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29/05/2014 | Egipto - Al Sisi, el profeta de los salafistas

Francisco Carrión

El ex militar se apoya en los fundamentalistas para legitimar su autoridad. El partido Al Nur, con una cuarta parte del Parlamento disuelto, firmó el golpe contra Mursi

 

Lideró la brutal campaña de represión contra los Hermanos Musulmanes y ha jurado borrarlos del mapa cuando desembarque en palacio. Sin embargo, el ex comandante en jefe de las fuerzas armadas y musulmán devoto Abdelfatah al Sisi es el nuevo profeta de Al Nur, el principal partido salafista (rigorista) que lleva a gala un ideario mucho más radical que el de la Hermandad. "Al Sisi es un hombre de Estado. Egipto necesita a alguien como él porque se halla al borde del colapso", argumenta a EL MUNDO el clérigo Yunes Majyun, presidente de la formación. Al Nur, fundado en Alejandría tras las revueltas contra Hosni Mubarak en 2011, ha ejercitado durante desde entonces un atrevido juego de funambulismo. Brazo político del movimiento de predicación Dawa Salafiya (Llamada Salafista), se convirtió en 2012 en la segunda fuerza del parlamento disuelto. Durante meses fue socio clave de la Hermandad, con la que aprobó una controvertida Constitución. Pero la presidencia de Mursi y su negativa a ser la sombra de la poderosa cofradía empujaron al grupo a cambiar de lealtades, "traicionar" al resto de islamistas y rubricar el golpe de Estado del pasado julio.

En los últimos diez meses, mientras cientos de miembros de la Hermandad perdían la vida en las calles egipcias y miles padecían la cárcel, Al Nur ha mantenido su apoyo al próximo presidente sin renunciar a su recalcitrante ideario que -con el Corán y la "Sharia" (ley islámica) como guías- reivindica el regreso a las esencias del islam y los tiempos dorados de Mahoma. "Al Sisi tiene experiencia como jefe de la junta militar y de la Inteligencia y goza de buenas relaciones con los países vecinos, especialmente los del golfo Pérsico", detalla el líder de un partido al que sus detractores acusan de estar financiado a base de petrodólares saudíes.

Este miércoles, en el insólito tercer día de las presidenciales decretado por las autoridades para maquillar la baja participación, los barbudos agacharon el lomo. En varias provincias del delta del Nilo fletaron autobuses para trasladar a los votantes hasta los colegios. Ajena a los principios de una democracia que repudia, su cúpula proporciona coartada religiosa a un candidato que los islamistas tildan de "carnicero" e "infiel". "Su apoyo refleja una larga tradición de pragmatismo, que consiste en colocarse del lado de un hombre fuerte por puro interés. Al Nur, además, no quiere correr la misma suerte que la Hermandad y el régimen necesita un aliado islamista que demuestre que no está totalmente en contra del islam político", indica a este diario el politólogo Amro Ali. Sin embargo, no todas las ramas del salafismo egipcio han secundado la mudanza. "Son solo unos pocos líderes salafistas los que han cometido la traición de respaldar esta farsa y permitir el regreso del régimen de Mubarak", dice Hisham Kamal, dirigente del Frente Salafista.

El Islam, compatible con la democracia

La huida hacia delante de Al Nur ha sido tan asombrosa que el pasado enero hicieron campaña por una Constitución que prohíbe la formación de partidos religiosos. "Aman la patria, trabajan por sus intereses y son conscientes de los riesgos que afronta el país", ha dicho de sus mecenas Al Sisi, cuyo peculiar uso del islam se compara con el del ex presidente Anuar al Sadat, el apodado "rais creyente". El mariscal de campo, con la marca en la frente de décadas de oración diaria y cuya esposa luce "hiyab" (velo), ha tratado en sus alocuciones de dibujar una imagen de musulmán recto. En una tesina escrita durante una estancia formativa en Estados Unidos en 2006, el ex militar reconoce que el islam es compatible con la democracia. "Hay esperanza para la democracia en Oriente Próximo a largo plazo, aunque ésta podría no seguir el modelo occidental", arguye Al Sisi quien agrega que "los partidos elegidos legítimamente deben tener la oportunidad de gobernar" citando al movimiento islamista palestino Hamas.

Precisamente fue esa devoción -en el texto señala que el califato islámico es "la forma ideal de gobierno"- la que le granjeó las simpatías de la Hermandad, que le colocó al frente del ministerio de Defensa tras jubilar a la vieja guardia del ejército mes y medio después de la investidura de Mursi. "Su tragedia, como la de Sadat, es que no puede apoyarse en ningún pensamiento político. Debe explicar el sentido del mundo y solo hay un única fuente de cultura", apunta el analista Ibrahim Awad. "Pero, al mismo tiempo, hay en su discurso una voluntad de alejarse de la Hermandad hablando de los cristianos, de convivencia y de su infancia en un barrio con mezquitas, iglesias y sinagogas", agrega. Para Majyun, el caudillo de Al Nur, no hay dudas de que Al Sisi es el redentor: "Quien le ha tratado sabe que es un señor piadoso. Un hombre religioso para gobernar a un pueblo religioso".

El Mundo (España)

 



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