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20/06/2010 | México - DEA y Marina: cómo cazar al terrorista

Jorge Alejandro Medellín

Luego que la Secretaría de Marina encontró 20 kilos de explosivos en la Ciudad de México, la PGR desmintió la peligrosidad de los elementos hallados, lo que suscitó contradicciones y versiones oficiales confusas aún sin aclarar.

 

Esperaban dar con él, detenerlo y desar-ticular un ataque con explosivos por parte del crimen organizado, ahora en la capital del país, incluso, quizá, contra blancos estadunidenses. Los datos de la Agencia Antidrogas de Estados Unidos (DEA) indicaban que el sujeto había entrado al Distrito Federal, y que a través de terceros comenzaba a acumular material para elaborar nitroglicerina y dinamita. La glicerina pura, el ácido nítrico y el ácido sulfúrico para hacer las mezclas en las proporciones correctas ya los tenía.

El blanco a localizar debía encontrarse en una casa de huéspedes localizada en la calle de Mérida número 12, en la vieja colonia Roma Norte, ocupando el pequeño espacio del departamento 21-S, al fondo del segundo patio. Tras la fachada de piedra enmarcada por rejas, puertas y cancelería de hierro en color verde y coronada con flores de lis en dorado debía estar quien, para efectos del operativo, era conocido como Salim o SaleemEl islámico.

La DEA no dio a la Marina Armada de México más detalles, pero indicó que se trataba de un objetivo cercano o ligado a algún grupo extremista que habría ingresado a México por la frontera con Guatemala. Su nombre surgió en el curso de una investigación de la DEA en torno a Los Zetas y a sus vínculos con redes de venta de armas y componentes explosivos.

El objetivo contaba con una incipiente pero efectiva cobertura que le había permitido llegar al Distrito Federal y encontrar refugio en varios hoteles y casas de huéspedes. En una de éstas, la ubicada en Mérida 12, había permanecido las últimas semanas. Los detalles de la operación fueron entregados únicamente a la Armada de México. Los grupos y coordinaciones de inteligencia de la Secretaría de Marina (Semar) se reunieron con oficiales de la Agencia Antidrogas de los Estados Unidos (DEA) para conocer los movimientos y escenarios sobre la operación que en México no tuvo un nombre específico.

¿Por qué la DEA? Porque la agencia antidrogas había recibido datos muy precisos sobre la presencia de Salim a partir de informantes, documentos y declaraciones surgidas de un caso de intervención y operación encubierta antinarcóticos en el sur del continente, y todo indicaba que el objetivo estaría en la Ciudad de México, en la casa de huéspedes de la colonia Roma, unas cuantas horas más.

CÓDIGO ROJO

La operación fue compacta y hermética, a tal grado que la DEA decidió no informar nada a los hombres más cercanos al presidente Felipe Calderón en Los Pinos. Sólo el alto mando naval, el almirante Mariano Francisco Saynez y un grupo de oficiales cercanos, estuvieron al tanto de lo que ocurriría. Ni la policía ni la procuraduría capitalina (PJDF) o la Procuraduría General de la República (PGR) supieron del operativo. Se enteraron sobre la marcha, cuando en sus puestos de mando y control les informaron de un convoy de la Marina Armada, en el cual una sección (32 efectivos) circulaba en la madrugada del nueve de junio desde Viaducto Tlalpan hacia el Centro Histórico, y de ahí hacia la colonia Roma. Patrulleros de la Secretaría de Seguridad Pública del Distrito Federal, ubicada a unas cuantas calles de Mérida 12, se acercaron al lugar para saber qué sucedía. Uno de los mandos navales, el teniente Mario, se limitó a decirles secamente que estaban en el curso de un operativo. Los policías se quedaron cerca, pero no intervinieron. Sólo tomaron nota de lo que ocurría.

El despliegue alrededor de la calle de Mérida se inició a la una de la mañana del nueve de junio, cuando cerca de 40 elementos de la Armada de México comandados por un capitán de corbeta que se identificó como Miguel, bloquearon las calles que daban acceso y salida a la de Mérida 12 (entre Puebla y Avenida Chapultepec), en cuyo portón dos cámaras de video vigilancia fueron tapadas con periódicos por los marinos antes de ingresar al edificio.

SIEDO DIJO NO

Pero en realidad el operativo había comenzado muchas horas antes, en la comandancia de la Semar al sur de la Ciudad de México. Antes de iniciar el despliegue táctico de sus elementos de Fuerzas Especiales, una avanzada de oficiales de la Marina Armada se trasladó a las oficinas de la Subprocraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO), que encabeza Marisela Morales Ibáñez, para hablar con su gente, explicarle cuál era la situación y pedirle apoyo para que agentes del Ministerio Público Federal y elementos operativos acompañaran a los marinos.

Los oficiales de la Armada llegaron a la SIEDO poco después de las siete de la noche. Aguardaron durante más de cinco horas la respuesta de los encargados de coordinarse con otras instituciones como la Marina, la Sedena o la SSP Federal. Poco después de la medianoche, le dijeron en la SIEDO al capitán Miguel que siempre no, que no irían al operativo. Les anunciaron que tampoco solicitarían ante un juez federal una orden de cateo u órdenes de presentación, y mucho menos de arresto, que se las arreglaran como mejor pudieran.

Los marinos se quedaron con un palmo de narices y al salir de la SIEDO le informaron lo ocurrido al alto mando naval en espera de instrucciones y en menos de 10 minutos recibieron la orden de proceder. El blanco era preciso y los datos sobre su ubicación eran sólidos. El convoy de la Semar ya circulaba sobre calzada de Tlalpan cuando los marinos en la SIEDO recibieron la instrucción de enfilarse hacia la colonia Roma.

Habían pasado al menos cinco horas desde que los capitanes de la Marina habían solicitado apoyo a la SIEDO, así que sin la orden de cateo y con una estrategia definida los marinos se dirigieron a la colonia Roma y en cuestión de minutos se unieron al convoy que ya circulaba hacia el objetivo. Al llegar cerraron las calles de Puebla y Avenida Chapultepec mientras un vehículo que transportaba un contenedor para explosivos se estacionaba frente al número 12 de la calle de Mérida.

Perros adiestrados para detectar armas y explosivos bajaron sobre la calle para entrar al edificio. Minutos después de la una de la mañana, dos capitanes de la Marina tocaron en el interfón de la casa de huéspedes. Mientras, los marinos bloqueaban las cámaras del circuito cerrado de televisión que flanqueaban la entrada al lugar. Doña Mari, una de las cinco personas que atienden a los inquilinos de Mérida 12, preguntó desmañanada qué querían. La respuesta fue breve y contundente: “Somos de la Marina, abra la puerta, venimos a una inspección, es un operativo”.

La mujer, de unos 60 años de edad, se asomó por una de las ventanas. Descubrió a decenas de marinos encapuchados moviéndose entre los autos, apuntando sus fusiles de asalto hacia la fachada de la casona y hacia otras azoteas. Los vio mirándola, señalándola en la oscuridad.

MI CELULAR, MI DINERO, SE LO LLEVARON…

La mujer abrió la puerta. Los infantes de Marina se desplegaron rápidamente en la entrada, en el estrecho paso que divide los dos patios y en las escaleras que llevan a los cuartos para huéspedes. El capitán Miguel le explicó que buscaban a unas personas. Le dijo que fuera por las llaves para abrir los lugares que estaban con candado. La mujer obedeció. El ruido despertó a muchos de los inquilinos que se asomaron a ver lo que sucedía. Otros se quedaron en sus cuartos al ver por los pasillos del primer piso a militares con pasamontañas tocando puertas, buscando gente, ordenándoles salir y formarse en los patios.

Los infantes de Marina continuaban buscando el departamento 21-S en el que debía estarSalim, y las cosas con las que se podían fabricar “altos explosivos”.

Alan, un inquilino, dijo que “hasta donde estábamos se escuchaban los quejidos y voces diciendo ya no me pegue, ya déjeme”, pero Raúl recuerda que no a todos los trataron mal. A él y a su familia simplemente les preguntaron cuántos eran, cómo se llamaban y a qué se dedicaban. “Tú te ves buena gente, contigo no hay bronca. Métanse y no salgan”, les dijo el capitán Miguel quien ordenó a los marinos y a otros oficiales que a ese departamento no entraran, que él ya lo había revisado y estaba bien. El hombre alcanzó a ver que entraban al 21-S, justo frente a su casa. Para esos momentos la SIEDO ya había enviado a una mujer agente del Ministerio Público y a dos asistentes para que dieran fe de la operación y tomaran fotos, nombres y declaraciones de los inquilinos que ese día estaban en la casona.

Basados en datos de la DEA en los que se indicaba que el objetivo usaba un nombre extranjero, los marinos separaron de entre los inquilinos a Mathew Roberts Assanza Espinoza para interrogarlo sobre su presencia en la ciudad, su ocupación y sus nexos con otros tres inquilinos de nombre Santos Cleofás Nolasco, Juan José Cabrera López y Cristian Bárcenas Camacho. Fue la agente del Ministerio Público quien encabezó los interrogatorios en los patios de la casa de huéspedes. Ninguno de los detenidos o presentados salió nunca. El operativo duró cerca de 12 horas, hasta que los enviados de la SIEDO consideraron que las cuatro personas no tenían ningún vínculo con el crimen organizado. La SIEDO concluyó, con peritajes in situ, que el material hallado en cuatro cajas de cartón (20 kilos de ácido nítrico, glicerina y parafina) no eran explosivos, sino sustancias usadas generalmente para fabricar velas aromáticas.

Las cuatro personas separadas del resto de los inquilinos aportaron datos sobre el habitante del 21-S, a quien desde hace casi un mes no veían. Se trata de un joven moreno, de unos 30 años o menos, callado y acaso dedicado a estudiar y trabajar artesanías. Nadie estaba seguro de su nombre, pero no concordaba con Salim Saleem. No hubo manera de confrontar los datos de la DEA con alguna foto o documento, porque el sospechoso no dejó nada al registrarse en la administración de la empresa Hospedajes La Comercial SA de CV, encargada de manejar al menos 11 inmuebles en las colonias Roma Norte, Santa María la Ribera, Buenavista, Guerrero y Centro.

Los inquilinos de este inmueble pagan entre 700 y 800 pesos semanales y deben entregar en la administración copia de la credencial del IFE, de la licencia de manejo o del pasaporte vigente, además de referencias y cartas de recomendación. Sin embargo, en los últimos meses, los controles de la administración en Mérida 12 se relajaron y los empleados dejaron de exigir los requisitos para otorgar habitaciones.

Integrantes de la Marina Armada durante el decomiso de materiales explosivos. El operativo duró doce horas.
Integrantes de la Marina Armada durante el decomiso de materiales explosivos. El operativo duró doce horas. Foto: Claudia Daut/ Reuters
COMUNICADOS Y DESMENTIDOS

El personal de la Marina Armada recibió la orden de colocar las cajas en el contenedor para explosivos no obstante la molestia de la gente de la PGR. El 10 de junio la Marina difundió el comunicado 141/2010, en el que señalaba textualmente: “Dentro del esquema de vigilancia y seguridad que mantiene la Secretaría de Marina- Armada de México y como resultado del intercambio de datos con agencias de información de los Estados Unidos de América y del trabajo de inteligencia naval, esta madrugada personal de Infantería de Marina logró el aseguramiento de más de 20 kilogramos de alto explosivo, en calles de la colonia Roma de esta ciudad capital. “Dicho aseguramiento se llevó a cabo luego de una visita a un domicilio ubicado en la calle de Mérida, entre la calle de Puebla y Avenida Chapultepec, en la Colonia Roma, donde el personal naval identificó que un grupo de delincuencia organizada tenía en su poder alto explosivo, más detonante. “En el lugar fueron aseguradas cuatro personas de nacionalidad mexicana, quienes responden a los nombres de Santos Cleofás Nolasco, Juan José Cabrera López, Cristian Bárcenas Camacho y Mathew Roberts Assanza Espinoza. Cabe señalar que el material explosivo asegurado es de fácil maleabilidad, utilizado en tareas de demolición debido a su facilidad para ser adaptado a cualquier forma, el cual se puede aplicar directamente en estructuras y cuenta con una velocidad de detonación y densidad suficientes para romper el metal. Hasta el momento se realizan las coordinaciones necesarias con la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO), para poner a disposición del Agente del Ministerio Público de la Federación a las personas aseguradas e iniciar las averiguaciones correspondientes; asimismo el explosivo quedará bajo resguardo de personal de la Secretaría de Marina-Armada de México”.

La Armada de México nunca entregó a los cuatro sospechosos ni los consignó ante el Ministerio Público Federal. Un día después del cateo, la subprocuradora Marisela Morales, titular de la SIEDO, y el coordinador de la División Antidrogas de la Policía Federal, Ramón Eduardo Pequeño García, ofrecieron una conferencia de prensa para desmentir a la Armada de México. La subprocuradora aseguró que el material encontrado en la casa de huéspedes era en realidad glicerina, ácido nítrico y parafina, y que de ninguna manera se trataba de explosivos. Además, visiblemente molesta, dijo que las cuatro personas fueron interrogadas en calidad de testigos y no como detenidos.

Sin embargo, la glicerina pura, el ácido nítrico y el ácido sulfúrico son los tres ingredientes básicos para elaborar nitroglicerina, y militares del Ejército Mexicano expertos en explosivos y demoliciones señalaron que “los dos primeros elementos sirven para fabricar nitroglicerina, elemento activo de la dinamita”.

Cuatro días después del cateo en Mérida 12, la periodista Dolia Estévez, corresponsal de MVS radio en Washington, abordaba lo ocurrido y le preguntaba a Rusty Payne, vocero de la DEA en la capital estadunidense, sobre las versiones encontradas de la Semar y la SIEDO. De acuerdo con lo dicho por Payne, la versión de la Armada de México es la correcta: el funcionario de la DEA reconoció que existe una investigación en curso sobre este caso y que avanza en coordinación con la Marina. La entrevista fue difundida el 17 de junio.

El hombre que la Marina Armada y la DEA buscaban en la casa de huéspedes de Mérida 12 había abandonado el lugar tres semanas antes. En su cuarto el personal de Fuerzas Especiales de la Armada de México halló un ejemplar del Corán.

Milenio (Mexico)

 


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