Chavez está viviendo una mortal paradoja: para que su CNE pueda fabricarle 10 millones de votos virtuales el 3D, necesita a miles de venezolanos que hagan cola en los centros de votación y poder "graficar" así una supuesta asistencia masiva en las urnas.
Pero el pueblo no parece estar dispuesto a seguirse "calando" los interminables discursos del teniente coronel, pues en apenas una semana reclamó varias veces ser escucha do, provocando así la indignación del "líder". Mientras frente a Miraflores cientos de agricultores protestaban airadamente contra la destructiva política agraria del régimen, en Tulé, Estado Zulia, un grupo de seguidores gritaba frente a Chávez: "Presidente, amigo, queremos hablar contigo", en gesto desesperado a través del cual pedían soluciones para sus problemas de vivienda (el más rotundo fracaso de los miles de fracasos del régimen). El mandatario respondió iracundo: "! Les está hablando el líder! ¿No les parece que el líder merece respeto? (...) El líder es líder o no lo es, entonces si no quieren dejarme hablar porque gritan más duro, sencillamente me levanto y me voy (...). Yo les exijo a los que están irrespetando o que se queden callados o esperen a que este acto termine y veré si los atiendo. ¿Me van a permitir continuar o me van a sabotear el acto? ¿Los mandaron los adecos?".
La noche anterior ya había protagonizado otro incidente semejante, con lo cual demuestra cuán poco le preocupan los problemas del pueblo, al que usa con fines electorales. Fue durante la entrega de recursos para proyectos regionales, en el Palacio de los Eventos. El Universal informa que "Chávez amenazó con poner fin al acto: "no voy a poder hablar. Está bien, voy a terminar entonces. Me voy a despedir. Si no me dejan hablar yo me retiro, me retiro porque así no se puede. Yo entiendo la pasión y los gritos, pero yo quisiera transmitirles algunas cosas que me parecen importantes". La situación se repitió por tercera vez durante la cadena del miércoles 15 en el Teresa Carreño, en un acto con el fin de crear organizaciones estudiantiles paralelas a las democráticamente elegidas en liceos y universidades del país, elecciones perdidas masivamente por el gobierno, como le ha pasado también en los comicios sindicales. Esa noche, algunos estudiantes comenzaron a gritar consignas de reclamo y Chávez, ofendido, les ordenó callarse "porque no iba a permitir que el acto se le fuera de las manos". Quien habla en cadena hasta por los codos durante horas, malgastando los recursos públicos, pidió agriamente a los estudiantes "precisión en las palabras, que no se extendieran porque el tiempo en TV vale oro".
El excesivo poder y la adulación han creado un culto enfermizo a la narcisista personalidad de Chávez, quien parece haberse creído que él es Venezuela y que encarna, sin necesidad de consulta, la voluntad del pueblo. Paradoja terrible en quien se dice impulsor de una democracia "participativa". Chávez ha vivido políticamente de las "apariencias" creadas por el más abusivo y extenuante uso de los medios de comunicación, a los cuales, contradictoriamente, culpa de sus males. Reclama a sus colaboradores no haber sabido "comunicar" sus imaginarios logros. Despliega su violatoria campaña electoral en medio del caos generado por la ineptitud y corrupción de su gobierno y sin embargo no cree ser merecedor de las protestas de quienes están hartos de promesas incumplidas. Por eso increpa a quienes le piden solución para sus problemas de vivienda, acusándoles de emisarios adecos. A pesar de estar nadando en petrodólares, a los que se añaden los inmensos recursos que le entrega el arrodillado Banco Central, el país se cae a pedazos, el desempleo y el hampa reinan y la pobreza y las enfermedades endémicas crecen. Y de eso quiere hablar el "pueblo" reclutado y vestido con franela roja, en vez de obligarle a vitorear "Uh, ah, Chávez no se va" y mostrar una falsa emoción ante las cámaras cuando el incansable parlanchín habla pestes de Mr. Danger y del neoliberalismo salvaje, o maravillas del carcamal cubano.
Chávez desde la hiriente abstención del 4D comenzó a padecer el efecto Potemkin. Este ministro de la zarina Catalina II la Grande, "creó" en las estepas rusas falsos pueblos formados por enormes decorados que la Zarina, desde su carroza, tomaba como muestras de la eficaz labor constructora de su ministro. Detrás de aquellas espectaculares fachadas, no había nada: Eran "casas" y "calles" de utilería. Los cubanos asesores de imagen del "líder" tendrán, a partir de ahora, que crear un "soberano" de utilería, que vista franela roja, que no grite consignas distintas a "Uh, ah, Chávez no se va" y que aplauda. Como sólo el Canal 8 hace las transmisiones oficiales, la performance del "nuevo" e "inmóvil" soberano será totalmente grabada y del cual sólo se harán tomas con planos medios y largos, para que los escasos espectadores no perciban el engaño de tan fantasmal "realidad" política. Sin duda el clímax de la democracia participativa y protagónica.