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11/10/2018 | Opinión - El sentido de vida en la era de la Inteligencia Artificial

Javier Murillo

Cuánto dinero necesita una persona para vivir dignamente: cuánto lo mínimo y cuánto lo máximo. Este dato lo necesitamos para calcular una renta universal, que tendremos que repartir a, literalmente, todo el mundo, cuando la Inteligencia Artificial (IA) haga todo el trabajo de los humanos.

 

Si analizamos el escenario extremo y hacemos la ingeniería a la inversa. La pregunta es: qué haremos los humanos cuando no tengamos necesidad de trabajar porque las máquinas hagan la mayor parte del trabajo por nosotros.

Si lo que pasó por su cabeza fue la frase “vacaciones permanentes” y una sonrisa… es pasajero. Veamos que, en realidad, se trata de un dilema ético: ¿qué haremos con TODO nuestro tiempo los humanos si no tenemos necesidad de trabajar? Ni de estudiar. Cuando el sentido de realización no incluya mantener el bienestar, porque éste se dé de facto.

Y si las máquinas generan rentas que luego deberán ser repartidas entre todos para que compremos e intercambiemos los productos y servicios que requerimos, ¿Cuánto tendrían que darnos? ¿A todos por igual, sin un sentido de la meritocracia, por ejemplo?

Hace poco leí un artículo del Foro Económico Mundial (WEF), en donde se analizaba cuánto es “mucho dinero”. Le pedían a los lectores que pensaran qué harían si hoy, de repente, ganaran el doble de lo que hoy perciben. ¿Qué tanto cambiaría su vida?

Más allá de ahorrar o invertir, el tema es qué tanto ayudan a los demás. Veían, también, que los multimillonarios, si bien comparten con la comunidad una parte de su riqueza, nunca es en términos proporcionales. Agregan más valor a la humanidad las aportaciones de gente común, que las que hacen las personas más ricas.

Durante los años más difíciles de la más reciente crisis económica europea, en algunos de los países de esa Comunidad se daba una renta básica para que quienes estaban en el desempleo permanente pudieran subsistir (bajo su óptica de estado de bienestar).

Les daban mil euros al mes. Pronto, se referían a ellos como “los mileuristas”, que apenas libraban sus gastos mensuales, adeptos a todo lo que fuera gratuito, al reciclaje y el máximo aprovechamiento. Pronto fueron considerados un lastre para la sociedad porque desarrollaron una suerte de conformismo.

¿Será que nos volveremos naciones de lo equivalente a los mileuristas?, ¿A partir de esos movimientos surgirán los nuevos levantamientos y revoluciones, como las que derrocaron a reyes y zares? Porque el hecho de que se reparta riqueza no quiere decir que no habrá concentración desmedida, más de la que existe ahora.

Esto es apenas la punta de la hebra en este tema. ¿Cómo haremos los humanos para no atrofiarnos, en cuerpo y mente, si ya no necesitaremos trabajar? Porque en las anteriores revoluciones industriales automatizamos procesos para que disminuyera el trabajo físico, pero en la llamada cuarta revolución, las máquinas también asumen partes de nuestras tareas cognitivas.

Bajo esta lógica, es imperante que construyamos un modelo de sociedad con nuevas formas de agregar valor. Tal vez la salida será que en lugar de que las máquinas lo hagan por nosotros, desarrollemos tecnología que nos complemente y nos vuelva superhumanos, más fuertes, más rápidos, más hábiles, pero sobre todo, más inteligentes. Alguna versión de los cyborgs que nos presenta la ciencia ficción.

El Financiero (MX) (México)

 



 
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