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28/02/2007 | La administración ha elegido simular que ha tenido éxito fracasando

Caroline Glick

Es imposible aventurar las consecuencias del inminente enfrentamiento entre Estados Unidos e Irán. Pero si los sucesos de la semana pasada son de alguna utilidad, el futuro no parece prometedor.

 

El Presidente George W. Bush afirmaba el miércoles que el acuerdo logrado por el Departamento de Estado con Corea del Norte en las conversaciones a seis bandas "nos traerá una Península de Corea libre de armas nucleares". Pero es difícil ver el cómo.

Consumidos siete meses desde que Corea del Norte probase un misil intercontinental y cuatro meses después de llevar a cabo una prueba nuclear subterránea, el acuerdo no hace ninguna mención a los arsenales nucleares o de misiles de Pyongyang. En la práctica, todo lo que hace es sobornar cortésmente a Corea del Norte a cambio de la promesa de que en cuestión de 60 días precintará temporalmente sus instalaciones nucleares de Yongbyon. A cambio de esta promesa, los americanos acuerdan suministrar al Norte 50.000 libras de crudo; celebrar conversaciones directas con los norcoreanos hacia la normalización de los vínculos diplomáticos; y cancelar las sanciones financieras que en la práctica han excluido a los norcoreanos de los mercados internacionales.

El último tributo norteamericano es una tontería. En el 2006, el Departamento de Hacienda tomó medidas contra un banco de Macao que estaba lavando dólares norcoreanos. Esa acción fue el primer paso verdaderamente eficaz que Estados Unidos ha dado hacia la desestabilización del régimen estalinista de Kim Jung Il.

Kim comprende que el único modo en que puede permanecer en el poder es obligar a la comunidad internacional a financiar su tiranía. El único modo en que puede hacer que las potencias financieras lo financien es utilizando el chantaje nuclear. Al eliminar las sanciones bancarias, Estados Unidos destruyó en la práctica su única medida eficaz de presión contra Corea del Norte, y así garantizó que la tiranía de Kim continuará. A la luz de esto, como observaba el exembajador norteamericano ante la ONU John Bolton, el mensaje enviado por Estados Unidos al acceder al acuerdo es "si te mantienes en tus términos el tiempo suficiente e ignoras a los negociadores del Departamento de Estado, con el tiempo serás recompensado".

Al margen de capitular frente a Corea del Norte, Estados Unidos daba esta semana un primer paso hacia la aceptación de Hamas como actor legítimo. El acuerdo de unidad entre Fatah y Hamas negociado bajo las instrucciones del supuestamente moderado rey saudí Abdalá es un sorprendente revés para la política norteamericana con los palestinos. Al rebajar en la práctica a Fatah frente a la posición de socio de Hamas, el acuerdo supone un bofetón en la cara de la administración Bush, que durante los últimos cuatro años ha basado su política hacia los palestinos en la fe ciega al líder de Fatah, Mahmoud Abbás.

Desde el 2003, la administración lo ha apostado todo por Abbás. Ninguna cantidad de pruebas de la implicación directa de Fatah en el terrorismo contra Israel pudo convencer a Bush y a la Secretario de Estado Condolizza Rice de alterar su opinión de que Abbás es "un moderado" dispuesto a hacer la paz con Israel.

Estados Unidos le ha inundado de dinero, armas y legitimidad, y obligado a Israel a hacer lo mismo. Y en La Meca la semana pasada, Abbás manifestaba que ha tomado a Bush por imbécil. No solamente acordaba no luchar contra Hamas ni desarmarlo. Al aceptar un acuerdo que no incluye el reconocimiento del derecho de Israel a existir, Abbás demuestra que no existe ninguna diferencia significativa entre Fatah o Hamas en términos de su compromiso de llevar a cabo la destrucción de Israel.

Pero al igual que con Corea del Norte, también aquí la administración Bush ha elegido simular que ha tenido éxito fracasando. En lugar de distanciarse de Abbás, Rice insiste en seguir adelante con la cumbre a tres bandas del lunes entre Abbás y el primer ministro Ehud Olmert.

Es posible que haya más aquí de lo evidente. Es posible por ejemplo que Estados Unidos esté dispuesto a recibir unos cuantos golpes con el fin de quitarse minucias de encima, para poder concentrarse en el mayor peligro para la seguridad global. Quizá la administración Bush esté apaciguando a Corea del Norte mediante el soborno y apaciguando a árabes y europeos siendo agradable con los palestinos con el fin de ganar tiempo para tratar con Irán.

Pero si éste es el juego que están jugando los americanos, es un juego peligroso. En primer lugar, no existe ninguna garantía de que sus concesiones vayan a ganar tiempo alguno. Los norcoreanos ya han faltado a su presunta premisa de cerrar las instalaciones de Yangbyon y permitir el acceso libre a los inspectores internacionales. De igual manera, al reunirse con Abbás la semana que viene, Rice podría estar abriendo la postura norteamericana a la extorsión palestina.

El jueves, Abbás anunciaba que posponía el discurso público en el que presuntamente iba a describir el acuerdo de unidad con Hamas hasta después de la cumbre con Olmert y Rice. Al hacerlo, está abriendo el camino a una denuncia pública post-cumbre de Estados Unidos e Israel que sellará su acuerdo de subordinación de Fatah y él a Hamas.

Hoy, Los indicadores positivos y negativos con respecto a la naturaleza y el resultado de una confrontación norteamericana con Irán discurren juntos, y por tanto pronosticar el aspecto y resultado probable del enfrentamiento es completamente imposible.

Por una parte, Estados Unidos está comenzando a poner sus miras abiertamente en los agentes y los activos iraníes en Irak. Esta maniobra limitada ha sido suficiente para poner nerviosos a los líderes iraníes, que aparentemente temen que sea el primer paso de una ofensiva americana total contra Irán.

Sus temores también son alimentados por la movilización naval norteamericana en el Golfo Pérsico y el anuncio del gobierno iraquí de que cierra sus fronteras con Irán y Siria, y el despliegue de fuerzas de la OTAN cerca de la frontera afgana con Irán.

Económicamente, la presión que Estados Unidos ha venido ejerciendo sobre las petroleras asiáticas y europeas para que suspendan sus operaciones en Irán está empezando a dar sus frutos. El martes, The New York Times informaba de que la economía iraní, que depende por completo del petróleo y el gas, está comenzando a mostrar signos de fatiga. Sin asistencia exterior, los iraníes no pueden sostener el presente el ritmo de exportación durante mucho tiempo, ni desarrollar la capacidad de sus reservas. Esta carencia obligará al régimen a suspender los subsidios al gas y el petróleo, y por tanto alimentará la inquietud civil.

El miedo del régimen a la inquietud en la calle crece cada día mientras el propio régimen muestra cada vez más señales de desintegración. Con el líder supremo Alí Jamenei sufriendo al parecer las últimas etapas de un cáncer, el experto en Irán Michael Ledeen informaba esta semana de que la lucha sectaria por la sucesión entre las fuerzas leales al Presidente Mahmoud Ahmadinejad y las fuerzas leales al expresidente y líder del poderoso Consejo de los Guardianes Hashemi Rafsanjani está ganando fuerza. La batalla por la sucesión ha engullido a los propios ayatolás, que se están volviendo unos contra otros.

Además, según Iran Press Service, el ataque en Baluchistán que costó la vida a una docena de efectivos de la Guardia Revolucionaria el martes tan sólo fue uno de los muchos ataques violentos contra objetivos del régimen que han tenido lugar en los últimos días. Si Estados Unidos y sus aliados actúan con inteligencia, hay motivos para creer que podrían fomentar con éxito una revolución que derrocaría al régimen.

Pero que Estados Unidos esté interesado en derrocar al régimen está lejos de quedar claro. Esta semana, el Senador por Oklahoma Tom Coburn difundía un informe sobre las emisiones norteamericanas en farsi en Irán. Del análisis de esas emisiones, Coburn llegaba a la preocupante conclusión de que lejos de trabajar por el objetivo norteamericano declarado de derrocar al régimen, estas emisiones financiadas por el contribuyente norteamericano "minan la política norteamericana en Irán, apoyando con frecuencia incluso la propaganda de la República Islámica de Irán".

No hace falta decir que éste no es el tipo de comportamiento que sería esperable de Estados Unidos si la administración buscara realmente la caída de los mulás o si estuviera planificando un ataque contra las instalaciones nucleares de Irán.

Después está el informe de la UE filtrado que transmite que sus negociaciones hasta la fecha no han tenido ningún impacto sobre los planes armamentísticos nucleares de Irán y que cualquier negociación futura de igual manera no tendrá ningún impacto sobre las ambiciones o las actividades nucleares de Irán. Mientras que es posible entender esto como el reconocimiento del fracaso que podría abrir el camino al apoyo europeo a una campaña militar encabezada por Estados Unidos contra las instalaciones nucleares de Irán, es más probable que la UE decida que a la luz de la ineficacia de sus negociaciones con los iraníes hasta la fecha, no tiene otra opción que la huída hacia adelante.

En la práctica, esta semana, Suiza se ocupaba de ofrecer a los iraníes otro paquete de concesiones más a cambio del acuerdo de celebrar conversaciones. Si Irán, como han indicado sus agencias de prensa, está de acuerdo en negociar con los europeos, podría muy probablemente ganar algún tiempo a expensas de Estados Unidos.

Tanto Bush como Rice han dejado claro esta semana que aún se aferran a la fantasía de que la diplomacia puede ocuparse de Irán. Mientras explicaba su acuerdo con Corea del Norte el martes, Rice decía que debía verse "como un mensaje a Irán de que la comunidad internacional es capaz de organizar sus recursos, y que la diplomacia firme ha logrado resultados".

PERO SI Estados Unidos está planeando una confrontación con Irán o no, o si su acuerdo con Corea del Norte y su contínua tolerancia de Abbás están preparados para abrir camino a la confrontación con los mulás o no, esa confrontación tendrá lugar.

Mientras el régimen se desestabiliza, los mulás se radicalizan. Están implementando por las bravas su supresión de los contrincantes del régimen por todo el país. Hay pocos motivos para dudar de que intentarán desviar la atención de la gente de sus fracasos incitando a la hostilidad contra Estados Unidos en Irak y contra Israel en el Líbano, Siria o la AP, y extendiendo su programa de armas nucleares. En realidad, los iraníes tienen todos los medios a su disposición para iniciar la confrontación contra Estados Unidos en el escenario más conveniente para ellos.

Si Estados Unidos llega o no al enfrentamiento con Irán desde una posición de debilidad o de fuerza, voluntaria o involuntariamente, no hay duda de que la confrontación se aproxima. Y la diferencia entre iniciar la confrontación y permitir que Irán la inicie con un proyectil nuclear no es una cuestión trivial. Supondrá una diferencia de millones de vidas. La pregunta del momento en consecuencia es si el poco tiempo que queda antes de la guerra se utiliza con inteligencia.

Y aquí es donde está el gran fallo. Al enviar ahora un mensaje de debilidad con el fin de ganar tiempo de maniobra que puede no sea fructífero, Estados Unidos esta semana ha precipitado el momento de la verdad en lugar de espaciarlo, al tiempo que no hace nada por ganar apoyo o incrementar sus probabilidades de triunfo cuando ocurra lo inevitable.

CAROLINE GLICK es periodista por la Universidad de Columbia y editor jefe en funciones de The Jerusalem Post. Tras finalizar sus estudios, ingresó en el ejército y alcanzó una consejería en las negociaciones de Oslo junto al ex primer ministro Rabin. Tras abandonar la esfera política, Glick pasó al periodismo con una columna semanal de portada en el diario. Durante el reciente conflicto de Irak, fue la periodista empotrada del medio, estando en el primer escuadrón americano que entró en Bagdad y siendo la primera mujer en poner el pie en la capital durante el conflicto.

El Reloj (Israel)

 


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