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06/09/2014 | Mosul, la ciudad rehén del IS

Francisco Carrión

Varios vecinos narran a EL MUNDO la vida bajo el yugo de los yihadistas. Las prohibiciones y las atrocidades del IS alimentan la cólera popular.

 

La vida en Mosul, la segunda urbe de Irak, ya no es lo que era. Desde su irrupción hace tres meses, las huestes del Estado Islámico han alterado su geografía a sangre y fuego: miles de cristianos y chiíes han sido expulsados; las mujeres, sepultadas bajo el 'niqab' (la prenda que oculta todo el cuerpo salvo los ojos) se han recluido en sus hogares; las niñas mayores de 12 años han sido vetadas de las escuelas; la pólvora ha borrado estatuas y santuarios; y los cigarrillos, el alcohol y el narguile (pipa de agua) han sido erradicados.

El rigor del Estado Islámico (IS, por sus siglas en inglés) ha estrechado de tal modo la existencia de sus habitantes que ha terminado sembrando las primeras semillas de la ira. "Se respira mucho nerviosismo e indignación. Al principio la población dio la bienvenida al IS pero los terroristas atacaron a los cristianos y han impuesto la ley del más fuerte. Ahora solo los corruptos y los ignorantes les apoyan", narra en una conversación telefónica con EL MUNDO Mohamed, un vecino de Mosul reticente a proporcionar su nombre por miedo a las represalias.

El pánico atenaza a quienes permanecen en la ciudad, conquistada por los extremistas el 9 de junio cuando el ejército iraquí huyó de sus posiciones dejando vía libre a los barbudos. "La gente tiene miedo hasta de pasear por la calle. Los miembros del IS golpean con bastones a las mujeres que no llevan puesto el 'niqab'. Todos tememos al futuro. No sabemos que nuevas reglas se inventarán", admite Mohamed.

Lapidación pública

La última tropelía perpetrada por los yihadistas acaeció a finales de agosto. Los habitantes de Mosul asistieron perplejos a la primera lapidación pública de la villa. "Apedrearon a un hombre en una conocida plaza de Mosul porque regentaba un prostíbulo", relata a este diario Abbas Mohamed, un vecino que hace una semana pudo escapar del enclave y desde entonces malvive en el campamento de refugiados de Baharqa, a las afueras de Erbil. "Mucho de los espectadores se dieron la vuelta porque no podían soportar una escena tan salvaje", declaró Abdalá, uno de los presentes, al diario digital iraquí 'Niqash'.

"Llevaron al joven hasta el centro del patio atado de pies y manos. Un jeque dijo que aquel hombre casado había cometido adulterio", explicó el testigo. "Suplicaba -agregó- clemencia y todos podíamos oírles. Después de apedrearle, le golpearon con un pedrusco y lo mataron". El macabro espectáculo -ampliamente difundido entre la población de Mosul- duró unos 20 minutos. Cuando la víctima exhaló su último estertor, los verdugos agitaron las banderas del IS y canciones de victoria atronaron en los transistores de sus vehículos.

"Hasta ahora las ejecuciones se efectuaban en secreto pero las cosas están cambiando. Lo hacen en público para aterrorizar a la población", apunta un clérigo que prefiere permanecer en el anonimato. Según el Alto Comisionado para los Derechos Humanos de la ONU, al menos 12 líderes religiosos suníes han sido asesinados en Mosul por desafiar el fundamentalismo del IS.

La vida, paralizada

"El 95% de la población de Mosul está harta del IS. Son los habitantes de los pueblos cercanos quienes les siguen respaldando", reconoce a este diario Sayed, empresario de la construcción. A la retahíla de atrocidades se suman el temor a los ataques aéreos estadounidenses que golpean las afueras, las derrotas cosechadas en las últimas semanas por los "muyahidines" y la asfixia económica. "La vida está paralizada. No hay negocio y los salarios no llegan", lamenta el comerciante.

Hace unos días los bancos volvieron a abrir sus puertas pero los primeros clientes en alcanzar las sucursales se toparon con una desagradable sorpresa: un comité formado por militantes del IS escudriña la procedencia de los fondos y comprueba que el propietario de la cuenta no pertenece a una de las minorías perseguidas o coopera con el gobierno de Bagdad. Una vez obtenido el plácet, el beneficiario solo puede extraer el 10% del saldo y debe pagar un impuesto para financiar la "yihad" (guerra santa).

La creciente hostilidad hacia al IS ha hecho circular por la ciudad el rumor de que se está fraguando una revuelta para las cadenas. "Ha llegado el momento de liberar Mosul", proclamó recientemente Ghanem al Abed, portavoz de uno de los grupos insurgentes suníes que colaboraron inicialmente con el IS para capturar la ciudad. Unos 10.000 hombres -detalló- están siendo entrenados para tal fin. Atormentado por tres meses bajo su yugo, Sayed desconfía: "No sé nada de esa rebelión. Solo espero la recompensa de Alá".

El Mundo (España)

 



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