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09/07/2017 | Paraguay - ¿Decepcionado de los políticos?

Víctor Pavón

Víctor Pavón comenta la insistencia de que "un buen político es el que sirve a la gente".

 

Se escucha con insistencia decir "un buen político es el que sirve a la gente”. Pero, ¿qué realmente significa esta frase? Consiste, porque así se lo practica, en visitar las casas y los barrios de los correligionarios y allegados ofreciendo asados, repartiendo camisetas, frazadas, gorritos, hasta llevar a un profesional de la salud en el lugar donde se hace proselitismo, entre otras cosas más.

La tarea más importante del político que lo define como un genuino "líder" que "sirve a la gente” sucede cuando se convierte en la “palanca” de apoyo de manera a que sus más fieles seguidores obtengan un cargo en alguna repartición estatal.

Esta forma de concebir la política se ha llegado a aceptar como lo correcto y eficiente. No debería extrañar que aquel con más dinero en la campaña electoral, desde luego tenga mejores oportunidades de ser electo que aquel que solo lo hace con ideas, propuestas y ofrece un prontuario de vida honesta.

La política se ha vuelto así la actividad en la que más rápidamente se consiguen resultados, si se lo compara con los años de estudio, pasantías, capacitaciones por los que cualquier hijo de vecino —que no está en los anillos del poder— tiene que pasar. Y es así como van llegando los peores al gobierno del país.

Ese “buen político”, sin embargo, no tiene idea acerca de cómo limitar la influencia del Estado sobre la vida y la propiedad de la gente, de por qué los impuestos deben ser sencillos y no altos, de cuándo hay endeudamiento imprudente, de cómo impactan los Tratados de Itaipú o Yacyretá; de por qué es urgente desbloquear las listas sábanas, de por qué una economía libre es mejor que una dirigida, de por qué los tres poderes estatales deben ser independientes, de por qué se debe garantizar la libertad de prensa como un obstáculo para la corrupción y la tiranía y, entre otras cosas más, del por qué las leyes aprobadas no siempre son de justicia, aun cuando hayan sido concebidas según el procedimiento de la democracia.

Los políticos que dicen “servir a la gente” no es que no tengan idea sobre ciertos temas, en verdad no les interesa. Una ciudadanía ignorante y apática es su mejor caldo de cultivo. El prebendarismo les permite tener la sartén por el mango. Además ¿por qué tendrían que cambiar su forma de proceder? No les conviene.

Ellos saben que sentados en sus adornados curules tendrán la potestad, nada más y nada menos, de repartir riqueza que otros han creado; a lo que se agrega, el estímulo todavía más seductor de que ellos mismos serán los que decidirán con sus colegas de iguales intereses (mediante el uso y abuso de las mayorías) de qué, cuánto, cuándo y dónde destinarán dinero e influencias.

Si usted está decepcionado de los “políticos que sirven a la gente” tal como hoy se entiende y se practica, no resultará cambiar por un régimen autoritario como alternativa pues es un error que sólo trae más calamidades de las que ya existen. Pero eso sí, para no seguir decepcionado, contribuya con los políticos de ideas claras y distintas a lo que hay, a los que proponen la construcción de la República en libertad bajo el imperio de la ley… ¿los habrá?

El Cato (Estados Unidos)

 



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