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30/08/2010 | Colombia- Santos y el cuarteto infernal

América Economía Staff

El nuevo presidente colombiano debe enfrentar la mutación de la cadena delictual que une a paramilitares, guerrilleros, gobiernos municipales y narcos.

 

Se dice que su afición es jugar póker. Y que le va muy bien. “Es un excelente pokarista, como la mayoría en su familia, y se la juega el todo por el todo con tal de lucir”, comenta en voz baja alguien en Bogotá. Si el estilo es el hombre mismo, la manera de jugar a las cartas de Juan Manuel Santos puede decir mucho de cómo será su primera presidencia. ¿Primera presidencia? Sí: no hay jugador apasionado por el póker que no quiera una vuelta más.

De hecho, Santos inicia el juego con una muy buena mano. La alianza que lo llevó al poder controla el 83% del Congreso (logró integrar al partido Liberal al bloque oficialista); triunfó al ser identificado como el heredero de Uribe en la Política de Seguridad Democrática; posee un bien equipado ejército de 447.000 hombres, casi similar al de Brasil; y recibe al país con un TLC con Canadá y la promesa del presidente Obama de someter un tratado similar nuevamente al Congreso.

A nivel vecinal también la suerte parece sonreírle. Mientras el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, investiga si Bolívar fue asesinado y tiene roces con Holanda, lo cual no ayuda a consolidar su imagen ni siquiera en quienes le tienen alguna simpatía, Ecuador desea recuperar las buenas relaciones y Brasil se ensimisma en su propio proceso electoral.

Pero el juego no está tan abierto como podría parecer. La Política de Seguridad Democrática (PSD) encuentra sus límites al no controlar la emergencia de los nuevos paramilitares (neo-paras) que se dedican al delito urbano y rural en gran escala y en la lucha más desesperada de las FARC; la unidad en el Congreso se ve amenazada por una lucha inminente entre algunas elites regionales y la central; en el Ejército hay resentimiento por la “limpieza” que hizo Santos antes de renunciar y por el escándalo de los falsos positivos. Y la economía parece lejos de una explosión creadora alejada de los commodities.

Sea Santos el jugador ambicioso que ha servido a varios presidentes y partidos sólo para llegar a la presidencia y entrar en la Historia, o sea el servidor público brillante y empeñoso capaz de tomar medidas audaces que cambian todo (y podría ser ambas cosas a la vez), no hay posibilidad alguna de que la suya sea una presidencia opaca y administrativa. Es más, podría ser una mano que tuerza el juego y que logre pacificar efectivamente a todo el país y establecer el estado de derecho en las provincias en que reinan todo tipo de señores feudales de la guerrilla, narcos, ganaderos y hasta petroleros.

Y es que si se trata de asuntos públicos, pocas personas como él han estado al tanto de ellos por tanto tiempo. Desde dentro. “Fue un niño juicioso, metido a grande, amigo de los adultos y de los poderosos desde pequeño”, dice la colombiana Juanita León García, creadora del portal lasillavacia.com y prominente periodista política, sobre el origen de su interés por la política. Eran días en que el ahora presidente andaba de pequeño con un perro, para evitar los golpes de su hermano mayor (es el tercero de cuatro hermanos hombres) y quizá eso haya sido un incentivo inicial para encontrarle el gusto a quedarse metido entre las piernas de los mayores y las visitas adultas. En la casa de la familia Santos, propietaria del diario El Tiempo de Bogotá hasta 2007, éstas no faltaban. Era común ver al ahora presidente interesado en la escucha de lo que decían poderosos como Arturo Gómez Jaramillo, presidente de la Federación de Cafeteros; Alfonso Palacio Rudas –“El Cófrade”– senador, gobernador del Tolima y ministro de Hacienda; y el ex presidente Alfonso López Michelsen.

Ayudaba a ello que su familia era y es una de las pertenecientes al “patriciado” de Colombia. Su tío abuelo Eduardo Santos Montejo fue presidente (1938-42) y su primo Francisco Santos Calderón actuó de vicepresidente de los dos períodos de Uribe.

No extraña que, décadas más tarde, haya ejercido como ministro en tres carteras diferentes: Comercio Exterior, Economía y Defensa. “Es impresionante su capacidad de cubrir tantos temas sustantivos y de estar muy bien informado acerca de todo”, dice Peter Hakim, presidente emérito de Inter-American Dialogue. En particular porque “él fue capaz de llevar tres ministerios clave, y fue, creo, el éxito en cada uno de ellos”. Agregando que “es extraordinariamente persistente; sigue sus ideas de una forma dura y consistente”.

“Es un gran operador político: tiene gran habilidad para buscar consensos”, agrega Mauricio Cárdenas, director de la Latin American Initiative del centro de estudios Brookings Institution, en Washington. ¿Para qué las debería usar? “Hay una diferencia muy grande entre Uribe y él. Uribe no fue un presidente particularmente interesado en la agenda de reformas de largo plazo, su foco estaba en los resultados de corto plazo”, dice Cárdenas. Por su parte “Santos ya tiene las instituciones de su lado y las puede utilizar para reformas: salud, uso de regalías de recursos naturales y otros”.

La unidad del Congreso, no obstante, puede erosionarse con “dos o tres leyes que pueden causar fricción entre el Ejecutivo y el Legislativo”, dice Ariel Ávila, cientista político de la Corporación Nuevo Arco Iris. Una de ellas es la ley de regalías petroleras. “Santos quiere quitar esto a las elites regionales”. Si bien Uribe quiere un proyecto que busca que esas regalías (unos US$ 2.000 millones, un 0,7% del PIB) se usen en un fondo de estabilización propiedad de las regiones petroleras, hay indicios de que Santos desea que las regiones las cedan al gobierno nacional para pagos anticipados de la deuda pública. Lo anterior supone una reforma de la Constitución, de una ley, y de quitarles esos recursos a 90 municipios. El conflicto está servido. En teoría, los municipios usan esos excedentes en programas de salud, educación y producción. La realidad es que la corrupción se traga cerca del 60% de esos recursos. Corrupción que fortalece a los líderes municipales.

PSD 2.0. Otro ámbito en el cual enfrentará el dilema de los cambios es en el de la PDS. Ariel Ávila, quien también es coordinador del Observatorio del Conflicto Armado de Nuevo Arco Iris, estima que Santos tiene que responder a la pregunta de si “¿la política de seguridad democrática va a ser lo central o se va a abrir al diálogo, sabiendo que todo presidente que negocia con la guerrilla se ve como una debilidad?”. No se trata de una interrogante retórica. El punto es que la política de seguridad democrática ha encontrado su techo: las acciones de las FARC crecieron un 25% en 2009 respecto de 2008 y un 14% en lo que va de este año respecto de 2009 (cuando más de 2.500 militares quedaron fuera de combate). “La gente ve mejoras porque se ha controlado el centro del país, pero la intensidad del conflicto no ha disminuido en las zonas marginales”, dice Ávila. A lo cual se suma, tras perder parte del mercado de EE.UU. a manos de los mexicanos, que los carteles han abierto el mercado interno para financiarse, lo que va acompañado de más violencia.

En la zona de la costa atlántica, donde ya no hay guerrilla, los niveles de desplazamiento de población se siguen incrementando. “Allí los neo-paras son ejércitos privados de seguridad y se venden al mejor postor: puede ser una petrolera o una empresa ganadera, hacen lo que les dicen”, dice Ávila. A las FF.AA. locales no les preocupa mucho. “Un 40 a 45% de estos grupos están asociados a aparatos militares estatales, que son muy vulnerables a la corrupción”, dice el analista. “Simplemente reciben pagos en una doble nómina”. Desde Washington, Hakim dice que “los grupos de derechos humanos –que han sido críticos de la desmovilización de los paramilitares– observan la evolución de los grupos neoparas con especial atención. Pero las FARC no se pueden ignorar tampoco”.

Y es cierto. Así como se calcula que hay 25 grupos neoparamilitares en todo el país, los que sumarían al menos 9.000 personas, “la intensidad del conflicto con las FARC no ha disminuido”, dice Ávila.

La suma de ambos profundiza un tercer problema: la droga y la delincuencia. Según el analista, cerca de 40% de los neoparamilitares están dedicados al narcotráfico y con la guerrilla que cultiva o usufructúa del negocio de la droga, los delitos urbanos asociados con venta y distribución suben. “En Medellín la tasa anual de homicidios bajó a 700 en su punto más bajo. Ahora subió a 2.000”, dice Ávila. Como dato, en Bogotá, el primer semestre recién pasado, los asesinatos alcanzaron a 798: un 4,5% más que el año anterior.

Especialistas en economía de la droga señalan que la política de Santos debería evolucionar hacia una política contra el crimen organizado dentro del cual las drogas serían sólo una parte. “Si la política se definiera como una contra el crimen organizado, la importancia de las fumigaciones y los ataques a los eslabones más débiles de la cadena traficante disminuiría: se tendría que atacar a los centros del crimen organizado”, dice el economista colombiano Francisco E. Thoumi. “Esto implicaría también atacar en serio la corrupción”.

Juego entre vecinos. Santos tiene a su favor el que es un hombre tan seguro de sí mismo que “se rodea de personas muy buenas, hasta mejores que él sin verlas como una amenaza”, dice Juanita León. Y les hace caso. “Es una persona que oye bastante y no se guía por pasión. Sus reacciones son siempre muy analíticas”, dice Cárdenas. En contra está que tal autoconfianza lo lleva a no tener problema “en tomar atajos o violar ciertos códigos”, explica León. Desde la violación territorial de Ecuador en el ataque a las FARC en 2008 hasta su negociación secreta con ellas, en 1997, hay señales de que su pragmatismo para forjar acuerdos es el mismo que le permite reinterpretarlos o descartarlos.

El efecto de lo anterior puede ser auspicioso o muy peligroso en la relación con Venezuela. Santos “es predecible, pero es audaz: puede llevar a cabo cambios sorpresivos, pero no serán medidas erráticas”, dice Cárdenas. Y, según cuenta Juanita León, “conoce bien a los gringos, a la Iglesia y al Ejército”. No obstante, su exagerada autoconfianza y su historia personal previa de jugarse el todo por el todo a una carta (tal como lo revelan las decenas de anécdotas famosas de él en el juego de póker) tienen el potencial para crear un conflicto desastroso con Hugo Chávez, quien es su antítesis en lo micro, pero también es un jugador estratégico de fuste dado a doblar apuestas (de hecho, al cierre de esta edición, Chávez había anunciado que rompía relaciones con Colombia).Y desea, como Santos, quedar en la historia como un gran personaje. Como escribió Marta Ruiz en un perfil publicado en revista Semana de Colombia, “lo que define a Juan Manuel Santos es el vértigo y la tensión de apostar, más que las ganancias que obtiene”. Hasta ahora.

América Economía (Chile)

 


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