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04/01/2014 | La herida que sangra

Rosa Meneses

El caos político y la inseguridad creciente se ceban con el Lïbano

 

Decir que el Líbano está al borde del abismo no es ninguna novedad. Pero el atentado de ayer en pleno corazón del bastión de Hizbulá lo constata nuevamente. El descenso a los infiernos se va poco a poco consumando a medida que se ahonda el conflicto en Siria, pero esta espiral de acción-reacción se viene reproduciendo desde el pasado mes de julio como un guión ya escrito.

Los coches bomba volvieron a Beirut y a otras ciudades libanesas, haciendo al país retroceder una década, cuando la muerte del ex primer ministro Rafic Hariri desató la 'Revolución de los Cedros' que consiguió expulsar del país al ejército y los servicios de Inteligencia de Siria, poder en la sombra desde hacía 30 años. Acabaron décadas de dominio directo sirio y el Líbano se polarizó abiertamente entre prosirios (la coalición 8 de Marzo) y antisirios (la alianza 14 de Marzo). Pero esa herida nunca cerrada sangró de nuevo al desatarse la guerra en Siria.

El Líbano aún no es un país sumido en la guerra, pero el vacío político en el que lleva inmerso desde marzo de 2013 puede conducirle a una situación irremediable si la guerra de palabras en la que están inmersas las facciones políticas pasa a la fase de las armas, más allá de los coches bomba. El Parlamento y el Gobierno están paralizados desde entonces por la incapacidad de llegar a un acuerdo para formar un Ejecutivo que integre tanto a prosirios (con el grupo chií Hizbulá al frente) como a antisirios (con el Movimiento Futuro, de corte suní, como líder).

En medio del caos político y la inseguridad creciente, la única institución que parece funcionar es el ejército. Superando su propia historia -cuando durante la guerra civil (1975-1990) quedó fragmentado e inutilizado-, el ejército libanés no se ha hundido en las disputas sectarias de las que bebe la política y se ha erigido como contrabalance de la poderosa Hizbulá -la única facción de la guerra civil que no se ha desarmado-. En este contexto se ha producido el anuncio de Arabia Saudí de una ayuda de 3.000 millones de dólares para reforzar sus capacidades.

Y es que las fuerzas armadas libanesas están tomando un destacado papel en los últimos meses para impedir que la guerra siria acabe colonizando este pequeño país. Tras su despliegue en Trípoli, han logrado restaurar cierta calma. También actúan para disuadir a las fuerzas sirias. A principios de esta semana, sus baterías antiaéreas dispararon contra helicópteros sirios que bombardeaban la Beqaa, en su primera intervención contra las fuerzas de Damasco. Pero el ejército por sí solo, sin un ejecutivo, será incapaz de prevenir un desastre mayor.

El País (Es) (España)

 



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