Es este el punto en dónde se unen el más férreo comunismo y el avanzado capitalismo: el hombre predecible y cosificado, para que algún día la manipulación del sujeto sea como controlar objetos.

 

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La Prensa (AR) (Argentina)

 



 
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