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23/12/2013 | El 'tempo' de Raúl Castro

Gina Montaner

El dictador clausuró la sesión del Parlamento dejando claro que no acelerará las reformas económicas y políticas para no 'empujar al fracaso' al castrismo.

 

El presidente cubano, Raúl Castro, clausuró el sábado la sesión plenaria de la Asamblea Nacional del Poder Popular (Parlamento) con un discurso que no dejaba espacio para las dudas: no acelerará su agenda para las reformas económicas y políticas porque eso sería "empujar al fracaso" el modelo castrista.

Con sus palabras, el hermano pequeño de Fidel obvió con descaro que la revolución marxista emprendida hace ya más de medio sigo fue, desde el principio, un experimento destinado al fracaso porque el totalitarismo tiene la terca manía de asfixiar a los individuos.

Desde que Raúl asumiera el poder, su objetivo ha sido el de poner parches a la maltrecha economía cubana, pero, como ha repetido en numerosas ocasiones, no para cambiar, sino para "actualizar el modelo". Precisamente fue en 2010 cuando el actual mandatario de la isla anunció que se pondría en marcha una serie de innovaciones económicas, con el fin de subsanar la improductividad del sistema y los pobres resultados reflejados en la carestía generalizada. Desde entonces, los pasos que se han tomado han sido más que lentos. Incluso se ha dado marcha atrás en algunos avances, como el de proporcionar mayor libertad a los ciudadanos que trabajan por cuenta propia.

Estrategia del 'palo y zanahoria'

Sin ir más lejos, recientemente se prohibió la venta de ropa de importación, un negocio floreciente para muchos cubanos que, en sus viajes a Miami, compraban prendas muy baratas y al kilo que luego vendían en la isla a mejores precios que los artículos que se encuentran en las escuálidas tiendas estatales. El Gobierno no pudo tolerar la creciente autonomía y competitividad de los humildes emprendedores. En cambio, ahora los cubanos podrán adquirir coches de importación sin la carta de autorización que necesitaban hasta ahora. El eterno 'palo y zanahoria' de un sistema atrapado en su laberinto.

En el vaivén de unas reformas insuficientes, Raúl ha reiterado que habrá más, sobre todo en lo relativo a atraer la inversión extranjera. En el Parlamento también se anunció que el proceso de la unificación de la moneda -en Cuba circulan dos, el peso cubano convertible (CUC) y el peso cubano (CUP)- sigue adelante, con la próxima imposición de una moneda única, el CUP. Pero tampoco se dijo cuándo se hará la unificación y cuál será la tasa de cambio. Todas recetas económicas que aconseja el ministro del ramo, Marino Murillo, una suerte de consigliere del régimen para mejorar los asuntos de la 'Cosa Nostra', pero asegurándose de que ninguna medida provoque el vendaval, como le sucedió a Gorbachov en la antigua Unión Soviética.

No olvidemos que el desvencijado casino lo manejan los Castro, y por eso el énfasis de Raúl en señalar que el ritmo lo marca él y no quienes quisieran acelerar el proceso en un momento en el que, tal y como se admitió en el Parlamento, el crecimiento económico de 2013 fue menor del previsto y las perspectivas para el año entrante no son halagüeñas.

Para no romper con la tradición de hacerle llegar a Washington el mismo mensaje hueco y a modo de gastado deseo navideño, en su discurso Raúl reiteró que está dispuesto a continuar el diálogo con la Administración Obama, siempre y cuando respeten el derecho de Cuba a mantener su actual modelo político. Y es que a los Castro les entra por un oído y les sale por el otro el compromiso del presidente estadounidense con la disidencia interna, a pesar del saludo protocolario en las exequias del presidente Nelson Mandela.

Lo paradójico es que La Habana y Washington coinciden en la ventaja de este 'tempo' lento. Por no decir muerto. Los dinosaurios del castrismo lo estiran para su supervivencia. Y Obama sabe que le apretó la mano a un cadáver político. El deseo de todo presidente de EEUU desde Lyndon Johnson es que la transición en Cuba le toque al próximo inquilino de la Casa Blanca. Eso va a costar mucho dinero y no pocos sobresaltos. En todo caso, las verdaderas reformas no sucederán en vida de Raúl y de Fidel. Hablando en plata, eso se llama democracia.

El Mundo (España)

 


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