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02/07/2020 | Opinión - Oferta, demanda y oportunidad: el trípode fundamental del crimen organizado

Carlos Milsztain

En el marco de conmemorarse el Día Internacional contra el Tráfico Ilícito y Abuso de Drogas, me gustaría referirme a aquellas acciones directas o que, por capilaridad, contribuyen al financiamiento del crimen organizado transnacional permitiendo la instalación de sociedades comerciales destinadas a oficiar de pantalla para encubrir ilícitos de toda naturaleza, entre los que el narcotráfico constituye uno de los pilares más importantes financiándose y utilizando una logística pergeñada no sólo para traficar espuriamente sus productos, sino también para introducir en la cadena de tráficos, todo aquello que el trípode de la OFERTA-DEMANDA-OPORTUNIDAD, les permita.

 

Teniendo en cuenta que en este esqueleto la pata más importante del elemento estará construida y, por ende, sustentada con componentes tales como: “la porosidad de las fronteras”, “la aplicación o desidia de los controladores y las fuerzas del orden”, “la fortaleza o laxitud de las normas”, y eventualmente la “complicidad de ciertos estratos de los poderes concernidos”.

Justamente la sumatoria de estas acciones o no-acciones, darán mayor o menor sustento al módulo OPORTUNIDAD, ya que la OFERTA-DEMANDA siempre fue una ley básica del mercado y la OPORTUNIDAD estará entonces puesta de manifiesto en la debilidad de esta pata del trípode que, de desmoronarse, dejará ya sin mayores controles la OFERTA-DEMANDA y a merced de las organizaciones ilícitas.

Asistimos sin lugar a mayores dudas, desde hace poco más de veinte años, a un cambio radical en lo que hace a ciertas operaciones de comercio exterior, siendo que en muchos casos ya las mercaderías se han tornado en NO-MERCADERIAS por el complejo hecho que algunas de éstas carecen en sí mismas de entidad comercial 1, transformándose en meros vectores que pretenden justificar movimientos de grandes masas de dinero. Los productos así mercadeados hasta pueden ser objeto de descarte posterior, sin mellar significativamente el rédito económico de las operaciones, toda vez que el fin primigenio fue logrado: girar las divisas al amparo de una seudo importación, o ingresarlas mediante una fingida exportación. De tal forma el colocarla en un mercado, interno o externo, pasa a ser solamente una posibilidad de mejorar el negocio optimizándolo de tal modo con otras ganancias pretendidas, pero no indispensables para las estructuras del ilícito.

Entonces, al mencionar que las organizaciones actúan en función de la oferta-demanda-oportunidad, movilizándose por aquellas fronteras más permeables, también debemos entender que el contrabando en todas sus variantes posibles, hoy ya no es solamente aprovechado por comerciantes tradicionales que pretenden sacar ventajas a través del ilícito para mejorar sus finanzas. Hoy el complejo mundo del contrabando se ve poblado además por verdaderas sociedades fantasmas que se instalan y desinstalan con suma rapidez, y que en gran medida son pantallas del narcotráfico y del terrorismo en todas sus concepciones y que suelen financiarse mediante estas maniobras.

Con un único fin de conseguir dinero para llevar a cabo sus cometidos, alternan en sus tráficos ilícitos, con lo que sea negocio en el momento oportuno, recorriendo así la gama comercializable de los estupefacientes y sus precursores, o las armas convencionales, químicas y biológicas; o aquellos otros productos de distinta entidad, pero también sumamente lucrativos como lo son los residuos peligrosos; o -con menores riesgos legales en Sudamérica- el tráfico de mercaderías falsificadas, incluyendo aquellas que inducen a error o engaño a los consumidores.

Al aliento del facilismo que puedan encontrar van enquistándose en las naciones, cimentando su fuerza en sus propias economías florecientes que les permiten dilapidar lo suficiente como para comprar ciertas voluntades de inescrupulosos funcionarios.

Ya con la plataforma lo sobradamente sustentada en la instalación además de modalidades delictivas que se manifiestan en lo cotidiano, siguen creciendo al amparo de los usos y costumbres que llevan al grueso de las sociedades a tolerar y casi justificar estos delitos, influyendo a veces con verdaderas campañas de prensa, que más que denunciar suelen apologizar de la mano del intelecto de ciertos medios interesados.

La paulatina destrucción social, sanitaria y económica, recién se pone de manifiesto a la azorada sensibilidad de sus verdaderas víctimas, cuando el entramado social se ha visto destruido, y la anarquía amenaza las estructuras democráticas, en razón de la creciente pobreza, desocupación y violencia. Todo esto signado por el fatídico matrimonio droga+alcohol, que suele tentar a los desahuciados que se sienten caminar hacia un no-futuro.

Se torna evidente que ante estos flagelos que hoy signan a nuestro planeta, con mayor incidencia social-destructiva en nuestros países en desarrollo, las aduanas no pueden permanecer ajenas en la lucha contra el ilícito en todas sus variantes. El panorama sudamericano, desgraciadamente rico en conflictos sociales, económicos y políticos, influenciados en gran medida por el accionar de muchos movimientos que enmascaran sus móviles espurios en proclamas referidas a luchas reivindicatorias, se presenta verdaderamente complicado de no asumir las organizaciones aduaneras en su conjunto, un común accionar frente al azote.

Durante estos últimos veinte años, el llamado Plan Colombia, si bien ha producido un verdadero endurecimiento de las autoridades colombianas asistidas por gobiernos extranjeros, frente a la detección y aborto de exportaciones de estupefacientes y lavado de dinero, no es menos cierto que ha producido un verdadero “efecto globo”, al presionar en los puertos y aeropuertos colombianos, desplazando la masa del delito y sus actores, hacia otras latitudes para encontrar fronteras más permeables y menos controladas desde donde exportar la droga hacia el Norte o hacia Europa. Estos desplazamientos del tráfico han ido generando “derrames” de estupefacientes en las naciones afectadas, transformando en países de consumo, a los que antes eran de tránsito. Esta variación de la escala comercial, ha producido la instalación ya de los cárteles en forma orgánica, con todas las derivaciones comerciales que este tipo de delito requiere para su consolidación.

Y desde luego, no están ajenos como ya fuera expresado, las células de extremismo ideológico o religioso, que rayanas con el fundamentalismo encuentran en estos tráficos, el alimento necesario para enriquecer sus arcas, destinando gran parte del producido a la ingeniería de la logística y estrategia de sus atentados.

Lo hasta aquí planteado sería sólo la introducción de una problemática de mucha mayor complejidad, que merece ser tratada en forma multidisciplinaria y con la transversalidad necesaria como para que todas las organizaciones estatales involucradas, puedan aportar sus esfuerzos frente a problemas ya estratégicos para las naciones.

Pero aun tratándose de problemas abordables desde distintas ópticas preventivas y represivas, el rol de las aduanas como primera barrera en la trinchera de contención, resulta ineludible.

El precio de la inacción es prohibitivo, cuando los males a prevenir son del tipo irreversible.

* Carlos Milsztain,Ex Funcionario de la Dirección General de Aduanas (1971-2015). Autor, coautor e impulsor de diversos proyectos legislativos aprobados y vigentes vinculados con la seguridad interior, la lucha contra los tráficos ilícitos de residuos peligrosos, las mercaderías falsificadas o inductoras de error a los consumidores, medicamentos y sustancias psicotrópicas

La Prensa (AR) (Argentina)

 



 
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