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09/04/2018 | Hungria- El silencio cómplice de Europa

Pablo Rodriguez Suanzes

Hizo falta un extraño golpe de Estado y una reacción salvaje al mismo tiempo para que la UE reaccionara ante Turquía. Hizo falta que el Gobierno de Varsovia hiciera todo lo que estuvo en su mano para cargarse la independencia del poder judicial para que la UE reaccionara.

 

Pero aunque Viktor Orban ha normalizado un discurso anti-inmigración y anti musulmán, ha guiado una cruzada contra medios, ONG y universidades y desafiado de todas las formas imaginables a sus socios, la UE, aún, no ha reaccionado.

Las elecciones del domingo han sido, al margen de su resultado, una derrota por incomparecencia para la Unión, sus valores y los que deben representarlos y defenderlos. A diferencia de otros casos, el silencio institucional y del resto de Estados Miembros es clamoroso mientras el tejido democrático se deteriora día a día. Es más, cuando se alza la voz es más bien para defender a Orban, como ha hecho el Partido Popular Europeo estos días de cara a los comicios, por boca de su más que conservador presidente, Joseph Daul.

Hungría, junto a Polonia y el resto de Visegrado, trabaja contra el "federalismo europeo" y a favor de una "Europa de naciones". Ha convertido la inmigración en el eje de su campaña, de su discurso nacional y de sus invectivas contra Bruselas, arremetiendo de "lunes a viernes contra la UE y cobrando sus cheques el fin de semana, en palabras de Michael Ignatieff, rector de la Central European University, creada por George Soros, enemigo número uno del primer ministro.

La CSU bávara del ahora ministro Horst Seehofer y de Manfred Weber, líder del Partido Popular en la Eurocámara, le ha dado cobertura, respaldo y plataforma para difundir su mensaje en el continente. Daul le ha deseado suerte, confiando en que "continúe llevando estabilidad y prosperidad a los húngaros". Una mayoría en Bruselas cree que Budapest habría acabado igual que Varsovia, con la invocación del Artículo 7 de los Tratados por poner en riesgo el Estado de Derecho, de no formar parte de esa familia política, lo que le ocurrió a Ley y Justicia.

En el grupo 'popular' la visión es algo más cínica, asegurando que es la familia política la que de hecho está permitiendo controlar los impulsos de Orban y que es más prudente y efectivo para la Unión seguir esta vía que decantarse por el aislamiento y el choque.

Desde 2004 Hungría ha recibido más de 35.000 millones de euros comunitarios, en cantidades que algunos ejercicios superan el 5% del PIB. Y por ahí es donde se está articulando la respuesta, siguiendo la pretensión francesa y alemana de condicionar fondos estructurales o de cohesión al cumplimiento de ciertas obligaciones. Aunque todavía abierta y sin definir, las instituciones creen que es la vía más rápida y efectiva. Orban y su 'Fidesz' son altamente sensibles al dinero que llega pero completamente sordos a reflexiones ideológicas, protagonistas como han sido de un giro brutal desde las ideas liberales que encarnaban en 1989. "La UE no alberga una democracia iliberal, sino una cleptocracia semiautócratíca en la que la lealtad ofrece el camino más rápido hacia la riqueza", resume con dureza 'The Economist' esta semana.

Orban entiende la política y sabe que su momento es propicio. Merkel, tras varios golpes, arranca su última legislatura tocada y en medio de un giro a la derecha para intentar frenar el ascenso de la AfD. Jaroslaw Kaczynski, en Varsovia, está en su onda. El Gobierno eslovaco acaba de sufrir un duro golpe. Y en República Checa, Andrej Babis, se enfrenta a acusaciones de fraude precisamente con dinero europeo y el presidente, Milos Zeman, está en su salsa con un discurso populista y nacionalista. Según Josep Janing, del European Council of Foreign Relations, Orban en solitario tiene poco que hacer, pero si consolida un frente y logra atraer a más, como Austria o Rumanía, puede poner en serios apuros al Consejo Europeo.

Salvo el Artículo 7, hay pocos instrumentos comunitarios a disposición. Ya hay varios casos y pronunciamientos del Tribunal Europeo de Justicia, incluyendo la negativa a acoger refugiados. Denuncias de la OLAF, la oficina antifraude europea y del Parlamento Europeo sobre millones de euros mal usados. Pero queda poco recorrido. El futuro tiene que ser político y los políticos no están incómodos, o no lo suficiente. Dice el refrán que hay que tener cerca a los amigos y aún más a los enemigos, pero a pesar del daño a la credibilidad, a la imagen y la erosión de las instituciones y la sociedad civil, cuando se miran las reacciones de los líderes, las bromas del 'gran duque' Juncker a su amigo el 'dictador', el cortejo de la derecha alemana, el silencio de la gran mayoría, no es fácil establecer en qué categoría cae el político más influyente en Budapest desde la caída del Muro.

El Mundo (España)

 



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