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23/08/2005 | Balance del accionar israelí en Gaza

Caroline Glick

"Durante las últimas semanas, hemos sido testigos de un fenómeno notable. De pronto, inmediatamente después de los atentados suicida del mes pasado en Londres, escuchamos informativos de noticias desde París a Londres pasando por Nueva York en los que los analistas del terrorismo anuncian ferozmente que sus países tienen que seguir los pasos de Israel al hacer todo lo que puedan para hacer frente a los terroristas suicida".

 

Existe una triple ironía en el hecho de que Occidente, y los europeos en particular, recurran ahora a Israel en busca de asistencia a la hora de defenderse frente a sus redes jihadistas crecidas en casa. Primero, y quizá no haga falta mencionarlo, hasta que el terrorismo suicida no les llegó a ellos, eran raudos en condenar todas y cada una de las acciones – desde la construcción de controles hasta las detenciones administrativas, pasando por las redadas militares de guaridas terroristas – que el ejército y el Shin Bet (Agencia de Seguridad de Israel) han tomado para evitar y prevenir terroristas suicida. Ahora, cuando son ellos mismos los que sufren el mismo destino, son rápidos en ignorar sus críticas previas y acudir a Israel en busca de ayuda.

 

Y para rematar la faena, ninguno de ellos – desde la administración Bush hasta la directiva europea – ha sacado la conclusión obvia de que los terroristas que atacan a Israel el nombre de la jihad no son distintos en absoluto de los que les atacan en nombre de la jihad, y que por tanto, una de las mejores maneras que tienen de defenderse es apoyar a Israel y poner fin al apoyo a la Autoridad Palestina, que de la cabeza a los pies está imbuida en la ideología del terror y la jihad.

 

La segunda muestra de ironía en la recién encontrada admiración mundial hacia el visionario Israel es que llega, por supuesto, al mismo tiempo que el gobierno Sharon-Peres está llevando a cabo el paso más significativo en la historia de Israel para rendirse y apaciguar a los mismos terroristas inapacigüables entregándoles Gaza sin condiciones adjuntas. Quizá si su apreciación hubiera llegado un poco antes, Israel no habría tenido que adoptar una política que es antitética con las políticas que los europeos y los norteamericanos tanto admiran ahora.

 

La muestra final de ironía es que mientras que como consecuencia de los atentados de Londres, Occidente está comenzando por fin a tomarse en serio la amenaza del terrorismo suicida en sus ciudades, esta novedosa sobriedad en casa tiene lugar al mismo tiempo que la administración Bush está recurriendo a una política de acortar su guerra contra el terror en el extranjero. Esta política de recortar las acciones ofensivas norteamericanas contra el terrorismo internacionalmente es evidente tanto en su gestión de la situación en rápido deterioro de Irak hacia un estado islamista de gobierno chi´í según las directrices de Irán, e incluso más peligrosamente, en la gestión irresponsable por parte de Estados Unidos de la creciente amenaza nuclear iraní.

 

El tardío respeto a las tácticas contraterroristas de Israel recuerda a la gratitud igualmente tardía que recibimos por la decisión del primer ministro Menachem Begin de desplegar a las fuerzas aéreas para destruir el reactor nuclear iraquí de Osirak en 1981. La heroica operación de Israel se topó en aquella época con una condena de extremo a extremo del mundo, desde Washington a Europa pasando por el Consejo de Seguridad de la ONU. Inmediatamente después del ataque, la administración Reagan impuso sanciones militares sobre Israel, limitando drásticamente las exportaciones militares norteamericanas al estado judío. Solamente como consecuencia de la invasión de Kuwait por parte de Saddam Hussein en agosto de 1990, Estados Unidos expresó por fin su gratitud a Israel por tener el nervio y la visión para actuar como lo hizo, cuando lo hizo.

 

En lunes, milicianos armados del Consejo Supremo de la Revolución Islámica en Irak (SCIRI), de respaldo iraní, tomaron el ayuntamiento de Bagdad y anunciaron que Hussein al-Tahaan, un miembro del grupo, era el nuevo alcalde de Bagdad. El alcalde real de Bagdad, Alaa al-Tamimi, está actualmente oculto temiendo por su vida. Tamimi fue colocado en el puesto por Estados Unidos inicialmente, inmediatamente después de derrocar al régimen de Sadam. Según las circulares de prensa, la embajada norteamericana en Bagdad no ha hecho comentarios en la materia, aparte de decir que estaba al tanto de la situación. Debería observarse que el SCIRI es miembro de la coalición iraquí en el poder. El propio Primer Ministro iraquí en persona, Ibrahim al-Jaafari, proviene del Partido de la Dawa Islámica chi´í, de respaldo iraní.

 

Después, el martes, el Secretario de Defensa Donald Rumsfeld señaló con enfado pero de manera poco entusiasta a Irán después de que fuerzas iraquíes y norteamericanas interceptasen camiones transportando explosivos a combates terroristas en Irak. Mientras que Rumsfeld acusaba a Irán de no evitar el contrabando de armas, rehusó decir quién estaba detrás del contrabando en la república totalitaria de Irán, dejando para algunos "especialistas", en palabras del The New York Times, decir que "podría ser el trabajo de contrabandistas o de grupos ramificados de insurgentes, mas que el gobierno de Irán". Por supuesto, podría.

 

El London Telegraph informaba de que "las nuevas bombas son similares a las utilizadas por los terroristas de Hezbolá contra los israelíes en el sur del Líbano". No, por supuesto, que la guerra de Irán contra Estados Unidos y Gran Bretaña tuviera algo que ver con su guerra contra Israel.

 

POR SI LA VOLUNTAD APARENTE DE WASHINGTON de recostarse y permitir que Irak se convierta en un títere iraní no fuera lo bastante preocupante, tenemos para bregar la patética respuesta la política nuclear en la cuerda floja de Irán por parte de la administración Bush. Con la llegada de Mahmoud Ahmadinejad como nuevo presidente de Irán, vemos el establecimiento de la directiva iraní más radical desde la revolución islámica de 1979. En uno de sus primeros actos como presidente, Ahmadinejad ordenó romper los precintos de la Agencia Internacional de la Energía Atómica de la ONU en sus instalaciones nucleares de Isfahán, y reanudar las actividades de enriquecimiento de uranio. Al mismo tiempo, Alireza Jafarzadeh, un exiliado iraní que en el 2002 denunció el programa nuclear secreto de Irán, declaró esta semana que Irán dispone de 4000 centrifugadoras en sus instalaciones nucleares de Natanz, que son capaces de producir uranio para armamento.

 

A pesar de todo esto, Estados Unidos continúa respaldando negociaciones absurdas entre los tres mosqueteros europeos – Alemania, Gran Bretaña y Francia – y el gobierno iraní, orientadas a apaciguar a Irán para que abandone sus actividades de enriquecimiento de uranio. Su última oferta -- que incluía compromisos para suministrar regularmente a Irán combustible nuclear; asistirle en investigación nuclear; cancelar las limitaciones de transferencias tecnológicas a Irán; inyectar inversiones en la economía iraní; y, por último pero no menos importante, no atacar a Irán – fue rechazada sumariamente por los iraníes como una broma. Pero para aplacar al pobre Ministro de Exteriores alemán obsesionado con las negociaciones, Joschka Fischer, y a sus homólogos británicos y europeos, los iraníes colocaron un cebo afirmando estar dispuestos a continuar negociando. Y el Presidente norteamericano George W. Bush dio las bendiciones de Washington a continuar las discusiones. Estados Unidos no sólo sí que continúa respaldando estas negociaciones, sino que, informaba The Washington Post la semana pasada en lo que sólo puede ser descrito como una fuga a propósito desde la administración, Estados Unidos determina ahora que los iraníes no desarrollarían armamento nuclear hasta el 2015.

 

El aspecto más extraño de lo que sólo puede caracterizarse como la política norteamericana de apaciguamiento hacia Irán es que, al contrario que en cualquier otro país islámico, el pueblo iraní sí que desea en realidad derrocar a su régimen y reemplazarlo con una democracia secular no islamista. Apenas esta semana, los trabajadores se manifestaban en el exterior del parlamento de Irán exigiendo su sueldo y mejores condiciones, y las mujeres cortaban el tráfico en la autopista que lleva al edificio del parlamento exigiendo sus derechos humanos. En las áreas kurdas del noroeste de Irán, se informa que 20 personas fueron asesinadas por las fuerzas de seguridad durante las manifestaciones anti-régimen. Durante más de un año, Irán ha visto manifestaciones a diario que no han cesado, ni siquiera aunque el gobierno haya recurrido a niveles crecientes de violencia – incluyendo la tortura y las ejecuciones sumarias de manifestantes – para hacer frente al malestar nacional.

 

Pero, aparte de algunas declaraciones dispersas de apoyo a estos iraníes extremadamente valientes y a los disidentes que reciben atención mediática, la administración Bush no ha tomado acciones concretas para apoyar a estas personas de ningún modo tangible. En realidad, el verano pasado, la entonces consejera de seguridad nacional Condolizza Rice publicaba una directiva a todos los empleados del gobierno norteamericano prohibiéndoles tener cualquier contacto con opositores al régimen iraní.

 

Complementando sus políticas derrotistas en Irak e Irán, los Estados Unidos señalan aún más su deseo de desentenderse de la guerra contra el terrorismo islámico colocando cada vez más presión sobre Israel para apaciguar a los terroristas palestinos. Aparte de exigir que Israel arme a las milicias palestinas que están profundamente implicadas en el terrorismo contra sus ciudadanos y que Israel ceda todo control sobre las fronteras internacionales de Gaza, la Secretaria de Estado Rice y sus subordinados están incrementando la presión sobre Israel para que a la próxima retirada y expulsión de los judíos de Gaza y norte de Samaria, le sigan aún más retiradas y expulsiones del resto de Judea y Samaria.

 

A la luz de todo esto, parecería que ha llegado el momento de que Israel lidere de nuevo al mundo en la lucha contra el azote de la jihad atacando las instalaciones nucleares de Irán por su cuenta. No hay duda en la mente de nadie de que un Irán armado nuclearmente, un país que ya ha amenazado abiertamente a Israel con la destrucción nuclear, es la amenaza a la seguridad más grave que afronta Israel. Algunos analistas políticos han sugerido que para incrementar su apoyo dentro del partido Likud, Sharon puede optar por atacar Irán inmediatamente después de las retiradas y expulsiones de Gaza y el norte de Samaria.

 

A la luz de esta creciente amenaza de aniquilación, si la única opción para destruir el programa de armamento nuclear de Irán fuese lanzar una guerra convencional contra Irán, tal guerra, incluso al precio de las vidas de miles de soldados israelíes, valdría la pena. Si Sharon justificara el programa de retirada y expulsión como medio de permitir a las fuerzas aéreas o a la Mossad la destrucción de las instalaciones nucleares de Irán, sería posible encontrar un modo de racionalizar este programa tras los hechos.

 

Desafortunadamente, desde que Sharon adoptase el cargo en el 2001, ha hecho un lema de nunca tomar ninguna acción militar de ningún tipo sin la aprobación norteamericana. El hecho de que enviara recientemente a su fiscal personal, Dov Weisglass, a Washington para pedir a Estados Unidos 2 billones de dólares en ayuda suplementaria como consecuencia de la retirada de Gaza manifiesta simplemente su continua dependencia política y psicológica de la administración. Tristemente, con el presente estado de las cosas, Irán y sus filiales terroristas pueden descansar tranquilos. Israel no lidera a nadie ahora mismo. Que eso me deje por mentirosa.

Caroline Glick, nacida en EE.UU., es graduada de Columbia University. Participó en el proceso de negociación de paz entre Israel y la OLP y ocupó un puesto de relevancia en las negociaciones llevadas a cabo por el Primer Ministro Rabin. Luego de retirarse de la política, Glick se dedicó al periodismo y actualmente es subdirectora del Jerusalem Post. Durante la última guerra de Irak, Glick estuvo "empotrada" junto a las tropas norteamericanas, siendo parte del primer contingente en entrar a Bagdad.

Diario Exterior (España)

 



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