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03/07/2017 | Italia - Milán: Efecto dominó en la banca italiana tras el rescate de las entidades del Véneto

Soraya Melguizo

El rescate italiano: un revés para la Unión Bancaria, pero no su final.El rescate de los bancos vénetos costará 700 euros a cada italiano."¿Se debió actuar antes? Es fácil decirlo ahora, pero sí, estamos aquí porque Italia no actuó a tiempo".

 

"¿Cuáles eran las alternativas? Porque yo francamente no las veo". La pregunta formulada por un incómodo Pier Carlo Padoan a los periodistas, tras la aprobación del decreto que daba vía libre a la "liquidación ordenada" de dos bancos vénetos esta semana, dejaba entrever el nerviosismo del Gobierno de Italia, que no fue capaz de actuar a tiempo para impedir la desaparición de Veneto Banca y Banca Popolare di Vicenza, dos bancos que equivalen a la mitad del tamaño del Popular, pero históricamente muy enraízadas en el territorio y que, a partir de ahora, serán absorbidas por Intesa Sanpaolo, que consolida su posición dominante en el mercado italiano.

"No había alternativas porque la semana anterior el Banco Central Europeo había retirado la licencia bancaria a los dos bancos", responde Stefano Caselli, profesor de Economía Financiera en la Universidad Bocconi de Milán. "La idea de que todos los depósitos vengan integrados en la otra banca es una operación muy inteligente", asegura.

La semana pasada el Gobierno italiano aprobó in extremis la liquidación ordenada de las dos entidades, después de que el viernes el BCE declarara a los bancos inviables o en camino de serlo. Para proceder a la liquidación, el Ejecutivo de Paolo Gentiloni movilizó 17.000 millones de euros: 4.785 millones irán a parar a Intesa Sanpaolo que, a cambio de un euro simbólico, se hará cargo de los activos sanos de las entidades intervenidas; los 12.000 restantes se conservarán como garantías estatales para afrontar futuras situaciones que pudieran derivar de la dificultad patrimonial de los bancos liquidados. Una operación aparentemente redonda para Intesa que, gracias a esta inyección de dinero público, se consolida como principal banco italiano.

"No se puede decir que sea un regalo", afirma categórico Caselli. "En el largo plazo Intesa podrá obtener beneficios pero, sobre todo, ha evitado un efecto contagio que habría provocado pánico entre los ciudadanos y hemorragia de depósitos". En definitiva: era el menor de los males.

La operación contó con el visto bueno de la Junta Única de Resolución europea (JUR), que consideró que la caída de los dos bancos no suponía un riesgo para el interés público, por lo que podían ser liquidados según la normativa italiana. Su quiebra sí habría supuesto, sin embargo, una grave grieta en la economía de la zona, uno de los motores económicos de Italia, formado por pequeñas y medianas empresas.

Pero mientras en Roma resoplaban con alivio, en Berlín el rescate a la italiana era criticado por haber roto el principio acordado entre los líderes europeos por el que los inversores debían pagar por los fracasos bancarios y no el Estado. "No es un rescate, es una liquidación con dinero público. ¡Y menos mal!", resopla Caselli. "El error es pensar que las bancas se salvan con operaciones de mercado. Las bancas se salvan con dinero público porque el mercado ha fracasado".

El ministro de Economía español, Luis de Guindos, aseguró esta semana que Italia estaba haciendo ahora lo que España hizo en 2012: inyectar dinero público para sanear el sistema financiero. ¿Se debió actuar antes? "Es fácil decirlo ahora pero sí, hemos llegado a este punto porque Italia no reaccionó a tiempo -reconoce el experto-, pero no lo hizo porque en 2012 nuestro gran problema era el débito público y se subestimó la crisis de las bancas". Italia, tercera economía de la zona euro, crece por debajo del 1% desde hace 10 años y arrastra una deuda pública que sólo en 2016 superó el 132% del PIB. La inestabilidad política -cinco gobiernos en tres años- tampoco ha ayudado a impedir el deterioro del sector financiero, que posee 18.000 millones de euros en préstamos deteriorados.

Aunque la punta del iceberg continúa siendo el Monte dei Paschi di Siena (MPS), el sistema financiero italiano ya dio las primeras señales hace dos años. A finales de 2015, con el MPS en el ojo del huracán, el Gobierno de Matteo Renzi aprobó un fondo con 20.000 millones de euros para rescatar a los bancos en apuros. Lo inauguraron cuatro pequeñas entidades, tras ser declaradas insolventes: Popolare Etruria, Banche Marche, Cariferrara y Carichieti. Pero la reciente operación sobre las bancas vénetas confirma que el Gobierno italiano "utiliza soluciones diferentes con cada banco que quiebra en Italia", denuncia la Asociación de Víctimas del Salva-Bancos, formada por afectados de esta operación.

"Compré obligaciones de Banca Etruria en 2009. Entonces no era una inversión de riesgo. Todo cambió en 2013: la banca empezó a tener dificultades, pero no modificaron el perfil de riesgo. Ése fue el verdadero error", explica la presidenta de la asociación, Letizia Giorgianni. "Fue toda una gran asociación para delinquir entre Bankitalia, que no hizo los suficientes controles, y la CONSOB [la autoridad bursátil italiana] que no informó", denuncia la periodista, que perdió 100.000 euros. Los ahorros de toda una vida. "Y lo peor de todo -añade- es que vendieron estos productos a gente que no podía comprender el grado de dificultad de lo que firmaba. Como pasará en las bancas vénetas. Tiempo al tiempo", advierte.

A diferencia de la reciente operación, el rescate bendecido por Renzi protegió sólo a los propietarios de cuentas bancarias con réditos inferiores a 35.000 euros y castigó a quienes poseían obligaciones subordinadas. Los afectados denuncian ahora que el banco no les informó de los riesgos que contraían al adquirir este tipo de productos financieros y, en la actualidad, está en curso un proceso judicial que deberá decidir si existió bancarrota fraudulenta.

El rescate de estas cuatro bancas provocó un efecto dominó. Los ahorradores corrieron a retirar sus depósitos también de la vecina Monte dei Paschi, agravando la ya delicada situación del banco más antiguo del mundo, que en 2016 vivió su annus horribilis. "En el caso del MPS se ha utilizado el mecanismo de la recapitalización preventiva", señala el profesor Caselli. "Pero para las bancas vénetas no era posible por la imposibilidad de generar beneficio". Caselli asegura que la reestructuración del sistema bancario italiano está prácticamente completada. Una vez que el MPS complete su plan de reestructuración, "no le será difícil encontrar compradores", concluye.

El Mundo (España)

 



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