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19/09/2020 | Italia - Un ¨asesino¨ de acero invitado a las elecciones en Apulia

Daniel Verdu

La ciudad italiana de Taranto alberga una colosal acerería convertida en una bomba social que marca el debate de cara a los comicios de este domingo en la región.

 

Taranto, Italia - La mayoría de las fachadas del barrio de Tamburi, en la ciudad de Taranto (Apulia), son de color rosa o grisáceo. Los vecinos las pintan así para que no se note el polvo de hierro rojizo y contaminante que desprenden los hornos de la colosal acerería ILVA (hoy ArcelorMittal), la mayor de Europa, construida en 1960. El barrio nació décadas antes junto a un acueducto cuando la ciudad conservaba todavía el encanto pesquero y llegó a tener unos

8.000 habitantes. Aquí venían los residentes del centro a respirar aire más puro. Hoy está rodeado de naves abandonadas, chimeneas y fábricas. También de una cementera y una refinería, que suelen producir una nube de contaminación que ha elevado la mortalidad infantil y el número de casos de tumores por encima de la media regional. El miedo y ese olor a muerte obligaron a muchos a hacer las maletas: hoy solo queda la mitad de la población. Pero el problema se extiende a toda Taranto (195.000 habitantes), convertida hoy en un incómodo elefante en el salón de las elecciones regionales que se celebrarán en Apulia (cuatro millones de habitantes), en el sur de Italia, el próximo domingo. El candidato del Partido Democrático (PD; centroizquierda), magistrado y actual gobernador, Michele Emiliano, y el de Hermanos de Italia (ultraderecha), Raffaele Fitto, mantienen un igualado pulso en el que evitan todo lo posible tocar este tema.

Tamburi está rodeado de mastodónticas cubiertas construidas para intentar evitar que las dioxinas vuelen por toda la ciudad. En 2012 un tribunal de Taranto obligó a cerrar temporalmente la planta más contaminante y arrestó a parte de sus directivos acusados de sobornar a técnicos y políticos para evitar los controles ambientales. Ocho años después una nube naranja sigue iluminando el cielo las noches de mayor producción. En la piazza del Gesù Divino, Ignazio D’Andria regenta su Minibar, un lugar de encuentro y laboratorio donde algunos vecinos se organizaron para recoger fondos para un departamento de oncología y hematología pediátrica en el hospital de Taranto. En la barra coinciden a menudo trabajadores de la acerería —la mayoría sometidos a un ERTE— y madres y padres de hijos con cáncer.

Francesco, gafas de espejo negras y pendientes con brillantes, es uno de esos operarios señalados. “Claro que hay una fractura social. Es inevitable.

Ellos están en paro y con familiares enfermos y piensan que nosotros, en cambio, tenemos trabajo y somos quienes les envenenamos. Yo quería tener una coctelería en la playa de Jamaica, pero me ha tocado nacer aquí... Esto es lo que hay”.

Taranto, bañada por dos mares y con un enorme potencial turístico sacrificado, es poco dada a los términos medios. Aquí o estás a favor o en contra de la acerería, que multiplicó sus dimensiones en 1975 —su superficie es el doble que la de la propia ciudad— y hoy se encuentra en manos de una multinacional y a mitad de rendimiento. La planta industrial da empleo directo a unas 8.000 personas —llegaron a ser 14.000—, de las que la mitad son tarantinos, y favorece el ecosistema de otras 4.000 que viven de las contratas. Alimenta al puerto y genera un tráfico marítimo importantísimo para la ciudad, convertida en una las grandes puertas italianas en el Mediterráneo. Taranto vive de su acero, pero más de la mitad del PIB industrial de Apulia (el tacón de la bota en el mapa de Italia) es también fruto del efecto ILVA y ningún gobernador ha afrontado con determinación el conflicto entre trabajo y salud.

Massimo Castellana, de la Asociación de Padres y Madres de Taranto, que lidera el activismo desde hace décadas para cerrar la acerería, añade un matiz a este supuesto dilema que el propio primer ministro, Giuseppe Conte, les planteó en agosto echando balones fuera. “Es que nadie nos ha dado a elegir. La acerería es una industria decidida desde Roma. ¿Crees que alguien preferiría morir aquí a cambio de tener un trabajo? ¿Para qué queremos el empleo si no tenemos salud?”, señala en su casa mientras ofrece los datos oficiales publicados por el informe Sentieri, que analiza los fenómenos epidemiológicos y de prevención.

La mortalidad infantil es en Taranto un 21% superior a la media regional; la incidencia de los tumores en niños de 0 a 14 años superaría en un 54% a la del resto de ciudadanos de Apulia y el exceso de muerte infantil ronda el 20%. Durante un tiempo se recomendó a las madres de Tamburi que no dieran de mamar a sus hijos porque encontraron restos de dioxina —el causante de dichas enfermedades junto a los benzopirenos— en la leche materna. Los mismos análisis detectaron plomo en la sangre de algunos niños, una sustancia que puede producir notables problemas cognitivos. La tierra está envenenada también y está prohibido que los animales pasten en un radio menor a 20 kilómetros. Una situación insostenible de la que todo el mundo es consciente, pero nadie en un país que acaba de ser nombrado sede de la Cumbre Mundial de la Salud en 2021 encuentra solución. En el Ayuntamiento, por primera vez, asegura su alcalde, Rinaldo Melucci, se sienten respaldados por el Gobierno nacional.

El martes pasado el ministro de Economía, Roberto Gualtieri, propuso un plan para reducir la dimensión de la planta y utilizar fondos europeos para convertirla en punta de lanza de la reconversión verde pomposamente denominada New Green Deal. “El PD ha pasado de ser el partido que emitía decretos para salvar la ILVA a ocuparse de la gente”, defiende Melucci en su despacho, mientas compara la situación de su ciudad con la que vivió Bilbao con sus altos hornos hace una década. El Consistorio pretende destinar 1.000 millones de euros en los próximos diez años a la reconversión de la ciudad, de los cuales un 30% serían fondos europeos. Pero hay demasiados intereses fundidos en el acero, como también apunta el líder del sindicato FIOM-CGIL en Taranto, Giuseppe Romano. La solución que aportan los representantes de los trabajadores pasa por reducir el tamaño de la acerería, eliminar el ciclo de aire caliente (el más contaminante) y entrar en un plan necesario de prejubilaciones que aligere el peso de la empresa. Pero todo suena muy lejano aún. Demasiado para que lo que se decida el domingo sea decisivo.

El resultado que salga de las urnas, señalan todos los afectados, no resolverá el problema. Emiliano, el más populista de los socialdemócratas, gobierna en la región desde 2015 y no ha hecho apenas nada. Su propuesta de descarbonizacion sigue siendo demasiado vaporosa. Y Fitto, una saltimbanqui de la política —ha sido también miembro de Forza Italia y de otros partidos— ya presidió Apulia sin interesarse lo más mínimo por este asunto. Un informe de la Fiscalía sostiene que la contaminación provocada en tierra, agua y aire por la planta siderúrgica está relacionada con 11.000 muertes en los últimos siete años. En Tamburi durante un tiempo no pudieron ni enterrar o desenterrar a sus muertos por el nivel de contaminación del cementerio, recuerda D’Andria. Así que ya no esperan nada: “Esta guerra ya no la ganaremos”.

El País (Es) (España)

 



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