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27/03/2017 | Venezuela no aguanta más

América Economía Staff

Santiago de León de Caracas, o Caracas, como usted seguramente conoce a la capital de Venezuela, es la tercera ciudad con la peor calidad de vida de América Latina. De acuerdo al reciente informe Mercer de 2016, solo la superan La Habana y Puerto Príncipe en un ránking que mide a 213 urbes de la región en diez categorías, entre las que se incluyen variables como ambiente político, social y económico, escuelas, servicios públicos, seguridad y recreación.

 

Respecto de la medición del año pasado, la capital venezolana cayó cinco puestos, y diez posiciones si comparamos su actual desempeño con el de 2015.

De acuerdo al informe del portal web Prodavinci "El hambre y los días", el consumo de alimentos en Venezuela ha caído de forma significativa desde el año 2013. La Encuesta de Seguimiento al Consumo de Alimentos (Esca), del gubernamental Instituto Nacional de Estadística (INE), registró que al contrastar el segundo semestre de ese año con el primero de 2014, los hogares redujeron la ingesta de alimentos en 57 de los 62 productos que incluye el informe. Según el mismo INE, entre 2013 y 2015, el número de personas que comía más de tres veces al día disminuyó de 14.358.559 a 11.994.521, y la cifra del consumo inferior a tres comidas al día aumentó de 1.115.228 a 1.704.519.

Venezuela está viviendo el colapso económico más profundo que haya vivido un país latinoamericano en la historia. Todos los venezolanos que han podido emigrar lo han hecho, y el país se ha quedado sin técnicos ni profesionales. El aparato productivo del país fue desmantelado por Hugo Chávez, quien decidió concentrarse en producir y exportar petróleo e importar todo lo demás. La infraestructura se ha deteriorado al punto que se han institucionalizado el racionamiento de energía eléctrica, la escasez de agua, las calles y los caminos sin mantención. Oficinas y escuelas abren dos o tres días a la semana. La vida cotidiana en cualquier ciudad venezolana es una pesadilla que consiste en conseguir algo que echar a la boca, evitar ser asaltado, aprender a vivir sin luz y a veces sin agua; usar remedios caseros porque no hay medicamentos. La inflación llega a los tres dígitos; el año pasado hubo dólares para importar 70% menos de lo que se importaba en 2012. Aumentó la mortalidad materna e infantil.

La estaditicas mecionadas mas arriba han tornado la vida cotidiana de los venezolanos en un verdero martirio, razon por la cual casi el 70% de los venezolanos reprueba la gestión de Nicolás Maduro, y 45% la califica de pésima, de acuerdo a la encuesta nacional de febrero 2016 de la firma Venebarómetro, pubicada por el medio El Estímulo. Incluso la mayoría de los chavistas (54%) se muestra pesimista sobre el futuro de Venezuela, apunta el informe. El sondeo también muestra que "ocho de cada diez pobres, que representan el piso social del discurso oficialista, son los que tienen esta visión negativa: el 83,7% entre los pertenecientes a la clase “C”; el 80,2% de la clase “D”. La visión negativa entre los sectores "A/B" asciende a 90,3%". El oriente venezolano, la rica región petrolera azotada por la pobreza y dominada por años por el chavismo, es la zona del pais donde más prevalece la visión negativa (90,4%). Le sigue la región central (86,2%); occidente (80,7%); llanos (75%) y andes (73,1%).

Pero todas estas razones parecieran no ser suficientes para que el gobierno de Nicolás Maduro demuestre siquiera un asomo de autocrítica. Qué duda cabe: Maduro debería hacer las maletas y terminar anticipadamente con el convulsionado periodo de su autodenominada "presidencia obrera". Y no solo por tener al país hambreado, sino especialmente porque ha pisoteado las libertades democráticas.

La organización Foro Penal (constituida por 200 abogados en todo el país y un grupo de más de 1.700 activistas de Derechos Humanos), que realiza un seguimiento a las detenciones por motivación política en Venezuela, advierte que el número de encarcelados se ha disparado durante el gobierno de Nicolás Maduro. Mientras Hugo Chávez dejó al país con “solo” 113 presos políticos, Nicolás Maduro mantiene encarcelados a 310, los que se dividen en tres categorías: "encarcelados para sacarlos del juego político", como Leopoldo López y Antonio Ledezma; "los que forman parte de un grupo social", como estudiantes que realizan activismo político, y "los que sirven de propaganda", para justificar una medida. Foro Panel agrega que, entre enero de 2014 y febrero de 2017, se han producido 6.833 arrestos políticos en todo el país.

Nicolás Maduro fue elegido con los votos de los venezolanos y eso debería asegurarle la presidencia hasta las próximas elecciones presidenciales. Pero en octubre de 2016, fue el propio gobierno quien violó el derecho a voto, al suspender las elecciones de gobernadores y alcaldes. Y esas elecciones se suspendieron simplemente porque el gobierno iba a perder. Un régimen que sólo permite las elecciones que va a ganar y prohíbe aquellas que va a perder no tiene derecho a llamarse democrático. Al suspender las elecciones de gobernadores, actuó como lo que es: un dictador.

Maduro tuvo aires de dictador desde que llegó a la presidencia hace casi exactamente cuatro años, ungido por Hugo Chávez. Su primera movida para desmantelar la democracia fue tomar control del poder judicial, lo que Chávez ya había comenzado, nombrando jueces incondicionales. Eso le fue muy útil cuando la oposición ganó las elecciones a la Asamblea Nacional, el poder legislativo de Venezuela, dejando a Maduro en minoría. Cuando la Asamblea empezó a lanza iniciativas en defensa de la democracia y a torpedear los proyectos del gobierno, Maduro simplemente recurrió a los tribunales, que siempre han fallado a su favor. Ejemplos de ello: se hizo aprobar por el poder judicial el presupuesto nacional de 2017, rechazado por la Asamblea; se ratificó en tribunales (y no en la Asamblea Nacional como dicta la ley) el nuevo presidente del Banco Central; tras suspender la elección de gobernadores, Maduro eligió a un gobernador con ratificación del poder judicial.

Si habla como dictador y actúa como dictador, es un dictador. Los casos recién mencionados se suman a otras acciones de Maduro más conocidas e igualmente antidemocráticas, como el encarcelamiento de opositores y los intentos por cerrar medios de comunicación que lo critican.

Así, el régimen de Maduro ha ido derivando en una dictadura constitucional. Para algunos, sería en realidad una narcodictadura. Prueba de ello serían la detención en Estados Unidos de Efraín Campo y Francisco Flores, sobrinos de Nicolás Maduro, indicados por la DEA como nexos del narcotráfico venezolano, liderado por el llamado "Cartel de los Soles", a cargo de altos oficiales de las Fuerzas Armadas. Y ahora el gobierno estadounidense ha acusado como jerarca del narcotráfico al segundo hombre del gobierno de Venezuela, el vicepresidente Tareck El-Aissami, congelando sus platas en Estados Unidos. Esto es parte de una política cada vez más clara del gobierno de Trump de enfrentar al régimen de Maduro y apoyar a la oposición a éste.

El secretario general de la OEA, Luis  Almagro, está proponiendo suspender a Venezuela de la OEA mientras no haya una verdadera democracia en el país. Almagro encabeza también una iniciativa para adelantar a 2017 las elecciones presidenciales programadas para 2018.

En AméricaEconomía coincidimos básicamente con Almagro. A la luz de los sostenidos comportamientos antidemocráticos de Maduro y la aguda crisis que vive el país, creemos que Venezuela ya no aguanta más. Los gobiernos latinoamericanos deberían denunciar al régimen de Maduro, apoyar a la oposición democrática y exigir, junto a la OEA, la salida inmediata de Maduro, su renuncia a la presidencia, y la convocatoria en el más breve plazo de elecciones libres a la presidencia.

América Economía (Chile)

 



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