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19/12/2005 | Privatizar la política exterior

Caroline Glick

John Bolton, el embajador de América ante Naciones Unidas, muy bien podría ser el mayor amigo de Israel en el gobierno americano. El domingo pasado, en una brillante estancia de un hotel de Nueva York, Bolton daba el discurso central de la cena anual de la Organización Sionista de América.

 

El discurso de Bolton fue refrescantemente sincero. No escatimó críticas a la ONU y su antisemitismo endémico. Bolton admitió que la elección del embajador de Israel ante la ONU, Danny Gillerman, al puesto de uno de los 15 vicepresidentes de la Asamblea General y la aprobación de la resolución de Israel de establecer un Día Oficial de Recuerdo del Holocausto en la ONU son “pasos positivos”. Pero al mismo tiempo, estableció que “afirmar que se puede decir que Israel es tratado en la ONU como una nación cualquiera sería una declaración de fantasía”. Bolton observó con evidente repugnancia que las declaraciones del presidente de Irán Mahmoud Ahmadinejad pidiendo que Israel fuera barrido del mapa “casi no llamaron la atención en la ONU”. Han sido tratadas con inacción a pesar de que “éste es un presidente de un gobierno que lleva casi 20 años practicando una política estratégica de intentar adquirir armas nucleares”. Bolton enfatizó que el programa nuclear iraní no sólo amenaza a Israel, sino a todas las naciones de la región, y eventualmente puede amenazar a los propios Estados Unidos.

El embajador norteamericano debatió en profundidad un acto anti-Israel que tuvo lugar en el cuartel general de la ONU el 29 de noviembre, el cual no recibió cobertura por parte de la prensa hebrea y fue ignorado por el Ministerio de Exteriores. Ese día, como en cada aniversario de la votación de 1947 en la ONU recomendando la partición del Mandato Británico en la Tierra de Israel, la ONU patrocina un día oficial de solidaridad con el pueblo palestino.

Este año, la profesora de Derecho Anne Bayevsky, que en los últimos años ha asumido heroicamente el papel de denunciar el antisemitismo institucional de la ONU, logró fotografiar a escondidas el acto en el que participaron el Secretario General de la ONU, Kofi Annán, y los presidentes de la Asamblea General y el Consejo de Seguridad. Los tres líderes de la ONU se sentaron en una tarima delante de un escenario en el que en un mapa de Oriente Medio, Israel era reemplazado misteriosamente por un país llamado “Palestina”. Ninguno de los líderes de la ONU, ni ninguno de los restantes participantes en el acto, vieron apropiado protestar por el hecho de que Israel hubiera sido literalmente “barrido” de este mapa oficial de la ONU.

Según Bolton, “pienso que necesitamos utilizar este ejemplo, esta prueba del defecto fundamental dentro de la propia ONU. Esto no es simplemente un error que cometieran los tres hombres no hablando del mapa. No hablaron del mapa porque no vieron nada inusual. Y en la práctica no hay nada inusual en ello en el contexto de la ONU. Necesitamos asumir esta posición e ir más allá de cualquiera que sea nuestra reacción normal - criticar a la gente implicada por no criticar el mapa, por no abandonar la estancia. Necesitamos afirmar que esto es un punto de inflexión para cambiar la cultura de la ONU”.

Como israelí, escuchando a Bolton no pude evitar sentir una profunda sensación de vergüenza. Cierto, es extraordinario saber que existe un embajador americano en Turtle Bay que va a hacer lo imposible por defender los derechos de Israel. Pero no pude evitar preguntarme dónde encajan el embajador de Israel ante la ONU y el Ministerio de Exteriores en esta historia.

Se diría que desde que fuera elegido vicepresidente de la Asamblea General, el embajador Gillerman parece haber dedicado una cantidad excesiva de su tiempo elogiando a Kofi Annán por las migajas que arroja en la dirección de Israel cuando quiera que es presionado por el Congreso norteamericano para que reforme la endémicamente corrupta ONU.

Y ciertamente, una tiene que preguntarse, ¿a qué propósito sirve, aparte del de la ironía, celebrar un Día Oficial de Recuerdo del Holocausto en la ONU? A diario, la ONU se ocupa a sí misma en catalizar un segundo Holocausto impulsando su agenda de deslegitimación del derecho de Israel a existir en cada organismo de la ONU a excepción del Consejo de Seguridad, donde Israel está protegido por el veto norteamericano.

Que el único motivo por el que el público haya conocido el borrado literal de Israel en la ONU de su mapa oficial sea a causa de subterfugios de Bayevsky es una fuente de vergüenza - una ciudadana particular y activista de derechos humanos que logró introducir a escondidas una cámara digital en la sala en la que tenía lugar el acto. ¿Dónde se encontraba la delegación de Israel cuando los funcionarios de la ONU organizaban este acto e imprimían este mapa? ¿Dónde estaba la delegación de Israel cuando era colocado el mapa? ¿Dónde estaba la delegación de Israel cuando Bayevsky trabajaba en solitario para mostrar al mundo a qué se dedica a financiar el presupuesto de la ONU? ¿Y por qué no es condenado clara y resueltamente el hecho de que la ONU utilizara un mapa en el que Israel había sido barrido, en la página web del Ministerio de Exteriores, o mencionado siquiera? ¿Por qué las únicas páginas que mostraron palabras de ultraje fueron la página web del ZOA y el UN Watch de Bayevsky?

LO QUE SE MUESTRA prominentemente en la página web del Ministerio de Exteriores es un informe de la votación de la semana pasada en la Conferencia Diplomática de todos los estados parte de las Convenciones de Ginebra que abrirá el camino a que el Magen David Adom finalmente se convierta en miembro de la Cruz Roja Internacional y la Sociedad del Creciente Rojo. Según una declaración del Ministro de Exteriores Silván Shalom colocada en la página web, la votación “refleja la mejora de la posición internacional de Israel en los últimos años... esto es otro logro más para la diplomacia de Israel, que se une a una larga lista de otros éxitos en los últimos meses”. Tristemente, al igual que en el caso del tratamiento de Israel en la ONU, lo que vemos aquí es otro ejemplo más de diplomáticos israelíes que confunden churras con merinas.

El acuerdo que Israel alcanzó con Cruz Roja Internacional no es un logro, sino un aborto. El conflicto de Israel con la organización era un conflicto acerca de los símbolos. Durante 58 años, Israel ha solicitado con justificación que Cruz Roja reconozca la estrella roja de David - el símbolo nacional del pueblo judío durante tanto tiempo - como símbolo de igual legitimidad que la cruz y la media luna. Pero la votación de la organización no reconocía su igualdad. En lugar de eso, el símbolo del pueblo judío era reemplazado con una barroca forma de diamante. Puede que a las delegaciones del MDA en el extranjero se les permita mantener la estrella roja de David dentro del diamante, pero otra vez más, puede que no se les permita hacerlo. Esa decisión se encuentra en manos del gobierno para el que el MDA se despliega con el fin de asistir.

Como editorializaba el Wall Street Journal el día después de la votación, “los diplomáticos israelíes celebran este acuerdo como una gran victoria. Odiaríamos ver una derrota”. El editorial continuaba, “si los empleados humanitarios israelíes por todo el mundo, como el cuerpo médico, tienen que esconder su identidad y vestir algún símbolo 'New Age' para encontrarse bajo la protección del derecho internacional, uno tiene que considerar esto simplemente como otro ejemplo más de la deslegitimación gradual de Israel como estado judío”. Lo que el editorial del Journal, el activismo de Bayevsky y las acciones de Bolton en la ONU tienen en común es que en todos los casos, los extranjeros, en lugar del Gobierno de Israel, son los que protestan por el maltrato a Israel por parte de los organismos internacionales.

De hecho, desde el estallido de la guerra del terror palestino, mientras la posición internacional de Israel y la posición de los judíos por todo el mundo se han deteriorado hasta un nivel desconocido desde el Holocausto, las acciones más eficaces tomadas en defensa de Israel internacionalmente han sido llevadas a cabo por organizaciones privadas e individuos particulares, principalmente en Estados Unidos. Estas acciones cubren un amplio abanico: desde afrontar el antisemitismo en los campus universitarios, presionar al Congreso norteamericano y a la UE con el fin de suspender la financiación a la Autoridad Palestina, Egipto y Arabia Saudí, denunciar el hallazgo de arsenales de organizaciones terroristas y hasta monitorizar los medios norteamericanos en busca de distorsiones en la cobertura de Oriente Medio. El Instituto de Investigación Mediática de Oriente Medio, que supervisa y traduce prensa árabe, ha hecho más por exponer el anti-occidentalismo, la misoginia, el antiamericanismo y el antisemitismo genocida que es el pan nuestro de cada día en la cultura árabe de lo que cualquier gobierno de Israel soñó hacer nunca.

En algunos casos, estas organizaciones han sido apoyadas por el Ministerio de Exteriores. En otros, han sido socavadas por el Ministerio de Exteriores. Pero de cualquier forma, es imposible negar el hecho de que la incompetencia de gobierno israelí a la hora de defender a Israel en el escenario internacional, y particularmente en Estados Unidos, ha sido mitigada sustancialmente por los valerosos esfuerzos de estas organizaciones y particulares, muchas de las cuales funcionan como voluntariados.

EN LUGAR DE EXIGIR que el Ministerio de Exteriores funcione de modo más eficaz, simplemente ha llegado el momento de que los israelíes reconozcan que, por el motivo que sea, el ministerio es incapaz de operar de modo diferente. El quid de la cuestión es que desde el comienzo del proceso de Oslo en 1993, el Ministerio de Exteriores ha preferido las ceremonias vacías y pomposas a los logros diplomáticos reales. Quizá algún día obtengamos nuestro propio Bolton que solucione la situación. Pero sin importar si aparece uno o no, ha llegado el momento de que los israelíes comiencen a impulsar iniciativas privadas.

Un lector de Florida me envió una idea esta semana que potencialmente podría suponer una contribución enorme a la alianza estratégica de Israel con Estados Unidos.

Se ha informado extensamente de que el mayor lastre sobre la moral del personal militar norteamericano desplegado en Irak son los largos períodos de tiempo separados de sus familias. Las tasas de divorcio entre los americanos de servicio y sus mujeres se están disparando. Mi lector sugería que los israelíes organizaran un programa para albergar a las familias de militares norteamericanos en Israel mientras sus padres y madres están desplegados en Irak. Si sus familias son alojadas cómodamente en Israel, los soldados, marines, marineros y pilotos americanos podrían ver a sus familias una vez al mes en vez de una vez al año.

Es cierto que el Departamento de Defensa norteamericano no sugerirá que las familias del personal militar norteamericano en Irak se muden a Israel durante la duración del despliegue de los miembros de la familia. Pero nadie podría impedirles hacerlo. No hay duda de que el proyecto reforzaría los vínculos Estados Unidos-Israel y no hay duda tampoco de que la iniciativa puede ser gestionada más eficiente y eficazmente por ciudadanos particulares que por el gobierno.

Nosotros los israelíes dedicamos una cantidad enorme de tiempo y energía a criticar la incompetencia de nuestro gobierno. Ha llegado el momento de que dejemos de quejarnos y comencemos a actuar.

Bolton finalizó su discurso hablando de la unicidad de la política exterior americana. Según sus palabras, “Nuestra política exterior no está gestionada por un grupo elitista que se sienta en su ministerio de exteriores y dicte la política sin importar lo que piense el votante y nuestra legislatura. La característica más destacada de nuestra política exterior es que en última instancia, está determinada por nuestros ciudadanos”. Otro ejemplo más de las lecciones que nuestros amigos americanos pueden darnos.

El Reloj (Israel)

 



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